La memoria es un
imperativo para cualquier colectivo.
La memoria no sólo
permite recordar, sino que nos permite encontrar un camino hacia delante, ya
que tenemos claro de donde provenimos, qué hubo detrás nuestro.
Conmemorar La Noche de
los Cristales no es un mero ejercicio de memoria, sino que constituye una
obligación ética y moral, que nos debemos todos frente a lo que fue el preludio
del aniquilamiento, el preludio que no se quiso ver ni escuchar y nos llevó a
la calamidad de la Shoá.
El historiador Saúl
Friedlander escribe:
Lo que hace de la
solución final un acontecimiento límite, es haber sido «la forma más
radical de genocidio que encontramos en la historia: el intento voluntario,
sistemático, industrialmente organizado y ampliamente exitoso de exterminar por
completo un grupo humano en el marco de la sociedad occidental del siglo
XX».
Esa es la definición de
la singularidad de la Shoá.
Sigue diciendo
Friedlander:
Los exterminios de los
nazis –y hablo en plural porque debemos recordar que, incluso antes que a los
judíos, asesinaron a los discapacitados mentales, a los gitanos y a tres
millones de presos soviéticos a quienes se dejó morir de hambre, para no hablar
de las poblaciones eslavas, muestran que la locura homicida de este régimen fue
algo fuera de lo común en su aspecto masivo.
¿Por qué debemos
recordarlo?
Por dos motivos.
Primero, para tener
presente que en el contexto de determinado régimen o ideología política, los
seres humanos pueden cometer los actos más inimaginables de asesinato y
destrucción masivos.
La reflexión que debemos
hacernos es: ¿qué tipo de situación política y de condicionamiento psicológico,
es decir propaganda, se necesitan para llevar a los seres humanos a tales
extremos?
El segundo motivo, es lo
tremendamente desconcertante de la combinación entre un nivel cultural muy alto
y el potencial para el comportamiento más bárbaro de toda la historia moderna.
Pues bien, siguiendo el
razonamiento de Friedlandler, ¿qué tipo de situación política y de
condicionamiento psicológico tenemos 70 años después de la Shoá para que hoy
debamos enfrentar a los demonios del antisemitismo desatados en nuestro
planeta?
Europa vive en
democracia, pero el antisemitismo en Noruega, Suecia, Dinamarca, Francia,
Bélgica, España, Hungría, Polonia, Alemania por citar algunos países, devora
los análisis políticos y nos instala en una realidad perversa.
Nos quieren hacer creer
que las políticas de un gobierno de Israel elegido democráticamente, pero que
no son aceptadas por determinados sectores políticos, son la causa del
renacimiento de las agresiones contra las minorías judías.
Falso. la retórica es
igual a la de la década de los 30. La diferencia en la mayoría de Europa no es
menor: hoy, el Estado combate el antisemitismo.
Sin embargo, las
sinagogas, las escuelas judías, los comercios, son vandalizados.
Durante la guerra de
Israel contra el movimiento terrorista Hamas, París revivió su propia Noche de
los Cristales cuando se atacaron las casas judías y se agredió a niños, adolescentes,
mujeres, ancianos.
La demonización de Israel
culpándolo de todos los males del Medio Oriente no es una crítica racional
contra la política de un gobierno, es una agresión contra el Estado judío, es
una incitación al antisemitismo que se esconde detrás de ese escudo para
retornar con su odio de siempre.
El Papa Francisco dijo
hace menos de un año:
Lo he dicho algunas veces
y me agrada repetirlo ahora.
Es una contradicción que
un cristiano sea antisemita: sus raíces son hebreas. ¡Un cristiano no puede ser
antisemita! ¡Que el antisemitismo sea desterrado del corazón y de la vida de
todo hombre y de toda mujer!”
¿Lo escucharon al Papa en
el mundo?
En Europa los demócratas,
pero los demonios del antisemitismo están sueltos.
En América Latina, ni
siquiera todos los gobiernos lo han comprendido ni lo han tenido en cuenta.
Durante la guerra entre
Israel y Hamas, nuestras sociedades se han visto envueltas en una ola de encono
y odio que hasta ahora no habíamos conocido.
No al menos en la mayoría
de nuestros países.
No se trata de pintadas y
profanaciones, ya de por sí muy graves, se trata de la violencia física y
verbal en las universidades, en los lugares de trabajo, en los colegios, desde
medios de difusión, en las redes sociales.
Hemos levantado la voz, y
la volvemos a levantar hoy, porque nos hemos sentido agredidos: como uruguayos,
como judíos, como demócratas, como defensores de la libertad y los derechos
humanos,
Se ha insultado a quienes
sobrevivieron nada más ni nada menos que la Shoá.
Miramos en este salón a
quienes han encendido las velas de nuestro candelabro recordando su horrenda
peripecia y nos preguntamos cómo pueden sentirse cuando se banaliza la palabra
genocidio, y ellos tienen grabado en sus brazos y en su memoria lo que sí es un
genocidio.
No hay modo de imponer la
memoria en las sociedades abiertas.
Sin embargo, la memoria del Holocausto sigue viva en el
tiempo.
Dice Friedlander que uno
creería que, conforme pasa el tiempo, el recuerdo podría desvanecerse. Pero no
es así. Quizá porque se trata de un problema no resuelto para la conciencia o
el intelecto de muchos
¿Por qué fueron
exterminados los judíos?
Como no hay una respuesta
clara, la gente vuelve una y otra vez a esta pregunta: ¿cómo pudieron los seres
humanos llegar a tales extremos? o ¿cómo pudo una civilización con un altísimo
nivel cultural convivir con la peor criminalidad?
Ninguna de estas
preguntas tiene una respuesta clara y, por eso, la memoria permanece activa por
sí misma.
Nadie la puede controlar.
Se pueden construir museos o escribir libros, pero se necesita que la gente
vaya a esos museos o lea esos libros”.
El Papa Francisco dijo
hace unos meses que:
«hacer memoria de un
evento no significa simplemente tener un recuerdo; significa también y sobre
todo esforzarnos para comprender cuál es el mensaje que esto representa para
nuestro hoy, de modo que la memoria del pasado pueda enseñar al presente y
llegar a ser luz que ilumina el camino del futuro».
No hay luz cuando prima
el odio; no hay luz cuando se masacran, vejan, arrasan comunidades cristianas
en Siria e Irak; no hay luz cuando se quiere defender al odio como
revolucionario. Lo único revolucionario
es la paz.
En tanto B´nai B´rith,
bregamos por iluminar el camino y enfrentar la oscuridad.
Por ello, encendemos
nuestro candelabro empezando por la luz con el anhelo permanente desde que
nacimos hace 171 años de que nos ilumine a todos, sin excepción.
Respetemos las lecciones de la historia; utilicemos la
memoria como exigencia suprema; defendamos la libertad: estos son los
postulados centrales de B´nai B´rith para convocarlos año tras año y hacer de
esa memoria un ejercicio cívico que ampare los derechos de todos los que
creemos en la paz y el diálogo como instrumentos de convivencia entre los seres
humanos.
Muchas gracias.