76 Aniversario de la Kristallnacht

10/Nov/2014

Enlace Judío, Mario Noya (Libertad Digital)

76 Aniversario de la Kristallnacht

18 de octubre de 1938:
Adolf Hitler dicta la expulsión de Alemania de más de 12.000 judíos oriundos de
Polonia. “Se les ordenó abandonar sus hogares en una sola noche, y sólo se les
permitió llevarse consigo una maleta por persona”. A la mayoría, 8.000, les
denegaron la entrada en Polonia. El matrimonio Grynzpan, más de 27 años en
Hannover, formaba parte de esa mayoría desvalijada y abandonada a una suerte
tétrica, al menos 7.000 [se vieron obligados a varar] en los fríos suelos de
piedra de la estación fronteriza polaca de Zbaszyn, y en establos cercanos.
“Nadie nos dijo lo que
ocurría, pero comprendimos que era el fin”, escribió Berta, la hija de los
Grynzpan, a su hermano Herschel, residente en París. “No tenemos ni un céntimo.
¿Podrías enviarnos algo?”.
A Herschel le llegó el
SOS el 3 de noviembre. El 4 leyó un reportaje sobre las deportaciones –con su
corolario de “casos de pérdida de la razón y de suicidios entre los
expulsados”– en un periódico editado en ídish. El 5 era Shabat. El 6 decidió
matar al embajador de la Alemania nazi en Francia.
No dio con él sino con el
tercer secretario, Ernst vom Rath, que le preguntó por ese documento tan
“importante” que decía el portero tenía que entregarle. “Es usted un boche
asqueroso y aquí, en nombre de 12.000 judíos perseguidos, tiene su documento”,
le escupió Herschel.
Fueron tres disparos.
“En Alemania, los
periódicos de la mañana del 8 de noviembre denunciaban cómo asesinó al pueblo
judío”. Ese mismo día fue suspendida la prensa judía. El ministro de
Propaganda, Joseph Goebbels, consignó varias manifestaciones antisemitas
“espontáneas” en distintos puntos del país. Ya en la noche, al menos 70 judíos
presos en Buchenwald serían asesinados.
“El miércoles por la
noche, 9 de noviembre, llegaron a Berlín noticias de que Vom Rath había muerto
a causa de sus heridas”. Goebbels se lo comunica a Hitler y –anotará en su
diario–
Él decide: debe
permitirse que continúen las manifestaciones. Hay que retirar a la policía. Por
una vez, los judíos debían sentir lo que es la ira popular.
Kristallnacht, 9-10 nov
1938. Noche de los cristales rotos y los judíos martirizados: al menos 91
muertos, más de 30.000 (la cuarta parte de los judíos varones que quedaban en
Alemania por aquel entonces) detenidos y enviados a campos de concentración,
donde más de 1.000 acabarían muriendo (“Jamás, jamás, me preguntéis lo que he
visto”: Henny Prilutzky, superviviente, a su familia). Miles de sinagogas y
comercios judíos arrasados.
“Fue un punto de
inflexión dramático”.
–10 de noviembre: se
prohíbe a los judíos tener armas.
–11 de noviembre: Joseph
Goebbels: “El pueblo alemán es antisemita”. (Y escrupuloso: “Allá donde el
fuego hubiera podido poner en peligro edificios no judíos adyacentes, los
amotinados [sic] destruyeron las sinagogas con mazas y hachas”. “En
Ober-Ramstadt, mientras ardía la sinagoga, se tomó una fotografía de cómo los
bomberos ponían a salvo una casa cercana”).
–12 de noviembre: reunión
de los ministros de Interior, Propaganda, Finanzas y Economía para abordar la
cuestión judía. “Goering [el de Economía] formuló una propuesta que había de
tener consecuencias desastrosas para los judíos de Alemania. Les dijo a sus
colegas: ‘Los judíos alemanes, en su conjunto, como castigo por sus abominables
crímenes, etc., etc., tendrán que pagar una contribución de mil millones [de
marcos; unos 5.300 millones de dólares al cambio de 2006]. Con eso bastará.
Esos cerdos se lo pensarán antes de cometer otro asesinato’. Goering añadió:
‘En general, he de decirlo de nuevo, no me gustaría ser un judío en Alemania’”.
A ningún judío se le
permitiría abandonar el país hasta que la multa de mil millones de marcos
impuesta a la comunidad judía hubiera sido satisfecha, o hasta que a la familia
que pretendía emigrar no le quedaran ni activos financieros ni obligaciones
pendientes. Todos los pasaportes habían de ser entregados. Sólo serían
devueltos cuando él o la titular del pasaporte entregara un certificado oficial
que demostrara que había entregado al gobierno todos sus activos financieros.
–12 de noviembre: a
partir del 1 de enero de 1939 un judío no podría ser dueño ni gerente, ni
directivo de un negocio. Todos los comercios judíos “irán pasando gradualmente
a manos arias”, anuncia Goebbels.
–14 de noviembre: se
prohíbe a los judíos matricularse en las universidades del Reich o asistir a
sus clases.
–15 de noviembre: se
ordena la expulsión de los escolares judíos de los colegios.
–23 de noviembre. Los
nazis gritan: “Acabemos con los judíos”.
Nota del corresponsal del News Chronicle
británico en Berlín:
Hasta qué extremos puede
llegar esta campaña, queda claro en un artículo aparecido ayer en el Schwarze
Korps, órgano de la unidad negra nazi [las SS], que pronostica el exterminio
físico de los judíos. Han de ser empujados a calles especiales, marcados con un
emblema especial y privados del derecho a poseer tierras o una casa,
manifiesta. Seguidamente, al quedar excluidos de toda ocupación rentable, no
tardarán en convertirse en criminales, como mandan sus instintos hereditarios.
Una vez alcanzada esta
fase, concluía el Schwarze Korps, “nos enfrentaríamos a la dura necesidad de
exterminar al inframundo judío usando los métodos que siempre usamos para hacer
frente a los criminales, a saber, el fuego y la espada. El resultado sería el
final definitivo de los judíos en Alemania, su destrucción final”.
En la Kristallnacht,
Henry Stern era un colegial de catorce años en Sttutgart. La mañana del 10 de
noviembre, recordaría después, “iba de camino al colegio cuando vi las llamas y
el humo que surgían de la sinagoga grande (…) El camión de los bomberos estaba
allí, pero sin hacer nada. Había una enorme multitud mirando, y recuerdo con
toda claridad que reinaba un silencio absoluto. (No se trataba de una multitud
jubilosa, como en general se publicó en la prensa alemana) [Acotación del propio
Stern]. Yo, por supuesto, me quedé conmocionado y corrí de vuelta a casa,
llorando”. Más tarde escuchó decir a los alemanes [sic] con voz queda: “Esto no
terminará bien, nada puede terminar bien cuando se queman las Gottenhäuser (las
casas de Dios)”.
Nota: todos los
entrecomillados y pasajes sangrados proceden de Martin Gilbert, La noche de los
cristales rotos, Siglo XXI, Madrid, noviembre de 2008, 1ª ed., traducción
deplorable.