En la fábrica de Óskar Schindler

28/Oct/2014

El País, España, Tereixa Constenla

En la fábrica de Óskar Schindler

Alguien pensó que los
presos querrían escribir a sus familiares y amigos y ordenó preparar postales
acuñadas en Dachaulager, Mathausenlager y Auschwitzlager. O acaso pensó que
enviar aquellas letras ayudaría a dar la imagen de normalidad que durante un
tiempo intentó alimentar el régimen nazi antes de quitarse la máscara por
completo. Algunas se pueden leer en la vieja fábrica de Óskar Schindler, hoy
reconvertida en un espacio de memoria donde se puede ver la exposición
permanente Cracovia bajo la ocupación nazi.
No busquen la película en
ella. Schindler y su esposa, Emilie, cómplice en la peligrosa tarea de salvar
trabajadores judíos, ocupan un espacio mínimo en la muestra, aunque se conservan
el despacho del empresario con el mapa de Europa con los nombres en alemán,
alguna maquinaria y la entrada principal. Bajo el dominio comunista, la fábrica
de la calle Lipowa número 4 se dedicó a otros quehaceres productivos. Su
conversión en un espacio histórico donde revivir los hechos -y también la vida
cotidiana- bajo la ocupación alemana, entre 1939 y 1945, es relativamente
reciente (2010) y deudora del éxito de la película de Steven Spielberg.
Junto a la historia están
los aspectos más corrientes del día a día: la vendedora de cerezas de la Plaza
Rinek (rebautizada como plaza Adolfo Hitler) que sonríe a sus uniformados
clientes germanos, el judío afeitado en la calle por divertidos soldados, la
reproducción de una barbería, los carteles con las normas del nuevo estado, las
ropas, las fotos, los testimonios y el gueto. El exterminio acabó con más de
60.000 judíos de Cracovia, que vivían alrededor del barrio Kazimierz, hoy
convertido en zona de moda donde abundan los cafés, los restaurantes, las
galerías y los lugares de diversión. Y donde hoy se realza la etiqueta
histórica aunque sólo sea ya de cartón-piedra: apenas hay judíos en Cracovia.
La ocupación nazi dio
señales de crueldad desde el principio: en 1939 arrestaron a más de un centenar
de profesores de la Universidad Jagiellonian por desafiar sus normas, que
fueron liberados tras pasar por varios campos. Lo peor, como sabemos ahora,
estaba por venir. Los judíos vieron poco a poco restringidas sus libertades y
sus derechos. En 1941 fueron confinados en un gueto durante dos años. Roman
Polanski, uno de ellos, tenía entonces ocho años. Recuerda los primeros días de
normalidad (la gente seguía casándose y haciendo celebraciones) y el paulatino
régimen de terror y carestía impuesto por los alemanes. De su propia
experiencia se sirvió para rodar la adaptación cinematográfica El pianista,
localizada en el gueto de Varsovia. Los alemanes prepararon un campo poco
conocido, Plaszów, a pocos kilómetros de la fábrica de Schindler. Antes del
final de la guerra decidieron -y en este caso ejecutaron- un proceso
sistemático de barrido de pruebas de sus crímenes.
Los cadáveres enterrados
de presos fueron exhumados y quemados. Se destruyeron todos los barracones. Hoy
queda sólo un edificio donde entonces estaban dependencias administrativas,
habilitado como bloque de viviendas. El área es una zona de esparcimiento de
los habitantes de Cracovia. Los corredores ignoran que pisan un campo de
cenizas humanas.