Hace poco más de una
semana, la televisión norteamericana causó revuelo por los dichos y argumentos
que se dijeron en contra del islam durante un programa emitido por HBO.
Inaugurando el debate, Bill Maher, anfitrión del talk show en cuestión, y uno
de sus invitados, Sam Harris, criticaron a los “liberales” -a quienes en
Argentina conocemos o etiquetamos como “progresistas”- porque, si bien se alzan
contra la ortodoxia y los dogmas de algunos sectores cristianos, aparentemente
callan frente a los abusos e imposiciones provenientes de sus análogos
musulmanes. Los panelistas manifestaron que existe un problema con el islam y
con el establecimiento del discurso políticamente correcto que lo ampara, según
ellos, de toda crítica.
Maher y Harris
argumentaron que en las sociedades occidentales cuestionar al islam puede
merecerle a uno ser rápidamente etiquetado de islamófobo; que existe un cepo
que inhibe a muchos de cuestionar ciertas prácticas provenientes del campo
musulmán por miedo a ser catalogados como racistas o xenófobos. Si bien yo
coincido plenamente con este planteo, en el punto álgido de su presentación los
oradores hicieron declaraciones lamentables. Harris dijo que el islam es “la
veta madre de las malas ideas”, y su anfitrión, Mahler, que “el islam es la
única religión que actúa como una mafia, que te mata si decís la cosa
equivocada, dibujás el dibujo equivocado, o escribís el libro equivocado”.
Para presentar el
argumento contrario, Ben Affleck expuso elocuentemente que los extremistas son
una minoría, y que la mayoría de los musulmanes simplemente quieren llevar a
cabo sus vidas pacíficamente, procurando la misma seguridad, educación y
bienestar que el resto de los mortales. Otros invitados, Nicholas Kristof y
Michael Steele, denunciaron que los medios no hacen lo suficiente para mostrar
a todos aquellos musulmanes que se expresan en público en contra del terrorismo
y las desmesuras del conservadurismo. En suma, habría miles de personas como
Malala Yousafzai que el mundo ignora, y que demuestran la cara benévola y
misericordiosa del islam que los prejuicios tapan maliciosamente.
Ambas posturas tienen
algo de razón. Sin embargo, creo que la del actor de Hollywood en algún punto
representa el pensamiento iluso de muchas personas bien intencionadas, que
desconocen las realidades del mundo islámico. Tal como lo muestran las
encuestas, el rol que cumple la religión en la vida pública de los países
musulmanes es estrepitosamente alto. Por ejemplo, según una encuesta del Pew Researh
Center estadounidense, el 91% de los musulmanes de Medio Oriente y África del
Norte consideran que es indispensable creer en Dios para ser una persona moral.
Según la misma fuente, todos los veintiún países que tienen leyes contra la
apostasía tienen mayoría musulmana. Luego, para el Departamento de Estado
norteamericano, de los diez grupos que perpetraron ataques terroristas en 2013,
siete eran grupos islámicos.
Ricardo H. Elía,
prominente historiador del Centro Islámico de nuestro país, ha dicho recientemente
en un seminario que el problema del terrorismo y del excesivo poder que en
algunos lugares retiene el conservadurismo no se debe al islam per se, sino más
bien a los propios musulmanes, a aquellos quienes distorsionan el espíritu
racionalista y compasivo de la fe.
Bien, no es que Elía esté
equivocado, pero una cosa es analizar a una religión por sus valores
abstractos, y otra cosa muy distinta es hacerlo por sus eventualidades
prácticas, por su desarrollo histórico e influencia real sobre el comportamiento
de los colectivos humanos. El islam no es “la veta madre de las malas ideas”,
pero es menester reconocer que la Islamosfera, es decir el mundo islámico, no
se rige por la misma cosmovisión occidental que rige en las sociedades libres,
especialmente aquellas con una efectiva separación entre Estado y religión.
Distinto a lo que Maher y
Harris, entre tantos otros comentaristas sugieren o disponen, el islam, tomado
de forma aislada, no es una plantilla retrógrada que impide el progresivo
desempeño del intelecto. Pero no por eso está exento de problemas
fundamentales. No me refiero a lo que dicen o dejan de decir los versos
coránicos, pero más bien a su aplicación en el contexto de la jurisprudencia de
las sociedades islamizadas. Muy sintéticamente, el problema con el mundo
islámico es que a partir de los siglos XII y XIII desarrolló una aversión hacia
las innovaciones intelectuales e institucionales, que en contraste, las
sociedades europeas substancialmente comenzaron a superar desde el Renacimiento
en adelante.
Esta tendencia recién
comenzó a cambiar en el siglo XIX, cuando influenciados por los métodos y
progresos occidentales, varios intelectuales árabes propusieron adaptar la
religión islámica para dar respuesta a los desafíos de la Era Moderna.
Desgraciadamente, los resultados de este despertar fueron ambivalentes, en gran
medida debido a los agravios del colonialismo europeo, que suscitaron una
respuesta local conservadora entre los creyentes. Por ello, el otro gran
problema que presenta el islam tiene que ver con la ideologización de la
religión en el siglo XX, es decir, con su politización. Esto es algo que nos
conducirá a la difusión del islamismo, y a la aparición de la ideología
yihadista que presenciamos en la actualidad.
En definitiva, el islam
como religión no es el problema porque depende de quien lo practique. Pero
debemos reconocer que sí existe un problema con el mundo islámico. Una cosa es
el musulmán que se siente identificado con el sistema positivista de gobierno,
con la separación de poderes y con las garantías constitucionales, y otra cosa
muy diferente es el musulmán que reniega de todas estas cosas como innovaciones
foráneas, prejuiciosas y ajenas a la realidad islámica.
Debemos celebrar a
personas como Malala y su merecido Nobel de Paz, pero siempre debemos tener
presente que ella no estaría viva sino fuera porque escapó con su familia a
Inglaterra. En este sentido, es una verdadera tragedia que las voces que llaman
a un islam moderado, tolerante, compatible con la democracia y la diversidad,
hoy casi solamente provengan de países occidentales.
Prejuicios y verdades sobre el islam
15/Oct/2014
Infobae, Federico Gaon