Lic. Rafael Winter (Rufo)Seguramente al publicarse este artículo, ya habrá arribado a nuestro país el primer contingente de refugiados sirios, niños la mayoría de ellos.
Mucho se ha hablado sobre este tema. Quisiera expresar mi opinión.
Para lo cual me retrotraigo un poco al pasado no tan lejano.
En julio del año 1938, cuando la hecatombe se acercaba en Europa, tuvo lugar en Evián (Francia) una reunión de varios países-Conferencia-con el objetivo de tratar y encontrar soluciones por lo menos satisfactorias, al grave problema de los refugiados- judíos en su mayoría- los cuales querían salir del infierno que se avecinaba.
Cuando el nazismo perverso y criminal aún no había decidido la «Solución Final» y todavía dejaba, aunque con muchas dificultades, salir a los judíos; cuando de varios países europeos se permitía aún emigrar, la mayoría de los países -democráticos y no tanto-del «mundo libre» a los judíos no les permitía entrar. En el peor de los casos, las puertas se clausuraron. En el mejor de los casos, las puertas se «entreabrieron» un poco. Solo un poco. Con matices poco favorables en el medio. Dependiendo de la legislación restrictiva de cada país en materia de inmigración. De las cuotas de absorción y otras limitaciones.
De todos modos fueron muchos más los que no pudieron entrar a los países del mundo occidental que los que sí entraron.
Las restricciones no eran solo a judíos. Pero eran ESPECIALMENTE a judíos aunque la legislación no lo dijera explícitamente. Así fue en distintos continentes.
La Conferencia de Evián no mejoró la situación. Para nada.
Delegados de varios países participantes hablaron, muchos de ellos, en términos hermosos acerca de los judíos, de sus infortunios, demostrando aparente empatía y compasión.
En la práctica no hicieron nada o casi nada.
La «suerte» de los refugiados judíos no mejoró. Particularmente, en países con mucha mayor extensión territorial-tenían mucho más espacio para recibir refugiados-la actitud de rechazo o semi-rechazo es más condenable aún.
Solamente la pequeña República Dominicana abrió las puertas de par en par, autorizando el ingreso de 100.000 judíos. Sí: 100.000 judíos! (que lamentablemente pocos aprovecharon la oferta, ese es otro tema).
Evián, pues, no cambió nada.
Los pretextos para no dejar entrar o limitar el ingreso a los judíos en aquellos años eran, entre otros: supuesta «competencia económica» (aunque no se lo formulara así); que los judíos no eran el tipo de inmigrantes que el país necesitaba; inasimilables, difíciles de integrar a la sociedad, etc.
Hay quienes repiten hoy dichos argumentos-pretextos más bien- en el caso de los refugiados sirios. No comparto dichos argumentos-pretextos en absoluto.
Si en su momento el mundo hubiese tomado medidas en base solamente a consideraciones humanitarias-abriéndoles las puertas a todos los judíos que querían ingresar a distintos y variados países- la catástrofe de la Shoah no habría ocurrido. Por lo menos en la dimensión en la que ocurrió.
Y hoy-sin ánimo alguno de comparar-nos encontramos con el problema de los refugiados sirios.
Nuestro país ha tomado ya hace tiempo la decisión de recibirlos. No me cambia si en lugar de recibirlos se trata de «irlos a buscar». Mejor aún. Cualquier cosa debe hacerse con tal de ayudar, especialmente a niños, para escapar del infierno. A tales efectos, es absolutamente irrelevante el origen y/o la religión de esos niños: cristianos, judíos, musulmanes o quienes fueran.
Ojalá que la actitud del Uruguay sirva de modelo para otros países de mucha mayor extensión territorial, los cuales podrían dar cabida-si así lo quisieran- a muchos más sirios.
Soy consciente que el fundamentalismo islámico genera serios problemas: comprensible y lógico rechazo en todo el mundo civilizado. Pero dicho fundamentalismo no tiene absolutamente nada que ver con esto y no puede ni debe hacernos pensar que, permitir el ingreso de refugiados sirios, significaría darle cabida a «potenciales terroristas de futuro».
Por favor! Y además: confío realmente en la educación que reciban en nuestro país.
Probablemente, para algunos, el hecho de que estos refugiados vengan de un país siempre enemigo de Israel hace que el tema sea visto con reservas y temores.
En lo personal afirmo con total convicción que, la motivación y el deber de salvar niños- sí, también los de un país enemigo de Israel: SON NIÑOS-está por encima de cualquier otra consideración.
Cualquier cosa, reitero, debe de ser hecha para sacarlos del infierno del cual se encuentran hace más de tres interminables años, infierno que no avizora su fin inmediato.
Toda la sociedad en general-y quienes hemos pasado a lo largo de la historia por situaciones más que comprometidas y trágicas en particular-debemos ser comprensivos, empáticos y receptivos ante el tema y más aún: dispuestos, hasta donde sea posible, a apoyar.
Aquella célebre frase del gran sabio judío Hilel: «no le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hagan a ti», la podemos modificar, pero dándole un sentido similar:
«compórtate con el prójimo como te gustaría -en circunstancias similares- que el prójimo se comporte contigo».
Es un asunto pura y exclusivamente humanitario.
Refugiados sirios: Un asunto humanitario
14/Oct/2014
Identidad, Lic. Rafael Winter (Rufo)