Egipto recupera su fuerza

30/Sep/2014

Infobae, George Chaya

Egipto recupera su fuerza

Indudablemente los
primeros Cien días del Rais (presidente) egipcio, Abdel-Fattah Al-Sisi,
permiten rescatar varios logros, a pesar que todavía el país está en franco
reacomodamiento, algo que sin duda, dependerá de la posición política que el
mandatario termine de galvanizar. Sin embargo, nadie, ni siquiera los
opositores de Al-Sisi, pueden negar que el Presidente tomó decisiones
arriesgadas y necesarias en el ámbito nacional aplicando las políticas
adecuadas, eliminando subsidios innecesarios a bienes y servicios, como por
ejemplo al combustible. También redujo las subvenciones a los partidos políticos,
esto último, un soplo de aire puro en un país árabe que le valió el apoyo y
aplauso del pueblo.
Egipto está recuperando
su antigua fortaleza en el mundo árabe. Su pueblo ha soportado los aumentos de
precios sobre la base de las promesas del Gobierno como la única manera de
salvar al país del colapso total luego de la deficiente gestión económica de
los islamistas de la Hermandad Musulmana. Al-Sisi también ha revitalizado el
papel del país en el frente de la política exterior, aunque es evidente que a
diferencia de sus predecesores, Hosni Mubarak y Mohamed Mursi, él está dando
prioridad a la situación interna. Esto ofrece varios indicadores para el mundo
exterior. A saber:
-El nuevo presidente no
huye de los problemas internos para centrarse en cuestiones internacionales,
como lo hicieron los presidentes anteriores.
-Ha enviado un mensaje
claro a las potencias extranjeras indicando que él está en control de la escena
nacional, incluidas las cuestiones relativas a las condiciones de seguridad y
al aislamiento definitivo del islamismo radical.
-Al-Sisi no parece estar
en busca de atención. La mayoría de sus reuniones con los líderes mundiales han
sido limitadas y poco publicitadas por su Gobierno. Aunque es cierto que esto
puede ser una situación temporal, hasta que el país se desarrolle y se mueva
nuevamente hacia adelante, entonces puede que el Presidente dirija su atención
a los asuntos regionales.
La crisis más importante
para el nuevo mandatario fue la reciente guerra de Gaza entre Hamas e Israel.
Durante el conflicto, demostró ampliamente que no permite ser impulsado ni
influenciado por los medios de comunicación o la opinión de la calle que lo
llamó a intervenir. El presidente egipcio sólo intervino después de que le
solicitaran un papel especialmente humanitario y que sólo Egipto podría
desempeñar en aquel estado de cosas.
Al-Sisi fue capaz de
marcar líneas rojas al liderazgo de Hamas en su conflicto con Israel, y se
aseguró de que no ataquen Egipto o traten de chantajear a su liderazgo. Esta es
la razón por la que Hamas volvió a El Cairo en los términos egipcios y
retirando una serie de exigencias inapropiadas que había hecho cuando constató
que Irán, Turquía y Qatar no podían ofrecerle nada.
La intervención egipcia
fue la única manera de llegar al acuerdo a la crisis militar cuando Hamas ya
estaba extenuada. Por otra parte, la delegación israelí sólo fue recibida en El
Cairo cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu detuvo la incursión
terrestre en la Franja de Gaza.
En mi opinión, el verdadero
desafío para Al-Sisi es Libia. El país se encuentra en un estado anárquico de
colapso institucional e inmerso en una guerra cuasi-civil. Esto representa una
amenaza directa a la seguridad de Egipto. Así, el Presidente no desea
involucrarse en una controversia entre las partes en conflicto en Libia y se
distanció de la situación. Sin embargo, al mismo tiempo, no puede permitir que
el caos de Libia llegue a las fronteras de Egipto; es por eso que se aseguro un
acuerdo con otro vecino de Libia, Argelia, sobre cómo hacer frente a la
situación que los islamistas han disparado luego de la caída del Coronel
Khadafi.
Está claro que Egipto y
Argelia priorizan restaurar la estabilidad, apoyando al parlamento y al
gobierno legítimo de Libia. La cooperación entre Argelia y Egipto es la única
manera de parar la situación en Libia que ha entrado en una espiral de
violencia y descontrol.
En cuanto a la situación
en Irak y Siria, el presidente Al-Sisi optó por mantenerse bien lejos de esta
crisis. A excepción de una limitada participación en la alianza internacional
formada contra el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), y éste es un paso que
también ayudará en la guerra que libra contra los grupos armados dentro de
Egipto, además de representar una justificación para la ilegalización de los
Hermanos Musulmanes, especialmente en el apoyo de la Hermandad a las acciones
del ISIS.
Por otro lado, Al-Sisi ha
fortalecido sus relaciones con aliados originales, es decir, aquellos con los
que fomentó vínculos antes de asumir la presidencia, en particular Arabia
Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Rusia. La cooperación de Egipto con estos
estados se incrementó drásticamente en los últimos cien días y beneficio el
programa de reforma interna de Al-Sisi. Esta alianza también le ha permitido
reforzar su posición en contra de los críticos de los gobiernos occidentales en
general. De hecho, los norteamericanos y la Unión Europea parecen haber cedido
a la nueva realidad en Egipto, al anunciar su aceptación y aprobación del gobierno
de Al-Sisi.
El único enfoque de
política exterior que sigue siendo turbio es la cooperación de Egipto con
Rusia, sobre todo si se hace a expensas de la relación de larga data de Egipto
con Estados Unidos. Aun así, ¿quiere el Presidente Al-Sisi realmente cambiar la
historia por tercera vez? La primera fue cuando el presidente Abdel Gamal
Nasser pasó a apoyar a la Unión Soviética contra el campo estadounidense para
poder comprar armas checas. La segunda, cuando el presidente Anwar Al-Sadat
expulsó expertos soviéticos de Egipto restaurando relaciones con los
norteamericanos.
En mi opinión, no está
claro aún si la política de Al-Sisi representara un cambio drástico hacia Moscú
o es simplemente un movimiento calculado para servir a sus necesidades
temporales. El tiempo lo dirá. Sin embargo, los primeros cien días del
presidente son muy tenidos en cuenta, no solo por los gobernantes árabes, sino
también por Occidente que comienza a verlo positivamente en el actual caos
regional del mundo árabe.