Año Hebreo 5775Por Nelson PilosofLa celebración del Rosh Hashanah 5775 tiene para el pueblo judío y para el Estado de Israel un doble y especial significado.
Es un nuevo enlace con nuestras milenarias tradiciones, con el valor permanente y el significado de todos los años. Festejémoslo y sintamos la vibración judía fortaleciendo la vivencia de cada familia y de su pertenencia a un pueblo que se afirma y proyecta manteniendo sus tradiciones y la riqueza que recibimos a través de las generaciones.
Pero este Nuevo Año nos llega a pocas semanas de una de las más duras experiencias que tuvo que sobrellevar Israel, desde que existe como nación independiente. El impacto de esas duras semanas de lucha no se concretó a la zona del conflicto bélico.
Abarcó prácticamente una buena parte del planeta, especialmente en países con población judía y de relaciones con Israel. Se tradujo en una campaña mediática, diplomática, política y económica concentrando una agresividad inusitada contra Israel.
Estamos bajo los efectos de una tregua compartida, que quisiéramos desembocase en un proceso de paz negociada entre las partes en el conflicto que se inició antes de la Independencia de Israel en 1948, y que ha continuado hasta ahora. Pero puede pasar a otra posible confrontación armada, que no deseamos, pero que puede ser posible dadas las conocidas condiciones de la región.
Durante los días del conflicto reciente, Israel pagó nuevamente un alto precio en vidas de su gente. Cada pérdida nos afecta a todos los judíos y nos solidariza con las familias dolientes. Hay heridos y mutilados, cuyas vidas ya no serán como antes. Todos los israelíes volvieron a ser una nación orgullosa, firme, digna y dispuesta a los mayores sacrificios para salvaguardar la existencia y el honor del Estado de Israel y de su pueblo. Está vigente y firme el pacto entre todos, de no permitir el regreso a épocas muy amargas de nuestra historia y de cuidar los maravillosos logros de apenas cien años de construcción sionista.
Al mismo tiempo, hemos asistido a una brutal conjura antisemita que exacerbó el odio a los judíos y al Estado Judío. Fue la eclosión de sentimientos antijudíos, explotados y canalizados por quienes intentaron sacar provecho de la situación en el área del conflicto, para intentar conducir al pueblo judío a la peor situación límite luego de la época del Holocausto.
Hemos aprendido varias lecciones, que se unen a las que hemos tenido que asumir a lo largo de nuestro tiempo histórico. No pretendo ser exhaustivo, pero sí analítico y conclusivo.
La primera, y la más importante: todo el odio y la conjura de nuestros enemigos no han logrado su ambición de destruir a nuestra nación ni al Estado de Israel. Nunca hemos sido más fuertes, concientes y unidos como somos ahora de nuestra identidad y nuestro compromiso trascendente. Todos los sentimientos de odio, nos congregaron, estrecharon nuestros vínculos, fortalecieron la solidaridad con el Estado Judío, y se está incrementando la aliá hacia la Tierra de nuestros mayores, y que jamás abandonaremos.
Debemos gratitud a nuestros amigos del mundo, que nos expresaron su apoyo y comprendieron una vez más el derecho de los judíos a vivir en paz, cuidando nuestra identidad y nuestro vínculo definitivo con la tierra de Israel.
Sabemos que esta amistad es muy valiosa, y deseamos cuidarla y aumentarla, con la comprensión de muchos, que no lo hicieron al comienzo del conflicto, y que ahora entienden perfectamente la justicia de nuestra causa. Pero sabemos que para hacer valer nuestros derechos tenemos que valernos por nosotros mismos, y estar preparados para hacerlos respetar en cualquier circunstancia. Para ello disponemos en esta generación de nuevos y valiosos instrumentos, basados en la primacía tecnológica, la conciencia colectiva de dignidad y orgullo nacional, de la solidaridad de todos los judíos y de nuestras comunidades, de la identificación con el Estado de Israel, del misterio trascendente que nos acompaña desde que Abraham recibió la inspiración y el mensaje que está vivo a través de los tiempos y de todas las vicisitudes, y de las voces expresivas que nos envían nuestros hermanos masacrados en el Holocausto que nos reclaman no olvidarlos y que evitemos que volvamos a sufrir una experiencia tan dramática y terrible. Estamos dotados de toda esta fuerza colectiva, y no tenemos miedo. La Luz Eterna nos ilumina y siempre nos protegerá de nuestros enemigos.
Todas las dificultades pasadas y recientes consolidan nuestra toma de conciencia colectiva. Hemos sido y seremos siempre el pueblo de la esperanza. Pese a todas las amarguras de los peores momentos de nuestra Historia, tenemos un riquísimo patrimonio cultural y espiritual que nos otorga un sitial especial en el devenir de la humanidad. Es la esperanza la que nos dio fuerzas para superar las peores tragedias. Es la esperanza la que marca el ritmo de nuestro camino. Es la esperanza que nos recuerda siempre el privilegio que tenemos por haber nacido judíos, y por asumir la antorcha que nos transmitieron nuestros antepasado, que nos ilumina el presente, y que entregaremos con amor y compromiso a nuestras próximas generaciones.
Saludemos este Nuevo Año con optimismo, con honor y con la convicción que AM ISRAEL JAI VEKAIAM.
La esperanza siempre conduce a nuestro pueblo
24/Sep/2014
Nelson Pilosof