Según cifras del IDCM, el
Observatorio de Desplazamiento Interno (por sus siglas en inglés), una
organización sin fines de lucro internacional, se estima que, como resultado
del avance del Estado Islámico (EI), por lo menos más de 1.3 millones de
iraquíes han sido desplazados entre el primero de diciembre de 2013 y el 18 de
agosto de este año. Aunque no podemos contar aún con cifras precisas, a esta altura
existe suficiente evidencia que se están llevando a cabo matanzas sistemáticas
cometidas por los yihadistas contra prisioneros de guerra, opositores
políticos, y minorías religiosas como cristianos y yazidíes. Difícilmente pueda
ser puesto en duda que lo que está actualmente ocurriendo en Irak es un
genocidio. Especialistas en la materia e importantes líderes mundiales han
acordado que las acciones de los combatientes del EI, llevadas a cabo en el
nombre de la purificación religiosa, constituyen crímenes de lesa humanidad que
se convierten en actos de genocidio, pues sus perpetradores constan tener una
intención específica (dolus specialis) por destruir por lo menos un grupo
étnico y religioso de la faz de la Tierra.
El propósito de este
artículo es demostrar que en efecto existe un genocidio en Irak. Como marco
conceptual, tenemos a nuestra disposición una serie de presuntas etapas o pasos
que hacen al desarrollo de semejante atrocidad. En este campo podemos valernos
de la opinión de dos académicos destacados en la temática como lo son Daniel
Feirstein y Gregory H. Stanton. Estos autores reconocen que los genocidios se
desarrollan a lo largo de procesos sociales y políticos que responden a un
patrón – que si bien no es inexorable, en la mayoría de los casos es
predecible. Los hitos en estos procesos se dan de forma progresiva, o incluso,
dependiendo del caso, pueden darse de forma simultánea.
A modo de síntesis entre
ambos especialistas, aplicando su pensamiento al caso iraquí, creo que podemos
sistematizar y enumerar cinco etapas o pasos que ofrecen una perspectiva sobre
la mentalidad auspiciada por el EI. Tal proceso ofrece una explicación sobre lo
que está sucediendo hoy en día en Irak, y tal vez más importante, invita a una
importante reflexión posterior.
1. Clasificación y
simbolización
Esta etapa inicial se
refiere esencialmente a la ramificación de la población en grupos étnicos,
raciales y religiosos, lo que generalmente conduce a su ulterior identificación
mediante símbolos que constantemente recuerdan, o crean tensiones, entre un
“ellos” – los “otros” – y un “nosotros”.
Estas divisiones son por
supuesto inherentes a la historia del hombre, y la experiencia islámica no ha
sido la excepción. En el caso particular del mundo árabe debe no obstante tenerse
en consideración que las poblaciones de Medio Oriente se autoidentificaban
tradicionalmente por su religión o afiliación sectaria antes que por su lugar
antropológico de origen. Tal paradigma no comenzó a cambiar sino hasta la
consolidación de los Estados nacionales árabes a mediados del siglo pasado, lo
que a su vez fue en gran medida un devenir de los colonialismos europeos. En
tanto las potencias europeas se dividieron la región entre sí, terminaron
fijando el trazado actual de la mayoría de las fronteras existentes al día de
hoy.
No es menor que la labia
oficial del EI rechaza las demarcaciones territoriales convencionales a las que
estamos acostumbrados. En su revisionismo religioso, los yihadistas intentan
reconstruir la integridad territorial de Mesopotamia y el Levante bajo una sola
entidad política supeditada al islam.
2. Discriminación,
construcción de la otredad negativa y aislamiento espacial
Este segundo paso trata
de la confección de una discriminación institucionalizada contra un grupo
particular por otro grupo mayoritario. Mediante la expansión de poder, el grupo
dominante legitima la exclusión de las minorías, dándoles menores cuotas de
derechos, e imponiéndoles normativas y obligaciones distintivas.
Los yihadistas del EI
defienden estar aplicando al pie de la letra los mandatos divinos según lo
estipulado por las fuentes religiosas, pero no hay que olvidar que también
están apoyándose en la práctica consuetudinaria de sus sociedades clásicas. En
el racconto de sus vivencias, las sociedades islámicas han impuesto desde los
tiempos de Mahoma punitivos y leyes especiales para los judíos y los
cristianos, los cuales eran estimados diminutivamente (dhimma) en relación a
los musulmanes. De no convertirse al islam, para conservar sus vidas, los
judíos y cristianos debían pagar un impuesto de capitación (yizyah) que
representaba su sumisión a la superioridad religiosa del islam. Bajo pena de
muerte, dichos damnificados tenían prohibido hacer proselitismo entre
musulmanes, tocar a las mujeres de estos últimos, o construir sinagogas,
iglesias o simplemente casas más altas que las mezquitas y las viviendas de sus
vecinos. Tampoco tenían permitido andar a caballo o a camello, rezar en voz
alta, defenderse a sí mismos en corte, acceder a cargos públicos o siquiera
vestirse como musulmanes, pues debían portar siempre una insignia distintiva.
Para forzar la separación, a partir del siglo XV los judíos de Marruecos
comenzaron a ser forzados vivir en ghettos (mellah).
Esta histórica y
sistemática discriminación no perdió potencia hasta que el Imperio (turco)
otomano promulgara importantes reformas a mediados del siglo XIX, las cuales
fueron fuertemente resentidas por muchos musulmanes sirios y los habitantes de
la península arábiga.
3. Deshumanización y
polarización
Esta etapa consiste en la
promoción activa de la intolerancia mediante la humillación constante del grupo
o la minoría en cuestión. Se produce un salto cualitativo en el nivel de
violencia ejercida, lo que conduce acto seguido a la opresión directa de las
víctimas, acordada o tolerada por el establecimiento gobernante o político. En
este sentido, los yihadistas actuales se basan en el ejemplo de hostigamiento
que ofrecen los principales exponentes históricos del puritanismo militante
islámico.
Prestamente, con la
desolación del Califato abasida producida por la invasión mongola en el siglo
XIII, llegó a la prominencia un clérigo conocido como Ibn Taymiyyah (1263-1328)
que predicaba que todos los males que habían caído sobre los musulmanes se debían
a la desconexión con Dios. Disparó contra las innovaciones (b’ida) teológicas,
y contra las supuestas prácticas y creencias heréticas. Más aún, logró
organizar una movilización armada y decretar la yihad contra los tátaros
invasores, pero también contra los ismailíes, los alawitas y los drusos. Grosso
modo, activaba por la purificación religiosa y por el establecimiento de
importantes restricciones, mas no solamente ya sobre los no musulmanes, sino
también sobre aquellos que no fuesen sunitas. En su construcción argumentativa
empleo el término “ignorancia pagana” (yahiliyyah) para referirse a los
desaciertos y pecados de la comunidad islámica que percataba a su alrededor. En
pos de cambiar la situación, llego a priorizar la yihad, la guerra santa contra
los infieles (küffar), por sobre las obligaciones tradicionales como la
peregrinación, el rezo o el ayuno.
En el siglo XX, Sayyid
Qutb (1906-1966), uno de los más prominentes islamistas y fuente de inspiración
de los extremistas, rescató el uso de la expresión para apuntar esta vez contra
los apóstatas de la modernidad. Con una retórica incendiaria y maniquea que
últimamente terminó costándole la vida, Qutb incentivó a sus seguidores a
reestablecer el orden islámico a como de lugar, y a poner en regla a todos
aquellos que se hubieran dejado descarriar por las injuriosas ideologías laicas
provistas por Occidente. Esta corrección habría de hacerse por las buenas o por
las malas, por la senda de la “invitación” (dawah) o por la vía de la espada.
No hace falta que precise al respecto que camino ha escogido el EI.
4. Persecución y
debilitamiento sistemático
El cuarto paso que
podemos apreciar está vinculado con el resquebrajamiento físico y psíquico del
colectivo perseguido. Las víctimas son identificadas y el perpetrador procede a
aplicar medidas concretas orientadas a una exterminación veloz o sostenida del
grupo. Lejos ya de la ocurrencia de incidentes aislados de violencia, aquí
comienzan las grandes masacres.
Otro precedente que dice
algo del comportamiento del EI viene dado por la aparición del movimiento
fundado por Muhammad ibn Abd al-Wahhab (1703-1792), clérigo de la rama de
jurisprudencia islámica seguida por Ibn Taymiyyah. Aliado con el clan Saud (que
hoy en día gobierna y le da su nombre al país que custodia la Meca y Medina),
en el siglo XVIII los wahabitas purgaron la península arábiga de toda práctica
considerada pérfida, masacrando a su paso hombres, mujeres y niños musulmanes
por acusarlos de apostasía (takfir). Mientras Ibn Taymiyyah aceptaba con
renuencia la violencia contra otros musulmanes sunitas, Wahhab no tenía ningún
inconveniente en mandar a matar a todo quien estuviese sospechado de ser un
incrédulo encubierto.
5. Exterminio
La última etapa
representaría una situación final en donde el genocidio ya ha sido perpetrado,
con la completa sino parcial eliminación física de los integrantes del grupo
victimizado. A veces lo que se persigue eliminar es su conciencia de comunidad,
o su sentido identitario. Este último objetivo se vio por ejemplo reflejado en
los reiterados intentos que los árabes y los otomanos promulgaron a lo largo de
la historia para forzar a los yazidiés a convertirse al islam.
Tomando los precedentes
considerados, los pensadores islámicos mencionados dan cuenta de una progresiva
ideologización de su religión en función de convertirse en lo que hoy es una
ideología totalitaria; la cual pretende aniquilar no necesariamente solo a los
extranjeros, pero también a los traidores y supuestos paganos que se esconden
detrás del rito musulmán.
En teoría, los cristianos
conforman junto con los judíos la “gente del libro” (‘Ahl al-Kitab), quienes se
entiende podrían comprar la “protección” musulmana a cambio de someterse al
régimen de disminución y discriminación anteriormente descrito. Según lo
comunica el EI en la actualidad, aquellos cristianos (pues judíos ya no quedan)
que se nieguen a este arreglo deben convertirse al islam o pagar las
consecuencias de su desafío con la muerte. Pero se ha reportado pese a esto que
en múltiples ocasiones los radicales islámicos (fundamentalistas) no esperaron
a mediar palabra, y procedieron directamente a masacrar a sus despreciables e
impías víctimas civiles.
Alcanzado tal nivel de
jacobinismo, es de esperar que los yihadistas hagan caso omiso a las endebles
pero tradicionales garantías que por lo menos preservaban la vida de las
comunidades cristianas siglos antes. Ahora incluso si se cumpliera con la regla
medieval que rige el trato con la dhimma, aun así como ha quedado demostrado
los cristianos estarían bajo amenaza constante e inminente. Según mi
interpretación de los hechos, el proceso de genocidio que el EI está llevando a
cabo ya se encuentra entre los pasos tres y cuatro. Peor para los yazidiés, los
fanáticos religiosos no les estipulan destino u opción otra que la muerte, dado
que son considerados automáticamente paganos que más vale perder que perdonar.
*Lic. en Relaciones
Internacionales, Buenos Aires