Sr. Director:
El Dr. José Olivera, a
quien no conozco personalmente, me dedicó una ¨carta abierta¨ por mi posición
favorable al derecho del Estado de Israel a defenderse de la agresión de
quienes procuran explícitamente su destrucción. Lamento, a causa de un viaje,
no haberla visto en su momento, por lo que, aun con tardanza –de la que me
excuso ante los lectores- paso a contestarla
porque los feroces ataques que dedica al Estado judío se usan como presuntas
contradicciones de mi pensamiento.
Ante todo, me asombra la
saña del ataque a Israel sin una palabra condenatoria de la agresión de que es
objeto por parte de una organización terrorista, inscripta dentro del cuadro
del fundamentalismo islámico que en este instante persigue con crueldad a
quienes no son de su credo, sean cristianos, kurdos o aun musulmanes de otras
tendencias. Sus asesinatos conmueven al mundo, pero no merecen un párrafo en la
¨carta abierta, reduciéndola así a un cuestionamiento enconado a Israel y a mi
persona.
En cuanto a mis presuntas
contradicciones, las considero exactamente lo contrario, simplemente expresión
de la coherencia de un pensamiento que sostengo desde que comencé mi vida
periodística y política, inspirado en maestros como Luis Battle Berres, el
líder político de la causa de la creación del Estado de Israel, Enrique
Rodríguez Fabregat y Oscar Secco Ellauri, los estadistas vinculados a ese
proceso.
Se considera
contradictorio con mi condición de ¨laicista¨ que defienda a un Estado que
tiene religión oficial. De una agresión (e Israel está agredido desde hace 66
años) todo Estado tiene derecho a defenderse y nada tiene que ver ello con la
laicidad. Si mañana el Estado Vaticano –más confesional que ninguno otro- fuera
invadido, sin duda lo defenderíamos con la misma convicción, en nombre de la
paz, la libertad de conciencia y el Derecho Internacional.
El que personalmente yo
sea agnóstico, contradicción que se imputa, ¿me impide respetar los derechos de
quienes no lo son, sean personas o Estados?
Cada Estado tiene la
legislación de familia y propiedad que su soberanía haya dispuesto y no por ello ha de perderse el
respeto por él. En nuestro propio país hubo un tiempo en que existía religión
oficial y el matrimonio religioso tenía valor legal y no por ello perdía su
condición democrática.
Que en Israel se
identifique la nacionalidad israelí con la pertenencia judía, ¿hace al Estado
de Israel racista? Un pueblo que sobrevivió como nación, sin territorio,
durante veinte siglos, ¿no es natural que identifique su identidad étnica con
su condición ciudadana? Sería muy extraño lo contrario, justamente. A tal punto
que, desde el origen, Naciones Unidas le llamó ¨Estado judío¨.
Se alude a un sistema de
propiedad pública en que toda la tierra es del Estado y solo se concede en
usufructo. Es verdad, pero el régimen no discrimina entre judíos y quienes no
lo son. ¿No es parecido a lo que ocurre en una buena parte de Londres, donde la
tierra ni siquiera es del Estado sino de viejos aristócratas y solo hay
usufructos?
Por cierto mi condición
de republicano, demócrata y batllista, que se invoca, es la que me lleva a
sentirme solidario con un Estado, que con todas las diferencias de legislación
que pueda tener con el nuestro, vive en democracia, respeta la separación de
poderes, tiene elecciones libres y en su Parlamento hasta hay diputados árabes.
Bajo este sistema, Israel construyó un país desde la nada y pese a que tuvo que
luchar por su sobrevivencia desde el primer día, se asienta en una sociedad
próspera y evolucionada, admirable en tantos aspectos. Es una isla en un mar de
intolerancia.
En cuanto a la existencia
de dos Estados, es donde más al desnudo se ve la sinrazón de los que hoy
defienden la independencia palestina, olvidando que la resolución de 1947 creó
a los dos y que solo el fanatismo de los países árabes de la época, en su odio
a la creación de Israel, impidió que naciera el Estado árabe, quedándose con lo
que iban a ser sus tierras. Cuánta sangre y odio se habría ahorrado si se
hubiera aceptado aquella creación por la que hoy se aboga…
Por cierto que sería
deseable el nacimiento de ese Estado palestino, pero sobre la base –mínima,
elemental, de sencilla razón- de que acepte la independencia y soberanía de su
vecino judío. Reconocer el estatus de miembro de Naciones Unidas a una
organización que niega sus principios constitutivos (empezando por la igualdad
de hombres y mujeres) y que propone destruir a uno de sus miembros, irrita el
más elemental principio de la convivencia internacional.
Como liberal, demócrata y
agnóstico que soy, me siento ciudadano de Occidente tanto como de nuestro país.
Y considero que Occidente es la civilización judeo-cristiana-greco-romana que
se constituyó sobre esos afluentes, para amalgamar una concepción basada en la
dignidad e igualdad de las personas. Nadie puede ignorar que en Jerusalén y
Atenas está la semilla de esa construcción y por ello no es extraño que el
propio papa Francisco hable de ¨nuestros hermanos mayores ¨refiriendo a los
judíos. Todo eso es lo que niegan los Hamás, Hezbollah, Al Qaeda y tantos otros
que siguen insistiendo en su perversa idea de negar el derecho a existir a un
pueblo, sin que merezca una mínima condenación del Dr. Olivera. Todas esas
organizaciones, y quienes las sostienen, son enemigos de los valores de Occidente,
de los que, felizmente, Israel es su primera Fortaleza.
Julio María Sanguinetti
El Dr. Julio María Sanguinetti sobre Israel
11/Sep/2014
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