La mirada de Francisco sobre el conflicto en Irak

20/Ago/2014

La Stampa, Italia,ANDREA TORNIELLI CIUDAD DEL VATICANO

La mirada de Francisco sobre el conflicto en Irak

« Hoy nosotros vivimos en
un mundo en guerra, ¡por todas partes! Alguien me decía: ‘Sabe usted, padre,
que estamos en la tercera guerra mundial, pero en pedacitos. En capítulos’».
Las palabras de Francisco sobre la guerra y sobre las bombas que matan al
culpable y al inocente, cobrando las vidas de mujeres y niños, más que advertir
sobre un nuevo e inminente conflicto mundial describen una triste realidad.
Justamente por ello,
frente a la tragedia iraquí, a los fundamentalistas del Isis que masacran a las
minorías religiosas, Bergoglio recuerda la postura clásica que aparece en el
Catecismo sobre la necesidad de detener las agresiones injustas, para especificar
que «detener» no equivale a «bombardear». También añade que, al contrario de lo
que está sucediendo, debe ser la comunidad internacional, y no una única
nación, la que decida cómo y cuándo intervenir.
La situación es
dramática, hay que detener la violencia. Pero no hay que olvidar lo que ha
sucedido justamente en la misma zona con las anteriores «guerras justas»,
combatidas para «exportar» la democracia o eliminar armas de destrucción masiva
nunca encontradas. En 2003, Juan Pablo II gritó con toda la voz que le quedaba
entonces para suplicar que no comenzara la guerra en Irak. Hoy ya no se trata
de hacer una nueva guerra, sino de detener las masacres: una situación más
semejante a la de Kosovo al final de los años noventa. Entonces, Papa Wojtyla y
la Santa Sede subrayaron que habrían esperado una intervención de la ONU, con
fuerzas pacíficas, para detener la limpieza étnica. Se decidió la intervención
de la OTAN, con «bombas inteligentes» (que de «inteligentes» no tienen nada).
Esto explica por qué, a pesar de estar frente a una situación dramática y
urgente, Francisco pide la intervención de las conciencias a nivel
internacional, en lugar de avalar simplemente la iniciativa de los Estados
Unidos.
En las palabras del Papa
se insiste en que las que están sufriendo esta violencia son las minorías
religiosas, no solo los cristianos. Claro, estos últimos también corren el
riesgo de desaparecer de los lugares en los que viven desde hace más de dos mil
años. No hay que olvidar que el Isis también ha asesinado a muchos musulmanes
chiitas y ha masacrado a los yazidíes.
Presentar esta situación
como un ajuste de cuentas entre el cristianismo y el islam, invocando nuevas
cruzadas sería una simplificación en la que incluso de manipula ideológicamente
el martirio. Al identificar con el Occidente a los cristianos que desde hace
veinte siglos son ciudadanos de los países del Medio Oriente, se podría
complicar aún más la situación.