El verdadero enemigo de los palestinos es Hamas, no Israel

13/Ago/2014

Infobae, Ezequiel Spector

El verdadero enemigo de los palestinos es Hamas, no Israel

El conflicto en Medio
Oriente es uno de los temas centrales en los medios nacionales e
internacionales. La mayoría de las opiniones sugiere que los palestinos están
siendo víctimas del enorme poderío militar de Israel, y le imploran paz,
mientras hacen constantes apelaciones a la piedad sobre los niños palestinos
muertos, como para conmover a la audiencia y canalizar ese sentimiento en
contra del Estado Judío. Sin embargo, a pesar de este discurso engañoso, el
verdadero enemigo de los palestinos no es Israel, sino Hamas.
El Estado de Israel se
formó a raíz de una necesidad imperiosa de darle seguridad al pueblo judío
luego del Holocausto. Hoy es una democracia republicana, con alternancia en el
poder, una Corte Suprema independiente, respetuoso de las elecciones sexuales,
con libertad religiosa, universidades libres y libertad de expresión, donde en
la televisión pueden aparecer personas que critican a Israel a veces con la
misma saña que los medios latinoamericanos, además de tener entre sus
ciudadanos un nivel de vida muy alto, incluyendo un 20% de ciudadanos árabes,
muchos integrantes de partidos políticos y gente con influencia en los medios.
Es un país del tamaño de Tierra del Fuego, donde la mitad es desierto, que
logró prosperar por sus marcos institucionales.
El gobierno de Hamas en
Gaza es de temer. Viola sistemáticamente derechos humanos de sus ciudadanos,
asesinando o encarcelando a todo aquel que ose criticarlo públicamente, no
aceptando la vida de los homosexuales, de los ateos, de los laicos (ni hablar
de los judíos), sometiendo a las mujeres a una vida degradante y tratándolas
como si fueran trapos de piso, obligando a sus niños a sacrificar sus vidas
construyendo túneles, adoctrinándolos para que odien a los judíos y su plan de
vida sea asesinarlos. Hamas no se inmuta ante los altos niveles de pobreza y
desempleo que sufre la población en Gaza. No tiene mucho tiempo para eso, pues
está demasiado preocupado en cumplir con el objetivo que explícitamente
establece en su carta fundacional: asesinar al pueblo judío; un nuevo
holocausto.
Muchos afirman que el
tamaño de Gaza no le permite crecer económicamente; ponen de excusa su densidad
poblacional. Es curioso, porque la de Singapur es más alta y no le impidió
convertirse en la sociedad que hoy es. Y países árabes más grandes, con más
recursos naturales, sufren de los mismos males que Gaza. Es que la riqueza de
las naciones no es una cuestión de geografías, de razas, ni de religiones, sino
de marcos institucionales. Es cuestión de elegir entre fomentar el comercio y
la seguridad jurídica, o invertir todo el dinero que recibe de la Unión Europea
(e incluso el cemento, que junto con muchos otros recursos entran de Israel)
para construir túneles y demás recursos para atentar contra el pueblo judío.
Para cumplir con su
objetivo, Hamas viene arrojando hace tiempo misiles especialmente para matar
civiles israelíes. Más del 90% de estos misiles son interceptados por la
llamada “cúpula de hierro”, pero la vida cotidiana en Israel de todos modos se
hace imposible. Interrumpen constantemente clases, trabajo, momentos familiares
para correr en quince segundos a los refugios. Los misiles no logran matar a
muchos civiles israelíes, pero sí logran que todos ellos vivan con pánico y
angustia. Israel, entonces, responde atacando lugares donde hay armamento y
demás recursos militares, antes avisando que van a atacar, para que la gente
pueda salir de allí. Hamas esto lo sabe, y por eso se ocupa de esconder su
material de ataque en lugares donde frecuentan civiles, y los obliga a
permanece allí, a pesar de las advertencias de Israel antes de atacar para que
evacúen. No es sorprendente, entonces, que mueran más civiles palestinos que
israelíes. El gobierno israelí busca proteger a sus ciudadanos, mientras que el
de Hamas busca sacrificar a sus ciudadanos para aumentar los costos
humanitarios de Israel, que está cansado de, como dice Marcos Aguinis, pelear
con una mano y producir con la otra. Por eso Israel renunció al territorio de
Gaza, creyendo que era una forma de lograr la paz, sin pensar que terminaría
convirtiéndose en el centro de operaciones del terrorismo islámico.
En vista de esto, ¿quién
es el verdadero enemigo de los palestinos? Todo indicaría que la mayoría del
peso mediático debería recaer sobre Hamas, simplemente porque oprime a su
población y se jacta de desear un nuevo holocausto. Pero no. La opinión pública
elige concentrarse en cómo Israel se defiende, acusándolo de genocida y hasta
de nazi. El foco de los debates es cuán inmoral es Israel al defenderse,
omitiendo prácticamente todo lo que tenga que ver con su enemigo, como si todo
lo que expuse sobre Hamas fuera de menor importancia. Sectores de izquierda,
con tal de oponerse al capitalismo de Israel, eligen ubicarse del lado de uno
de los grupos más fascistas del planeta. Algunos admiten que Hamas no es la
mejor opción para los palestinos, pero al pasar, sin desviarse de su eje central,
que es la crítica incondicional al único Estado Judío. Otros son capaces de
mantenerse apáticos frente a cualquier matanza; miles de muertos en Siria,
campos de concentración en Corea del Norte, castigos de flagelación pública y
latigazos en Arabia Saudita, presos políticos en Cuba, estudiantes muertos en
Venezuela. Nada de eso parece quitarles el sueño. Pero el único Estado Judío,
pequeño como es, les despierta una adrenalina especial; los obsesiona: cuando
se trata de él, vale la pena discutir sobre derechos humanos y propiedad
original de las tierras.
Algunos medios muestran
neutralidad, como si fueran dos grupos peleándose en un pie de igualdad;
pidiendo a los gritos “paz”. Tal vez sea eso lo que Hamas busque, porque cuando
un bando es un grupo ultra-fascista que ataca, y el otro una democracia
republicana que se defiende, la neutralidad le viene como anillo al dedo al
primero, porque oculta quiénes son y cuál es su objetivo final.
Varias críticas a Israel
son fundadas y hay que hacerlas, pero que reciba casi todo el peso mediático
constituye un discurso simplemente mentiroso.