Una vez más el gobierno
uruguayo ha dado muestra de su indecorosa conducción, de su impericia para
tratar con los asuntos internacionales. Su condena al legítimo derecho de
Israel de aplicar la máxima intensidad disuasiva frente a las fuerzas
terroristas y su apurada intención, justo ahora, de favorecer las relaciones
diplomáticas con la azarosa representación palestina, indican el sesgo perverso
que ha caracterizado las relaciones exteriores de la banda que está en el
poder.
La cancillería no tiene
créditos morales para atacar a Israel en estas circunstancias tan críticas a
las que fue empujado a ingresar por efecto de tenebrosas acciones terroristas.
Esa cancillería es cínicamente selectiva:
ha despreciado las resoluciones soberanas del Poder Legislativo de
Paraguay, pero a la vez santificó por la fuerza y la prepotencia la indeseada
presencia de Venezuela en el Mercosur; ha silenciado o justificado las matanzas
de estudiantes en la calles de Caracas pero
con el mismo vigor renunció una y
otra vez a condenar la violación de los derechos humanos en Cuba, donde hay
miles de perseguidos políticos y de presos de conciencia que no toleran más la
dictadura comunista.
Hay que decir claramente
que la sociedad uruguaya no está representada por estas ruindades que comete la
cancillería, una entidad visiblemente aquejada de dolencias ideológicas que la
Historia devoró en el resto del mundo pero que aquí gozan de inexplicable
autoridad entre los miembros del gobierno. Esta cancillería, y el gobierno en
su conjunto, traicionan al país que fuimos siempre, desconocen los valores
sobre los que se asienta nuestro compromiso con la libertad, con la dignidad,
con la civilización, con la genuina amistad entre los pueblos.
Aunque la rapsodia
oficial haga piruetas indecentes, los uruguayos seguimos estando al lado de
Israel y no dejaremos que se desvirtúe la razón de su más que legítimo derecho
a existir y a proyectar la esperanza sobre el suelo de sus antepasados. Su causa
es la nuestra.
Rodolfo M. Fattoruso
Inmoralidad de la Cancillería
11/Ago/2014
Por Rodolfo Fattorusso