Pero aquí hay sólo dos
bandos: los violentos y los demócratasEl Director de Caras y Caretas me invitó,
aunque es más un desafío que otra cosa, a escribir unas reflexiones/comentarios
sobre el enfrentamiento bélico entre Israel y sus Fuerzas de Defensa y la
organización terrorista de Hamás. Dicho de otro modo, un estado democrático con
una mayoría política que no es de mi agrado pero sí (y es lo relevante) de las
mayorías de los ciudadanos de Israel, y el Gobierno de Facto de la Franja de
Gaza (así lo refiere una organización respetable como Amnistía Internacional) y
Hamás, una organización terrorista, facciosa, que con se hizo del poder
mediante un golpe de estado, despojando a la Autoridad Nacional Palestina, ante
el silencio cómplice y cobarde de la comunidad internacional.
Israel es un estado democrático. Es la
resignifcación de la antigua provincia de Judea, que en su sentido más amplio,
coincide con la noción judía de la tierra de Israel, Eretz Israel.
Jaime Barylko, un gran educador
judeo-argentino, que incluso dejó su impronta en algunas escuelas y educadores
uruguayos, reflexionó sobre este punto de partida. Y escribió: “La historia del
pueblo hebreo –como pueblo, como entidad colectiva y de especificidad nacional-
arranca de ese momento fundamental: de la salida de Egipto, del paso de la
esclavitud a la libertad. A partir de entonces, año a año, sin solución de
continuidad, ese pueblo repite la noche de Pésaj la frase: «Fuimos
esclavos del Faraón de Egipto». Y cada individuo que pronuncia estas
palabras sabe que no tienen un sentido vagamente alegórico, sino que las siente
henchidas de plenitud real-actual.»Fuimos», no los remotos
antepasados, sino cada individuo, cada generación. Porque los sabios maestros
enseñaron: «Cada hombre debe considerarse como si él mismo hubiera salido
de Egipto». El presente se identifica con el pasado. Y consideramos que es
un fenómeno mucho más admirable que las midas pirámides egipcias el hecho de
que un pueblo rememore año a año su origen y su esclavitud en tierra extraña.
En esa frase donde, aparentemente, no se hace más que recordar un pasado dato
histórico, se alberga, en verdad, un profundo sentido ético y una decidida fe
en el futuro”.
Y agrega Jaime: “Fuimos esclavos pero ya no lo
somos. Con la salida de Egipto comenzó propiamente el rumbo histórico del
pueblo de Israel. Adelante iba Moisés, Moisés el redentor, el profeta, el
legislador. Moisés el codificador de la justicia y de la pureza del alma.
Adelante iba Moisés y supieron entonces que el camino de la libertad es, tal
vez, más arduo y espinoso que el camino de la esclavitud. Entonces los que
fueron esclavos descubren que son libres y que esa libertad que se les otorga
no es un regalo gratuito sino una exigencia, un deber: extirpar la esclavitud,
la iniquidad, la injusticia y la maldad en todas sus manifestaciones, del
mundo. Salieron de Egipto para asumir la Ley de D-s y para intentar
transformarla en la Ley de los Hombres”:
Jaime, al que releo recurrentemente, me
permite redondear esta reflexión: “Pero este «pueblo elegido»,
precisamente porque eligió la más difícil libertad, la libertad ética, la
libertad-para-la-Ley, este pueblo durante muchos siglos y en diversidad de
países leía en la noche de Pésaj: «Fuimos esclavos», y presentía que
no narraba un pasado sino el presente más inmediato porque, después de Egipto,
una y otra vez este pueblo fue esclavizado y humillado y sometido por otros
pueblos que se consideraron sucesores y herederos de los
«omnipotentes» faraones. Entonces, en la noche de Pésaj se soñaba con
la propia liberación y fue justamente en esta noche cuando Rabí Akivá y sus
compañeros delinearon los horizontes de la rebelión de Bar-Kojva contra la
esclavizadora Roma. En tales circunstancias la frase: «Fuimos esclavos del
Faraón en Egipto» se agudizaba en su final: «y D-s nos sacó de
allí…». En estas palabras palpitaba la esperanza de un pueblo que
aguardaba su redención. En remontas antigüedades D-s sacó al pueblo de la
esclavitud a la libertad. Año a año pronunciaba el pueblo con estremecida
esperanza su fe en una nueva redención, esperanza que culminaba fervorosamente:
«Este año somos esclavos, pero el próximo seremos libres». Pésaj
representó siempre, pues, mucho más que memoria del pasado. En esta fiesta se
labraba la fe en el futuro, la esperanza de redención, la confianza absoluta en
D-s, en la historia, en la liberación final”.
Desde esa perspectiva ética, es que se rescata
Israel en Naciones Unidas y nace en la misma resolución con un estado árabe,
que ese inmenso universo rechazó y ahora, con el aprendizaje del dolor y las
muertes que dejaron esas guerras, rescata y reclama.
Ninguna guerra es aceptable para dirimir
diferencias. La aceptación de la crisis, la reflexión y la negociación honesta
y positiva son las únicas herramientas aceptables para parir una solución
dignificadora.
Toda guerra siembra dolor, cosecha muertes.
Las víctimas, todas, deben ser honradas. Y la única manera de honrar sus
memorias, es contribuyendo eficazmente a la construcción de la paz.
En toda guerra hay muchos perdedores y pocos
ganadores. Pero aquí hay solo dos bandos. Los violentos y los demócratas.
Hoy perdimos casi todos. Los demócratas del
mundo perdimos.
Perdimos los que una y otra vez advertimos de
los peligros y no logramos hacernos escuchar. Es que la paz no tiene marketing,
pero la muerte tiene sponsor.
Ganaron los radicalismos, los ultras del
mundo, los que pregonan la muerte y el retorno a la barbarie.
Hoy el desafío de este alto al fuego es
generar las condiciones para que en breve plazo se pacte la convivencia
pacífica y se logren los primeros acuerdos para conformar dos estados
independientes y vecinos, cooperantes y armónicos. En un acuerdo evolutivo, que
genere confianzas, progresivo, y custodiado por la comunidad internacional.