El IWO- Idisher Visnshaftlekher
Institut – Instituto de investigación judía- nació el 7 de agosto de 1925, en un apartamento de
este edificio de Vilna que muestra la foto. ¿Cómo, por qué y para qué nació esa Institución?
Uno de los efectos
sociales de la 1ª Guerra Mundial del
siglo XX fue reavivar las identidades
nacionales, aún después de la migración de los integrantes de esos pueblos y
naciones a otros países. La destrucción
causada por la guerra y la ausencia de oportunidades de trabajo empujaron a grandes cantidades de inmigrantes
europeos a instalarse en América, Sudáfrica y Australia. Para las
masas judías, había otro motivo agregado para dejar el viejo continente: las
persecuciones que sufría.
Como resultado de esa
gran migración, la idea de “judíos de Europa Oriental” dejó de ser un concepto
geográfico para transformarse en la cultura y forma de ser de nuevas
comunidades de inmigrantes.¿Cómo entender a esas nuevas comunidades? Los
estudiosos comprendieron que era necesario estudiar sus raíces. ¿ Cómo fue la
vida diaria de las distintas colectividades
en la vieja Europa? El consenso
académico fue que había que ampliar los rumbos de la investigación histórica.
El foco de atención comenzó a orientarse no solamente a los hechos de la gran
“Historia”, las vidas de los Reyes,
Capitanes y Rabinos famosos sino las “historias” de la vida diaria de las
poblaciones, su regulación
comunitaria, el folklore y la cultura
popular. Había que programar un trabajo serio de recolección de datos de la
vida de las comunidades judías europeas
y era imprescindible lograr la publicación de los estudios para avanzar en la
investigación. Se precisaba crear un
Centro de Documentación organizado en forma científica.
Por eso fue que en 1925,
académicos de tres comunidades judías europeas se unieron: el Comité Central de
Educación Judía de Vilna, el Congreso de Maestros Judíos de Polonia y
personalidades de la cultura judía de Berlín.
Así nació el IWO, Idisher Visnshaftlekher
Institut ( Instituto de investigación judío), en Vilna, el 7 de agosto de 1925
. El IWO de Vilna comenzó un verdadero
movimiento de documentación a todo nivel, en el que intervinieron académicos y
particulares interesados, investigando la historia, las ciencias sociales,
la vida diaria, y la profusa literatura
en varios idiomas del pueblo judío en
Europa. Pronto surgieron filiales del
Instituto en Nueva York, Buenos Aires,
Montevideo, como Fundaciones sin fines de lucro.
La 2ª Guerra Mundial cortó de cuajo al IWO de
Vilna y a partir de ese momento pasaron a primer lugar los centros del IWO formados en América. Hoy
en día los centros IWO; especialmente
los de Nueva York y Buenos Aires son muy conocidos porque desarrollan una vasta
tarea para preservar y difundir la cultura judía creando ámbitos para el
estudio, la investigación y el contacto intergeneracional. Pero son pocas las
personas que conocen cómo fueron los primeros años del IWO en Vilna.
En Julio del año 2006,
David y yo asistimos a un curso intensivo de idioma y literatura Idish en
Vilna, en la universidad estatal de Lituania. Cualquier universitario que hoy
en día quiera investigar las ciencias sociales, luchas laborales, movimientos
políticos, publicaciones de periódicos, folklore, historia, literatura europea
de los siglos XVIII a XX, tiene que
aprender Idish porque ese es el idioma en que se encuentra la documentación
para esos estudios. De hecho, la mayoría de nuestros compañeros de clases son
estudiantes universitarios no judíos, que necesitan conocer el Idish para leer
los materiales que les permitirán presentar sus tesis de maestría o doctorado.
En Vilna podemos conocer la historia de primera mano
con las guías que nos llevan por la
ciudad. Estas no son guías de turismo, sino bibliotecarias, profesoras de
historia o literatura. Han nacido en Lituania y vivieron la 2ª. Guerra Mundial
en carne propia. Ven la ciudad mucho más allá de lo que da la vista, con los ecos de sus memorias. Con ellas podemos
conocer algo de la historia poco
conocida del IWO de Vilna. Relato aquí dos pinceladas de esa historia.
Fira Bramson dirige la
Sección Judaica de la Biblioteca Nacional de Vilna y viene a darnos una clase a
la Universidad. Fira nos cuenta.
– Matías Strashunas fue
todo un personaje en la Vilna del siglo XIX. Era un judío de familia rica, un
talmudista y comentarista de ley hebrea
que se pasó la vida haciendo
tareas de ayuda societaria y estudiando todas las ramas del conocimiento
posibles, nos dice la profesora. Cuando falleció, legó toda su biblioteca, más
de cinco mil libros de tema judaico, en
Hebreo, Idish e idiomas europeos, a la comunidad judía de Vilna. Tanta gente
venía a leer a esa sala de lectura, que la comunidad le construyó un edificio
especial, junto al Shul hoif (el patio de la Gran Sinagoga). La biblioteca Strashunas siguió recibiendo
más libros, antes de la guerra llegó a tener unos 35.000 tomos, algunos
manuscritos hebreos, muy antiguos.
Durante la 2ª.Guerra Mundial ese edificio quedó dentro del gheto judío y
todavía sigue en pie, aunque está vacío y muy dañado. Pero la biblioteca judía
más grande de Vilna era la del IWO, agrega la profesora. Ellos prestaban los
libros a domicilio. El IWO, el centro más grande del mundo en estudios e investigación del Idish y la
cultura judía empezó en Vilna, en 1925 , funcionado en un local que era un
apartamento del mismo edificio en que vivía Max Weinrach, que fue su primer
director. La institución creció tanto que a los pocos años lanzó una campaña de
bonos de colaboración y consiguió construir su edificio propio, en la calle
Vivulskio. En ese edificio, el IWO celebró sus 13 años, su bar mitzvah (ceremonia de mayoría de edad).
Poco antes de la guerra, habían reunido
100.000 libros o tal vez más, además de otro tanto en diarios, revistas,
manuscritos, y su propia publicación,
Iwo Bleter. (hojas del Iwo) .
-¿Se salvaron esos libros y periódicos? pregunta un estudiante.
-Algunos, responde Fira.
El edificio del IWO quedó fuera de los muros del gheto, pero fue totalmente destruido hacia el final de la
guerra. Mientras existió el edificio, así como los nazis obligaron a muchos judíos a salir del gheto
todos los días a trabajar en sus fábricas
y talleres, también formaron una brigada
de escritores judíos que tuvo que ir a trabajar al IWO para los
alemanes, buscándoles los libros que ellos se querían llevar. A esos
trabajadores, nosotros los llamábamos la
“papir brigade”(la brigada de papeles). Los nazis se llevaron de la biblioteca
Strashunas y de la del IWO de Vilna, todos los libros y manuscritos en Hebreo e
Idish antiguos que pudieron encontrar, para ellos eran valiosos como
“antigüedades”. Se ufanaban de lograr recoger “la cultura judía, sin
judíos”. Muchos libros que salieron de
Vilna ,aparecieron después de la guerra en Frankfurt y las autoridades los
distribuyeron entre la National Library, el IWO de Nueva York y bibliotecas en Israel.
-¿Después de la guerra,
no quedaron en Lituania, libros en Hebreo e Idish?
-Cuando terminó la guerra
y volvimos a Lituania, responde Fira,
los soviéticos estaban aquí.
Durante muchos años, si le encontraban a alguien un libro en Idish o en
Hebreo, podía ir a la cárcel por reaccionario. Hasta la década de los años
noventa, cuando en Moscú comenzó la política de la perestroika,
(reestructuración), no se pudo ni pensar en organizar museos judíos, bibliotecas en Hebreo ni en Idish. Les cuento
lo que sucedió, dice Fira. En 1998 yo
estaba viviendo en Vilna, cobrando mi jubilación, y me invitaron a ver los
libros en letras hebreas que estaban llegando a la Biblioteca Nacional de
Vilna. Llegué a un palacio destartalado
donde me mostraron montañas de
tomos de Talmud (recopilación de
jurisprudencia rabínica), comentarios bíblicos en Hebreo y Arameo y
libros en Idish, todos mezclados, llenos de suciedad y oliendo a humedad.
-Usted es traductora y
entre los idiomas que conoce, están el
Hebreo y el Idish, me dijo en ese momento, el Director de la Biblioteca.
Las autoridades anunciaron que
empezaremos a armar la Sección Judaica
de la Biblioteca Nacional de Vilna y están llegando cajas de libros desde
lugares donde los han guardado durante muchos años. Vienen remitos desde iglesias, conventos, de gente que reconstruye
su casa y encuentra escondites de libros en sótanos y altillos. Hay que saber
leer lo que dicen para catalogarlos.
-Mi primera reacción fue “para qué quiero
meterme en esto”, relata Fira, pero allí, en ese palacio de paredes
descascaradas, no pude evitar empezar a mirar algunos títulos y hojear varios
libros. Sentí que eran libros salvados con tanto trabajo y dificultades, por
gente que ya no podía leerlos. Pero yo sí, sabía leerlos y estaba allí. Me di
cuenta de que esa tarea me estaba esperando a mí y yo no podía dejarla. Yo no
sabía nada de bibliotecnia, lo fui aprendiendo a medida que trabajaba. Ahora
estoy al frente de la Biblioteca judía más grande de Lituania, que es la
Sección Judaica de la Biblioteca Nacional en Vilna. Para mí es mucho más que un
trabajo. Tengo el alma metida en la tarea, nos dice Fira al terminar su clase.
Terminada la 2ª. Guerra
Mundial, Rojl Margolis fue profesora de Historia en Vilna hasta que se fue a
vivir a la ciudad de Rehovot, en Israel.
Todos los años vuelve a Vilna, a visitar a su familia y a colaborar en las
tareas del museo judío. Ella nos lleva caminando por las calles del que fue
el gheto judío de Vilna.
-Este gheto ¡estuvo tan
lleno de vida y tan lleno de muerte!,nos dice. La muerte nos rodeaba, pero
estábamos llenos de vida cultural, de teatro, encuentros, discusiones. De día
la gente tenía que salir del gheto a trabajar para los nazis. De noche empezaba
una actividad diferente, hacer aberturas para poder pasar de una casa a la
vecina, o cavar pozos debajo de las casas, para comunicarnos por pasajes
subterráneos y tener refugios
disimulados donde esconder los rollos de Torá, los libros en Hebreo y en Idish,
o sobrevivir a los ataques aéreos de los
rusos o las búsquedas nazis casa por
casa.
Rojl sigue caminando rápido.
– Esta es la calle Zhydu
(Judía). Aquí, a mitad de esta
cuadra, vivía el Gaón de Vilna en el
siglo XVIII. ¡El Gaón de Vilna! La mayor
gloria de la historia de nuestra ciudad. Admirado por religiosos y no
religiosos. El se opuso rotundamente a los judíos jasidim, el inició el
movimiento de los misnagdim, (los judíos ortodoxos opositores del jasidismo) y
los judíos de Lituania lo siguieron. Matemático, científico, humanista y por
sobre todo el mayor conocedor de la Ley Hebrea de su tiempo. Por ser quien era,
desparramó las ciencias dentro de la comunidad judía y originó un movimiento de extensión de los estudios a
todo nivel. Vilna se convirtió en la ciudad con más estudiosos judíos de
Europa, en Hebreo y en Idish, religiosos
y seculares. Desde ese entonces le dieron a Vilna el nombre de Jerusalem de
Lituania. Pero esos días de gloria murieron en la guerra.
Su respiración se torna
entrecortada. Rojl camina rápido, entra a la calle Zematijos, hasta llegar
a un edificio de dos plantas, vacío,
casi un esqueleto.
-Aquí mismo, calle
Strashunas No.6, estaba la Biblioteca Strashunas. Antes de la 2ª. Guerra mundial, esta calle
llevaba el mismo nombre de la biblioteca.
Señala las puertas y las ventanas.
-¡Esto estaba tan lleno
de libros y de lectores! Era el centro de los partisanos. Aquí veníamos
todos a leer, antes de la guerra y
durante la guerra. Los nazis confiscaron algunos libros, los que ellos
consideraban “antigüedades valiosas” pero los demás los dejaron, con un sello
que decía “autorizado“. Nos dejaban leer, porque ya tenían pensado que nos
quedaban pocos días de vida. Lo que ellos no sabían eran que aquí, en el
sótano, detrás de los libros, nos
encontrábamos, en grupos muy pequeños, para comunicarnos los planes de lucha y
huída del gheto y las noticias que nos traía
la papir brigade (los judíos que eran obligados a trabajar para los
nazis requisando libros del archivo del IWO, fuera del gheto). También, en ese
sótano se armaron algunas veces, los poquísimos revólveres que se consiguieron
comprar del lado ario y se trajeron al
gheto desarmados, dentro de la ropa de alguno de los obreros.
Rojl se ha quedado extenuada
al sacar a luz sus memorias. Suspira
hondo y se detiene. Su vista se posa en un árbol en el patio del ruinoso
edificio de la Biblioteca Strashunas, lo señala y casi sin respirar, nos dice:
-¿Ven ese árbol? No había árboles en el gheto. Ningún pedacito
verde. Ese árbol nació no se cómo, después que terminó la guerra y ¡mírenlo!
Está más grande cada año. Para mí es como un mensaje. Las guerras pueden
matarnos. Las casas se pueden convertir en ruinas. Pero la cultura y las
ideas, no se queman. El pueblo judío
¡vive!