Como judío uruguayo, hijo
y nieto de sobrevivientes del Holocausto, un verdadero genocidio, del cual nada
se enseña en los programas educativos de nuestro país, me siento sumamente
indignado y ofendido por la calificación que hace el presidente de las acciones
militares que Israel emprende en la Franja de Gaza.
Quienes lo vivimos en
carne propia, entendemos perfectamente bien la diferencia entre el intento de
eliminar a todo un pueblo y la lucha contra el fundamentalismo islámico que se
opone a la aceptación del otro y a vivir en paz.
Contrariamente a lo que
sostiene el presidente, Israel no comete genocidio, sino que se defiende, lucha
contra el terrorismo que sí ansía masacrar indiscriminadamente a toda una
población.
Israel debió entrar en
una confrontación bélica como respuesta a los incesantes lanzamientos de
misiles por parte del grupo terrorista Hamás sobre civiles israelíes.
No parece preocuparle
mucho al gobierno que encabeza Mujica, que millones de ciudadanos israelíes
cuenten con escasos segundos para correr a proteger sus vidas a los refugios,
entre ellos, miles de uruguayos.
La palabra “fanatismo”
con que Mujica califica a Israel, en realidad sólo es aplicable al régimen
extremista que gobierna la Franja de Gaza de facto desde 2007. Hamás nunca se
preocupó en brindar educación, trabajo y salud a su población. Empleó todos sus
esfuerzos y recursos en almacenar una cantidad impresionante de armas y
construyó una verdadera ciudad subterránea, con túneles y pasadizos, para
infiltrarse a territorio israelí y cometer atentados terroristas sorpresivos y
sangrientos.
Su inhumana estrategia
consiste en utilizar a sus propios civiles como escudos humanos, lanzando desde
casas, escuelas, hospitales y mezquitas miles de misiles contra ciudades
israelíes, además de esconder su arsenal de armas en esos lugares.
Cuando Israel se ve
obligado a repeler las agresiones para proteger a su propia población, utiliza
la tecnología militar más moderna para minimizar el número de víctimas civiles.
Hamás, que ejerce un
control absoluto sobre todas las informaciones que se emiten desde Gaza, es
quien determina cuántas de las víctimas son civiles inocentes y cuántos
combatientes.
Y considera que en la
guerra mediática que también libra, el mayor número de víctimas civiles, son un
triunfo propagandístico en su lucha por deslegitimar a Israel.
Esto también explica por
qué Hamás violó sistemáticamente todos los ceses al fuego propuestos por
Estados Unidos, Naciones Unidas y Egipto. Espera que su propia violación al
cese al fuego genere una reacción que sea lo menos contenida posible.
Israel, como lo ha
demostrado en reiteradas ocasiones, sólo busca vivir en paz con sus vecinos. Ha
firmado acuerdos de paz con Egipto, Jordania y se encuentra en un escabroso
proceso con los palestinos de Cisjordania, gobernados por la Autoridad Nacional
Palestina.
Hamás no representa la
causa palestina ni lucha contra la ocupación. No hay un solo centímetro de Gaza
ocupado por Israel desde la desconexión unilateral que realizó en 2005.
El objetivo declarado de
Hamás es destruir al Estado de Israel y aniquilar a los judíos dondequiera que
se encuentren. Nada ha dicho el presidente Mujica ni su canciller Almagro sobre
el particular. Llama la atención que los países sudamericanos han sido más
duros en sus censuras y medidas contra Israel que los propios países árabes.
Los terroristas que
luchan para eliminar al único Estado democrático de la región son quienes deben
recibir las condenas del mundo y no éste, que sólo lucha por su supervivencia
como tal.
No condenar ni mencionar
al agresor constituye una toma de partido por el terrorismo, inaceptable,
reñida con las más nobles tradiciones de nuestro país.
Eso sumado a que no hemos
escuchado del presidente calificaciones similares ante hechos que, sin atisbo
de duda, sí configuran genocidio y que han ocurrido y aún ocurren en otras
partes del planeta.
Por tanto expreso mi más
profunda decepción y repudio a esas afirmaciones.
Desde hace dieciséis años
soy miembro del Jurado del Premio Jerusalén, que la Organización Sionista
Mundial y la Alcaldía de Jerusalén, a través de la Organización Sionista del
Uruguay, entrega todos los años a figuras nacionales que se destacan por su
amistad con Israel y el pueblo judío.
Manifiesto mi más
profundo arrepentimiento por haber votado afirmativamente para que el
presidente Mujica reciba esa distinción en 2010, de la cual, sin duda alguna,
no es merecedor.
La guerra es atroz; todos
y cada uno de los muertos, una terrible tragedia. La verdad es también una de
las víctimas. Exhorto al gobierno en particular y a la población en general a
obtener más información antes de expresarse de una manera tan ofensiva y
alejada de la realidad.
Carta al Presidente Mujica
07/Ago/2014
Semanario Hebreo, DR. GERARDO STUCZYNSKI