Guía práctica para distinguir el antisemitismo

31/Jul/2014

Libertad Digital, Daniel Rodríguez Herrera

Guía práctica para distinguir el antisemitismo

Nadie duda de que se
puede criticar legítimamente las decisiones del Gobierno israelí de turno.
Menos que nadie los propios ciudadanos de Israel, que lo hacen con fruición
porque para eso son ciudadanos de una democracia y no súbditos del tirano de
turno, como la mayoría de los árabes de los países que les rodean. Precisamente
por eso, muchos antisemitas se escudan en que lo suyo es mera crítica, no
racismo ni nada que se lo parezca. Pero ¿cómo diferenciar unos y otros?

La clave para distinguir
el antisemitismo es el uso de una vara de medir completamente distinta para el
país de los judíos. No es el hecho de que se le preste más atención que a otros
conflictos. Es casi imposible, a no ser que vivas en una cueva sin comunicación
alguna con el exterior, no prestarle más atención que a la guerra civil en
Siria o la de Ucrania. Pero si se exige a Israel lo que no se exige a los
demás, si se condena a Israel por algo por lo que no se condena a otros, si se
hace del único Estado judío del mundo una excepción a la hora de juzgar el
mundo, entonces sí podemos concluir que la crítica no se hace respecto a lo que
Israel hace, sino a lo que Israel es.

Una de las formas más
habituales de expresión de este nuevo antisemitismo, que aúna a islamistas,
izquierdas y la extrema derecha de toda la vida, es la condena, frecuente estos
días, del «genocidio» que Israel estaría perpetrando en Gaza. Estos
indignados selectivos jamás calificarán como genocidio o exterminio las
numerosas matanzas que a lo largo y ancho del mundo cometen los musulmanes,
frecuentemente contra otros musulmanes. No lo hacen ante la guerra civil en
Siria, que en estos años se ha cobrado más vidas que el conflicto entre árabes
e israelíes en toda su historia. No miran con ira las matanzas en Nigeria o
levantan la voz contra los islamistas que han tomado el Kurdistán iraquí. Nada.

En la retórica de la
nueva judeofobia, los únicos genocidios que han existido en el mundo son el
nazi y el israelí, lo que les lleva con frecuencia a calificar de nazis a los
israelíes. Evidentemente, la comparación no resiste ni el más mínimo roce con
la realidad. No se marca a los palestinos con medias lunas amarillas, ni se les
prohíbe el acceso a ciertas profesiones; algunos de ellos incluso son diputados
en la Knesset. No, la razón para calificar como nazis a los israelíes es servir
de coartada moral para expresar el odio más obsceno hacia los judíos.

Si quisiera cometer un
«nuevo Holocausto», el Ejército israelí tiene capacidad técnica más
que sobrada para aniquilar a la población palestina. En su lugar, lanza
advertencias para que los civiles se aparten de los ataques que, no por
casualidad, sólo se inician en represalia a bombardeos o atentados contra la
población civil israelí. De ahí que se ataque Gaza y no Cisjordania, pese a ser
las dos regiones palestinas y, por tanto, objeto de exterminio según los
antisemitas. Debe ser el único genocidio de la historia en el que el pueblo que
lo sufre no sólo no disminuye sensiblemente su población, sino que la
incrementa a mayor ritmo que el pueblo que supuestamente les está exterminando.

El escapismo habitual
entre los judeófobos de hoy consiste en afirmar que no tienen nada contra los
judíos sino sólo contra el sionismo. ¿Pero qué es el sionismo? Antaño fue un
movimiento nacionalista. No obstante, desde el momento en que nació Israel, el
sionismo es única y exclusivamente la defensa del derecho de ese país a
existir. No cabe duda de que ese derecho puede cuestionarse perfectamente desde
puntos de vista anarquistas. Pero en ese caso no se estaría en contra de
Israel, sino de España, Estados Unidos, Libia, Rusia y cualquier otra nación
del globo. No es el caso, naturalmente: los antisionistas sólo quieren que
Israel desaparezca. Les parece muy bien que existan en la zona otros países
igualmente artificiales, cuyas fronteras delinearon los mismos poderes que
luego reconocerían al Estado hebreo, como Siria, Jordania o el Líbano, por
escoger aquellos que tienen frontera con Israel. Sólo ponen objeción al maldito
país de los judíos. ¿Qué razón puede haber? ¿No se les ocurre?

No sé ustedes, pero estoy
convencido de que el 99,99% de los judeófobos, en caso de que Marruecos se
dedicara a lanzar cohetes contra Andalucía, Ceuta y Melilla al estilo Hamás,
serían los primeros y los últimos en exigir que se exterminara a los moros.
Pero igual es que soy un malpensado.