Muere Nadine Gordimer, heroína literaria de la reconciliación en Sudáfrica

16/Jul/2014

El Mundo, España, LUIS ALEMANY

Muere Nadine Gordimer, heroína literaria de la reconciliación en Sudáfrica

Aunque parezca una idea un poco fácil, la figura de
Gordimer se puede explicar en relación a la de John Maxwell Coetzee, el otro
escritor sudafricano de nuestro tiempo que todos tenemos en la cabeza: en
relación, pero más bien, por contraste. El paisaje en el que los dos crecieron
fue el mismo: la vida de la minoría blanca de habla inglesa en la Sudáfrica del
Apartheid: blancos privilegiados pero más liberales y, hasta cierto, punto
ajenos a los círculos del poder que controlaban los hablantes de afrikaans. Un
mundo violento y amenazado.
Coetzee se fue, se fue hacia fuera (a Londres) y se fue
hacia dentro: se ensimismó, se convirtió en el personaje atormentado e insondable
de ‘Verano’, por ejemplo. Gordimer, en cambio, se quedó y decidió comportarse
como una heroína. Se ligó al Congreso Nacional Africano de Mandela cuando el
partido estaba prohibido.
Gordimer entró en contacto con el líder de la emancipación
de los negros sudafricanos en 1962, a través de los abogados de Mandela, que
eran amigos personales suyos. Por entonces, Gordimer tenía dos novelas, un
puñado de libros de relatos y una obra de teatro publicadas. Su vida sólo se
había ido decantando hacia la lucha por los derechos humanos muy tímidamente.
Gordimer era la hija de un emigrante judío letón; creció
en Johanesburgo, se casó con un dentista, primero, y con un galerista, después,
y entró en el pequeño mundo de la vida bohemia de su ciudad. A partir del
momento en el que conoció a Mandela, su vida y su carrera encontraron un
sentido que hasta entonces no tenían: la confrontación con el poder
segregacionista. Gordimer ayudo a escribir discursos al líder del Congreso
Nacional Africano; escondió a activistas en su casa; desafió a la censura; se
convirtió en un altavoz de las reivindicación de los sudafricanos negros
aprovechando su éxito internacional…
Y, por supuesto, convirtió el trauma sudafricano en el
gran tema de sus novelas. ‘El conservador’, por ejemplo, era el retrato de un
industrial blanco, conservador y solitario, abandonado por su propia familia
que no soportaba la violencia con la que quería detener la historia.
‘La hija de Burger’ era el complemento de ‘El
conservador’, un proyecto aún más interesante: su propósito era contar la
historia de los activistas blancos en su país a partir de dos generaciones de
una familia de comunistas de Johanesburgo. El gran momento de ‘La hija de
Burger’ llegaba cuando un estudiante negro le decía a su protagonista blanca
que todo su ‘heroísmo’ no valía para nada más que, en todo caso, para salvar su
conciencia.
¿Estaba Nadine Gordimer hablándose a sí misma? Después de
la caída del Apartheid y de su Nobel, su nombre se convirtió en una especie de
monumento del optimismo oficial sudafricano. Y, como tal, su personaje se
volvió susceptible de ser criticado. En 2006, apareció en el mercado la que
tenía que haber sido su biografía oficial que, en algún momento perdió el favor
de la biografiada. El autor, Robert Suresh Roberts, era un negro de Trinidad
que, entre otras cosas, le reprochaba el confort acrítico con el que Gordimer
había vivido en la Sudáfrica corrupta del Congreso.