Asimetrías del conflicto de Hamas con Israel

16/Jul/2014

Minuto Digital, MICHAEL DINERSHTEIN

Asimetrías del conflicto de Hamas con Israel

El pasado 12 de junio los israelíes vivieron una
pesadilla. Hamas secuestró y luego asesinó brutalmente a tres adolescentes
israelíes. Una segunda pesadilla llegó al enfrentarse a la reacción mundial,
tanto de gobiernos como de los medios de comunicación, cuando Israel
contraatacó, como si la defensa de Israel fuera la agresión primaria que causó
el conflicto.
En cada conflicto en el que se ve involucrado Israel, de
una u otra forma la respuesta mundial es similar.
Independientemente de las ideologías y las tendencias
políticas, pensé que esta vez las musas no debían callar cuando los misiles de
Hamas caen sobre Israel. Y más cuando en una cena privada hace unos días se me
preguntaba «si pensaba que la izquierda mundial y en especial la europea
era o no antisemita». Les dije que la respuesta depende de la definición
que se dé al término. Para los ingleses, por ejemplo, antisemita es todo aquel
«que odia exageradamente a los judíos», y eso evidentemente presupone
una medida subjetiva (¿qué es «odio exagerado?) difícil de juzgar
objetivamente.
Pero en todo caso, comentaba que lo que sí parece extraño
es el completo desequilibrio con que se juzga a dos partes beligerantes. Una que
es un país civilizado, democrático, que dio y da al mundo una contribución
desproporcionada a su tamaño en términos científicos, culturales, médicos,
agrícolas, literarios y académicos. Y la otra, Hamas, una banda terrorista que
mata, secuestra y roba, miembro de esa Internacional Terrorista que es la plaga
de nuestros tiempos.
Pero pareciera que para parte de la opinión pública
internacional y de algunos gobiernos, los roles se han invertido: manifestantes
se ponen kafias como medida de solidariedad con organizaciones que hacen frente
a «reacciones desmedidas», se demuestra en las calles a favor de los
refugiados palestinos, etc. Cómo deben sentirse los israelíes cuando más de 3.5
millones de su población se han convertido en refugiados que huyen de cientos
de cohetes que caen sobre sus casas, sus familias y sus negocios que no son
apenas mencionados y mucho menos apreciados como meritorios de solidaridad.
Qué decir a las nuevas generaciones que preguntan por qué
la esclarecida opinión pública calla cuando se disparan misiles día y noche
contra ciudades y poblaciones civiles (cada uno comparable a un ataque
terrorista), pero se escandalizan cuando el ejército israelí reacciona contra
ese terrorismo para intentar neutralizarlo.
Por qué no se ven fotos de las víctimas y destrucción en
Israel, por qué los soldados de Hamas no aparecen por ninguna parte, ni los
disparos de cohetes desde colegios, pueblos, mezquitas, hospitales y edificios,
hechos con el fin de darles una inmunidad ante el contraataque que no siempre
es efectiva.
Cuando recibamos respuestas convincentes a esas preguntas
podremos saber si la parcialidad de esa izquierda mundial se debe a un prisma
erróneo causado por una falta de información y de comprensión o, posiblemente,
a una cierta medida de «odio exagerado» hacia el Estado judío y sus
ciudadanos.
Pero, en todo caso, cualesquiera que sean las razones
para esa actitud asimétrica, me viene a la mente la frase de Golda Meir:
«Más vale ser impopular y vivo que popular y muerto». Y por ello hay
un cuasi consensus entre los israelíes que no existe otra alternativa, sino
hacer todo lo posible para que los misiles no sigan cayendo sobre Israel.