Los líderes suníes y chiíes de Irak rechazan el califato

02/Jul/2014

ABC, España

Los líderes suníes y chiíes de Irak rechazan el califato

Los rebeldes del EIIL recuperan la vieja estructura política para sus
conquistas y proclaman a su líder como el hombre al que «todos los musulmanes
del mundo deben jurar fidelidad»

Se representan solo a ellos, a nadie más, el Estado Islámico
no es la voz de los suníes del mundo», repite de forma tajante el jeque suní
Amer Al Bayati en el despacho de la mezquita Om Al Tubul, desde el que dirige
la Oficina de la Fatua, organismo de referencia para los musulmanes de esta
secta minoritaria en Irak. El Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL)
aprovechó el primer día de ramadán para la instauración del califato en las
zonas que controla en Siria e Irak y acortó su nombre oficial dejándolo en
Estado Islámico (EI). Su líder, Abu Baker Al Bagdadi, es el nuevo califa al que
«todos los musulmanes del mundo deben jurar fidelidad», según el comunicado
oficial de este grupo escindido de Al Qaida (AQ) que recupera en pleno siglo
XXI el título medieval de «califa».

Un año después de unificar los frentes sirio e iraquí y tan
solo tres semanas después de liderar el levantamiento en las provincias de
mayoría de población suní en Irak, el EI da un paso más en su sueño por
consolidar el califato desde el Mediterráneo hasta el Golfo y ha acabado con
las fronteras coloniales. «Prefiero no dar mi opinión sobre este ‘califato’ que
ellos proclaman, nosotros trabajamos por la convivencia entre confesiones y por
un Irak unido», apunta el jeque Al Bayati, consciente de que todas las miradas
están puestas en la comunidad suní que, como en 2006, ha vuelto a aliarse con
el extremismo religioso para combatir a un Gobierno central dominado por la
secta rival, mayoritaria en el país, desde la caída de Sadam Husein.

Unidad chií

Ante la desbandada del ejército de las provincias del norte
y la falta de liderazgo de Bagdad, la máxima autoridad chií del país, el Gran
Ayatolá Sistani, emitió una fatua llamando a la yihad contra el Estado
Islámico. Desde entonces miles de voluntarios apoyan al cuestionado Ejército en
la ofensiva para intentar recuperar el terreno perdido a manos del EI.

La unidad de filas en el chiismo, donde las palabras de
Sistani son órdenes, contrasta con las diferentes corrientes dentro de los
suníes. «Esta Oficina de Fatua también ha reaccionado durante la crisis
emitiendo un edicto religioso que dice que la sangre de los iraquíes es una
línea roja y que hay que seguir la auténtica religión de Alá», señala el jeque
Al Bayati, pero esta fatua es papel mojado para el EI que aplica su propia
interpretación del islam a través de una sharía en unos términos parecidos a la
de los talibanes antes de 2001 en Afganistán.

La directora de la Oficina de Derechos Humanos de Irak,
Salama Al Jafayi, califica de «limpieza religiosa» la forma de gobierno
impuesta por el EI en las ciudades y pueblos que controla en Al Anbar, Nínive,
Saladino, Kirkuk y Diyala. «Son aún más duros que Al Qaida y mejor organizados.
Castigan de una forma muy selectiva y están limpiando de chiíes, cristianos y
de suníes que no les prestan fidelidad», denuncia Al Jafayi.