Unidad que no trae paz

30/Abr/2014

El Observador, Editorial

Unidad que no trae paz

El Observador
Editorial
La reunificación de la Autoridad Nacional Palestina del movimiento Al Fatah y del grupo extremista Hamas ha liquidado las trabajosas negociaciones con Israel que procuraban convivencia pacífica.
La unidad suele ser uno de los muchos pasos requeridos para afirmar la paz entre los pueblos. Pero en el conflicto entre Israel y los palestinos sucede exactamente lo contrario. La reunificación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) del movimiento Al Fatah y del grupo extremista Hamas ha liquidado las trabajosas negociaciones con Israel que, por enésima vez en casi tres décadas, procuraban alguna forma de convivencia pacífica entre dos comunidades antagónicas. Los contactos entre el gobierno judío del primer ministro Benjamín Netanyahu y el de la ANP del presidente Mahmoud Abbas se habían reanudado en julio del año pasado bajo mediación del secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry. Avanzaban con dificultades por desacuerdos sobre la fijación de fronteras, la expandida presencia de asentamientos israelíes en el territorio palestino de Cisjordania, la situación de refugiados y la eterna discordia por los reclamos árabes sobre parte de Jerusalén.
Pero todo se derrumbó con la decisión de Abbas y del líder de Hamas, Ismail Haniya, de restablecer un único gobierno palestino, después de siete años de división desde que Hamas expulsara militarmente de la franja de Gaza al movimiento Al Fatah, limitándolo al control de Cisjordania. La reacción de Israel fue fulminante. Netanyahu cortó las negociaciones y anunció que Abbas tiene que elegir entre la paz con Israel o con Hamas porque ambos cursos son incompatibles. Un comunicado del gabinete judío afirmó que no negociará “con el gobierno palestino respaldado por Hamas, una organización terrorista que busca la destrucción de Israel”.
La mediación de Kerry había permitido al menos que la ANP e Israel reanudaran la búsqueda de un acuerdo. Pero a diferencia de Abbas, que hasta ahora se mostraba relativamente conciliatorio hacia Israel, Hamas le sigue negando el derecho a existir y en forma intermitente lanza cohetes contra posiciones israelíes, que provocan la inmediata respuesta armada de la poderosa estructura militar del Estado judío. Abbas afirmó que “no hay incompatibilidad” entre su acuerdo con Haniya para formar un gobierno palestino unificado, en elecciones dentro de algunos meses, y las negociaciones de paz con Israel. Su posición es ilusoria porque Israel rechaza de plano cualquier forma de acercamiento que involucre a Hamas.
Estados Unidos anunció que el acuerdo entre las dos facciones palestinas “complica seriamente” el atribulado proceso de paz porque “es difícil que Israel negocie con un gobierno que no cree en su derecho a existir”.
Y la cancelación israelí de las negociaciones se apuntala no solo en ese derecho sino en la superioridad militar del Estado judío, que ha derrotado al mundo árabe en cuatro guerras desde su creación en 1947. Ensombrece aun más la situación el anuncio israelí de que apretará las sanciones y restricciones económicas que puede imponerle a los palestinos. La perspectiva es que, en vez de paz, se reavive el interminable conflicto que convulsiona a la región desde hace casi 70 años y se esfume indefinidamente la idea, que el propio Abbas respaldaba, de que coexistan un Estado palestino y un estado judío.
Agrava ese panorama el respaldo de algunas naciones islámicas, con Irán a la cabeza, a los reclamos de los palestinos por territorios que abandonaron voluntariamente cuando Naciones Unidas aprobó la creación del Estado de Israel.