Palestinos e israelíes, blancos y negros, indígenas y europeos, judíos y musulmanes, heterosexuales y homosexuales… La historia es absurdamente pródiga en conflictos surgidos por diferencias étnicas, religiosas, nacionales y hasta de orientación sexual. Y aunque a primera vista este rasgo humano parece inexplicable, científicos argentinos acaban de demostrar por primera vez que los sentimientos de pertenencia grupal son tan profundos que pueden afectar nuestra percepción subjetiva del otro de forma implícita e inconsciente.