La misma semana que cayó el exponente más prominente de la jihad global, The Coca-Cola Company cumplió 125 años. Caía el símbolo del Islam radical y crecía el símbolo de la cultura norteamericana. Ben Laden ya no cumplirá más años, pero Coca-Cola lo hará. Veredicto metahistórico, si se quiere, a propósito del triunfo eventual de Occidente por sobre el Jihadismo. Que Ben Laden tomaba la bebida cola -rostro internacional del consumismo estadounidense- y veía pornografía -presunta manifestación de la corrupción moral occidental- sea quizás el comentario más elocuente de la total decadencia del mensaje islamista.