Paradójico personaje, Hollande. El más débil de los presidentes de la V República reacciona a los desafíos militares con una celeridad y una energía que se adivinan ir contra su carácter. Y ni en un solo caso, a lo largo del año y medio de ofensiva islamista, se ha dejado deslizar al arrebato retórico humanitario. Y es que no es François Hollande quien asume el combate. Lo hace el presidente de la República, función simbólica de la nación. El transitorio sujeto privado que ocupa ese papel tiene todo el derecho a ser débil o medroso. La función de Estado a la cual llamamos Presidencia, no.