El deber de proteger a los libios

La soberanía no es un permiso para matar. Ningún Estado puede abdicar del deber de proteger a su pueblo de crímenes contra la humanidad y menos aun justificar la perpetración de semejantes crímenes por su parte. Cuando un Estado deja manifiestamente de dar dicha protección, la comunidad internacional más amplia tiene el deber de hacerlo adoptando medidas «colectivas, oportunas y decisivas» mediante el Consejo de Seguridad y conforme al capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas.

Opositores dicen que se acabó la política exterior de Estado

«Tenemos que subirnos al estribo de Brasil», ha dicho el presidente José Mujica sabedor de que el pequeño Uruguay no puede desentenderse de las consecuencias económicas que genera el gigante norteño a su alrededor. Pero desde la oposición se advierte que esa estrategia, sumada a otras cuestiones, tiene una importante contraindicación: está resquebrajando la tradicional política de Estado en materia de relaciones internacionales.

El derrumbe de las dictaduras

Las dictaduras modernas solo sobreviven mientras cuenten con inercia tolerante o hasta cierto apoyo de sus pueblos, el respaldo de la estructura militar y ayuda o benevolencia internacional. Caen cuando estos factores se diluyen, como ocurrió en Egipto y Túnez y va en camino de suceder en Libia (si se logra evitar la masacre del régimen libio sobre su pueblo) y otros países árabes. Los golpes de Estado que se expandieron en Medio Oriente al final del período colonial en el siglo pasado fueron inicialmente aceptados por la mayoría de la población como esperanzado reemplazo de monarquías absolutas, en las que campeaba la corrupción y el favoritismo elitista, en desmedro del bienestar de la gente.

Se conmemoran 19 años del atentado a la Embajada de Israel en Buenos Aires

Cuando comenzaba la tarde del martes 17 de marzo de 1992 un impresionante estruendo invadía a la ciudad de Buenos Aires. La Embajada israelí en esa ciudad, un edificio de cuatros pisos ubicado en la calle Arroyo 910 esquina Suipacha, volaba en mil pedazos y con ella también se destruían las vidas de 29 personas, las de sus seres queridos, y la de todos aquellos que creen que la tolerancia y el respeto son la forma de solucionar las diferencias.