El deber de proteger a los libios
La soberanía no es un permiso para matar. Ningún Estado puede abdicar del deber de proteger a su pueblo de crímenes contra la humanidad y menos aun justificar la perpetración de semejantes crímenes por su parte. Cuando un Estado deja manifiestamente de dar dicha protección, la comunidad internacional más amplia tiene el deber de hacerlo adoptando medidas «colectivas, oportunas y decisivas» mediante el Consejo de Seguridad y conforme al capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas.