Política y lenguaje

Víctor Klemperer nació en 1881, hijo de un rabino de Brandeburgo. Sirvió, como Hitler, en el ejército bávaro durante la primera guerra mundial. Tuvo un brillante expediente académico, como tantos judíos alemanes, y en 1920 fue nombrado catedrático de Lenguas Románicas en la Universidad de Dresde. Casado con una protestante de Königsberg, la más protestante de todas las ciudades prusianas, se convirtió al protestantismo. Su actitud frente al judaísmo era negativa. “No soy más que un alemán, o europeo alemán”, decía. Pero Hitler decretó que pertenecía a la “nación judía”, lo que pone de relieve, en palabras, de Niall Ferguson “uno de los grandes rompecabezas del siglo XX: el hecho de que la violencia racial más extrema de toda la historia tuviera sus orígenes en una sociedad en la que la asimilación avanzaba con una rapidez excepcional”, hasta el punto de que la minoría judía “se hallaba inextricablemente entretejida en el tejido de la sociedad alemana”. Lo que quizá ayude a entender el antisemitismo de los nazis como una reacción frente al éxito de la asimilación judeoalemana.

Mostrar lo indecible: el impactante filme sobre el juicio de Nüremberg

Las imágenes de la infamia caen como fotografías en un expediente judicial. En blanco y negro. Los prisioneros de los campos de exterminio, los prisioneros de guerra, los bombardeos, la destrucción de la vieja Europa. Caen las imágenes y se pegan con los alegatos de los criminales de guerra, la interpelación de los fiscales de las cuatro potencias vencedoras en 1945 y la sentencia final de los jueces: “Muerte en la horca” . De hecho, aquellas imágenes tuvieron valor probatorio y derivaron en condenas. Los títulos del final pasan lentamente. El aplauso del público se demora. Domingo a la noche, acaban de proyectar El juicio de Nüremberg en el auditorio de la Fundación Proa, en La Boca. Una de las cuatro funciones del documental, programadas allí en el marco del Bafici.

Reprimen a jóvenes estudiantes en Siria

Las fuerzas de seguridad sirias mataron ayer a un estudiante durante una protesta en la Universidad de Damasco, dijeron activistas, mientras crece la presión internacional sobre el régimen.
Con este deceso aumentó a 170 el número de personas que murieron en las más de tres semanas de protestas. Francia, Alemania y Gran Bretaña demandaron que cese de inmediato el derramamiento de sangre.

Libia y la Udelar

El 29 de marzo pasado, la sesión del Consejo Directivo Central de la Universidad de la República terminó en debate. La causa fue una moción presentada por los delegados estudiantiles, en la que se proponía emitir una declaración que repudiara «la intervención militar en Libia» y convocara a crear una «red internacional» a favor de «la paz frente al imperialismo». La iniciativa fue resistida por el rector Rodrigo Arocena, quien consideró que el texto era «profundamente unilateral» y señaló que, en todo caso, sería más adecuada una declaración de solidaridad con todos los pueblos africanos «que luchan contra dictaduras».