La igualdad impuesta contra la tolerancia
Especialmente, al aplicar políticas de no discriminación o al reconocer como derechos conductas que las Iglesias rechazan, se quiere obligar a estas a cambiar sus propias normas. No podría haber mejor muestra de hasta qué punto los liberales y humanistas de hoy han perdido el rumbo que el actual clamor por más intervención estatal en asuntos religiosos. Su única crítica a la nueva ley de igualdad -pergeñada en el Reino Unido por el nuevo laborismo y promulgada por los liberal-conservadores- es que no llega bastante lejos para forzar a los grupos religiosos a cambiar sus «prácticas de contratación» y ponerlas en sintonía con el resto de la sociedad. Parecen felizmente ignorantes de que el credo ilustrado del liberalismo, que dicen representar, surgió precisamente de la oposición por principio a la injerencia de las autoridades civiles en materia de fe.