Canalizando el máximo dolor en pro de la sociedad
Desde hace unos meses, en el Servicio de Oncología del Hospital de Clínicas, y desde hace unas semanas en la Fundación Pérez Scremini, se viven escenas singulares. Los martes de mañana en el Clínicas, con los mayores, los jueves de mañana en el centro médico hemato-oncológico que funciona junto al Pereira Rossell, con los niños. Singulares por el esfuerzo de traer alegría donde se lidia con enfermedades y preocupaciones, y por el espíritu que mueve estas iniciativas: el de Diego Goldsztein y su esposa Jaqui, que hace casi un año perdieron a su hija mayor Melanie en un accidente cuando tenía sólo 8 años y decidieron tratar de canalizar su dolor hacia emprendimientos que ayuden a otros.