Disfraces, una «abuela» muerta y una radio: Gleiwitz, el engaño nazi que dio el inicio a la Segunda Guerra Mundial

La diplomacia continuaba sus carriles normales. Era 1939 y Adolf Hitler prometía a Varsovia que la paz entre Alemania y Polonia estaba garantizada. Repetía en cada despacho diplomático que cualquier tipo de controversia se resolvería sin el uso de las armas. Hitler, sin embargo, tenía otros planes secretos y macabros. Ya había iniciado su feroz persecución contra los judíos y su maquinaria había comenzado a exterminarlos. Pero aún no había extendido las fronteras de su país. Y Polonia sería su primer gran objetivo.

La burocracia que organizó el Holocausto

Láminas de hielo flotan estos días en la superficie del lago Wannsee, en las afueras de Berlín, en un paisaje invernal idílico, del que disfrutan varias villas de recreo. Apenas se oye un ruido, y similar sosiego debía de haber también hace 75 años, cuando un grupo de mandos de diversos ministerios y cuerpos de seguridad de la Alemania nazi se reunieron aquí para concretar detalles sobre lo que el régimen denominaba Endlösung der Judenfrage (solución final de la cuestión judía), es decir, la deportación y exterminio planificado de los judíos de Europa.