El fin de semana, mientras centenares de supremacistas blancos ondeaban símbolos nazis y gritaban consignas contra los judíos y otras minorías en Charlottesville (Virginia, EE.UU.), un ciudadano estadounidense era golpeado y luego apresado por hacer el polémico saludo de «Heil Hitler» en Dresde, Alemania. Los hechos muestran dos caras de un mismo fenómeno: la tolerancia o persecución de los símbolos y la ideología del nazismo en las dos naciones.