Una democracia tonta es aquella que concede a sus enemigos privilegios y derechos para combatirla. La que entiende que la libertad puede ser usada para destruir la libertad. La que confunde tolerancia con indefensión y rehúsa la autocrítica. La que, acolchada en su confort indoloro, ha dejado atrofiarse su musculatura moral hasta la parálisis. Una democracia tonta es la nuestra, la española, la europea. La que sigue negándose a aceptar el fracaso de su modelo de diversidad mientras se deja golpear por unos adversarios a los que ha franqueado las puertas. La que todavía no ha entendido que el multiculturalismo no era la solución, sino el problema.