La relación de los judíos con el vino se remonta a casi 2.000 años a.C. En la Biblia, la viña se identificaba como el “árbol de la vida”, símbolo del conocimiento y de la prosperidad. Sin embargo, los judíos no pueden consumir cualquier vino sino únicamente el que sea kosher -“puro, apto”, en hebreo-, es decir, aquel cuya elaboración haya sido supervisada por un rabinato y que se ha hecho conforme a la Cashrut, las normas alimentarias judías.