En 1991, Bélgica tuvo su (primer) domingo negro cuando el Bloque Flamenco –formación populista de extrema derecha– obtuvo un 6,8% de los votos a nivel nacional. Desde entonces, muchos otros países de Europa Occidental han pasado por una experiencia similar, desde Dinamarca a Suiza. Y ahora, incluso la estable Alemania tiene su propio schwarzer Sonntag, y es más negro de lo que la gente se esperaba.