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21/05/2020

Prof. Gabriel Hojman, para CCIU

Yom Yerushalaim – Día de Jerusalén







Las siguientes palabras fueron publicadas en el New York Daily Tribune el 15 de abril de 1854 describiendo la situación en Jerusalén de entonces: “La población sedentaria de Jerusalén es de unas 15.500 almas, de las cuales 4.000 son musulmanas y 8.000 judíos (...) Nada es comparable a la aflicción y el sufrimiento de los judíos de Jerusalén que viven en el barrio más sucio llamado Harat al Yahud, entre el Monte Sión y el Monte Moriah. Ahí están sus sinagogas y ellos son blanco permanente de la represión e intolerancia de los musulmanes; los griegos los ofenden y los latinos los persiguen. Apenas si pueden subsistir gracias a las escasas donaciones de sus hermanos de Europa (...)” (1).

¿Quién fue el autor de esas palabras? La respuesta podrá sorprender a algunos lectores que vinculan al autor con otros temas: Karl Marx.

Desde 1849, Marx se encontraba exiliado en Londres y entonces se mantenía económicamente como corresponsal del periódico de mayor circulación de Nueva York, el New York Daily Tribune que se destacaba por su oposición a la esclavitud en Estados Unidos (que recién fue abolida al finalizar la Guerra de Secesión en 1865).

Las referencias a los judíos de Jerusalén se enmarcan en una nota que Marx enviara al estallar la guerra de Crimea (Imperio Ruso contra el Imperio Otomano y sus aliados europeos), sobre el trasfondo de la guerra, donde Marx describe la variedad étnica y religiosa del Imperio Otomano destacando las condiciones de las comunidades minoritarias que viven bajo dicho gobierno.

La nota de Marx describe la situación de las masas judías en Jerusalén a mediados del Siglo XIX, es ese el elemento que debemos considerar, la Historia de las masas, no sólo la Historia de las élites.

En el caso de Jerusalén (como en otros) muchas veces se simplifica y nos limitamos a la acción de las élites: “El rey David conquistó la ciudad de los jebuseos”, “El rey David edificó la muralla en derredor”, “El rey Salomón construyó el Templo” “Nabucodonosor se llevó a los judíos a Babilonia” “los hasmoneos reinauguraron el Templo”, etc.

Siguiendo a Bertolt Brech y sus “Preguntas de un obrero que lee” ante expresiones sobre reyes como constructores de determinadas obras, el escritor alemán pregunta: “¿Acaso arrastraron ellos bloques de piedra?”.

El TANAJ (conocido en el cristianismo como Antiguo Testamento) en varios fragmentos tiene precisamente como protagonistas a las masas y no a las élites (por ejemplo en Egipto los protagonistas son los esclavos, no los faraones).

Para el caso de Jerusalén, se la suele asociar con las élites por ser sede del Rey y sus cortesanos, de los cohanim (sacerdotes del Templo, condición que era hereditaria), etc.

Pero el TANAJ tampoco en este caso olvida a quiénes tenían tan solo sus manos y cerebro como medio de vida, quienes no eran propietarios; ni de tierras, ni de animales, ni de esclavos. Su única mercancía era su fuerza de trabajo.

En el Libro Melajim Álef (Libro Primero de los Reyes) se identifica a uno de los artesanos que participaron en la construcción del Primer Templo: Jiram: Capítulo 7, versículos 13 y 14: “13. Y envió el rey Salomón, e hizo venir de Tiro a Jiram, 14. hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. Su padre, que trabajaba en bronce, era de Tiro; y Jiram era lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en toda obra de bronce. Éste, pues, vino al rey Salomón, e hizo toda su obra.”

La figura del artesano Jiram, además de simbolizar el protagonismo de los sectores populares, también simboliza la convivencia entre distintos pueblos: “hijo de una viuda de la tribu de Neftalí”, es decir que su madre pertenecía a una de las “Doce Tribus de Israel” y su padre “era de Tiro” por lo que era fenicio.

Jerusalén a lo largo de la Historia ha alternado momentos de convivencia y momentos de intolerancia. Si avanzamos hacia épocas post-bíblicas, las autoridades romanas y sus herederos bizantinos prohibían a los judíos residir en la ciudad. La llegada de los musulmanes en el año 637 D.C. determinó que los judíos pudiesen regresar a la ciudad (2).

La invasión y ocupación de los cruzados (1099) trajo consigo una nueva etapa de masacres pero la derrota de éstos por parte de las tropas lideradas por el sultán Saladino implicó una nueva etapa de tolerancia.

El período otomano (1517-1917) comenzó con un período de gran convivencia, el profesor Meir Loewenberg asevera que “En 1550 [el Sultán Suleimán] instruyó a su arquitecto de la corte para preparar el Muro Occidental del Monte del Templo como un lugar para la oración judía. (...) Suleiman emitió un decreto real que estableció el derecho de los judíos a rezar en el Muro Occidental para todos los tiempos” (3).

Luego la convivencia se fue deteriorando, tanto en Jerusalén como en el resto del Imperio Otomano. Conocidos son los episodios de violencia durante el período de dominio británico (1917-1948).

El “alto el fuego” entre Israel y el Reino de Jordania de 1949 determinó una ciudad dividida entre ambos países. Los contactos entre los ciudadanos de ambos países eran nulos, por lo que no existía la convivencia.

Desde 1967 la totalidad de la ciudad está bajo control israelí, pero a los efectos de contribuir a la convivencia, inmediatamente el gobierno israelí acordó acertadamente con las autoridades musulmanas que el Waqf (institución islámica que administra lugares santos) de Jerusalén, continuaría administrando el “Monte del Templo” como lo venía haciendo desde las victorias musulmanas contra los cruzados.

No se sabe qué pasará políticamente en el futuro, hubo muchos planes para Jerusalén, en la situación actual también se alternan momentos de violencia y momentos de convivencia.

Destacamos la convivencia, como enfatizamos al comienzo de este artículo; con el protagonismo de los sectores populares, simbolizado en la fotografía que acompaña esta nota.

La convivencia se da en el mercado, en el “shuk” en el barrio árabe de la Ciudad Vieja, donde los comerciantes árabes venden sus productos a sus clientes, sean sus vecinos árabes (cristianos o musulmanes), judíos, jerosolimitanos o extranjeros. Entre la mercadería a la venta se destacan en un mismo puesto camisetas con simbología del ejército israelí y otras con expresiones del nacionalismo palestino.

Debemos cuidar los valores de convivencia entre pueblos que este puesto de camisetas representa, y que encarna la diversidad de Jerusalén.

(1)Nota completa en inglés disponible en: https://www.marxists.org/archive/marx/works/1854/03/28.htm

(2)Sobre este tema ver nota en portal del Comité Central Israelita del Uruguay del  10 de abril de 2017: http://www.cciu.org.uy/news_detail.php?id=17343

(3)Loewenberg, F. M: “Where Jerusalem Jews Worship: Tracing the changing location of the “holiest” site in Judaism”. Revista Hakira. Volumen 16. New York, invierno 2013. Pág. 223.

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