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12/09/2018

El Confidencial, España – por Jamil Chade

La red clandestina que salvó a casi mil judíos con falsos pasaportes latinoamericanos




A principios de la década de 1940, mientras el hambre y el miedo acababan con los judíos en el gueto de Varsovia -el mayor establecido por la Alemania nazi durante el Holocausto-, no pocas familias se dedicaban a estudiar la geografía de países latinoamericanos tan distantes como Paraguay o Bolivia. El motivo: gracias a una red clandestina de diplomáticos, en la que también participó la Iglesia Católica, muchos esperaban huir de la muerte a través de una operación de falsificación de pasaportes latinoamericanos puesta en marcha en Berna, Suiza.

Temiendo siempre que sus guardianes alemanes les interrogaran sobre sus supuestos países de origen, muchos judíos intentaron recabar información sobre la lengua de Paraguay, su capital y cualquier otro dato que pudiera convencer a los nazis de que realmente eran latinos. La insólita historia está recogida en documentos encontrados en los archivos de la diplomacia suiza y en colecciones privadas. Hablan de una red clandestina que suministraba pasaportes de Paraguay, Honduras, Bolivia y El Salvador a los judíos durante el Holocausto.

Según las reglas establecidas por los propios alemanes, los judíos con pasaportes de países neutrales podían evitar los campos

A principios del pasado agosto, el Gobierno polaco anunció que, después de meses de negociaciones, una parte de esos documentos que atesoraba un coleccionista privado de Israel se entregarán al Museo Auschwitz-Birkenau, incluyendo fotos y ejemplares de ocho pasaportes falsificados.

En 1942, más de 340.000 judíos vivían todavía en el gueto de Varsovia. El régimen nazi estaba a punto de iniciar una masacre de proporciones inéditas y sólo esperaba a que llegase el verano para poner en marcha una máquina de aniquilacion sin precedentes en la história. No obstante, según las reglas establecidas por los propios alemanes, los judíos con pasaportes de países neutrales podían evitar los campos de exterminio. Alemania tenía un motivo: serían utilizados en un eventual intercambio de prisioneros para que alemanes detenidos en el exterior pudieran regresar a Berlín.

Fue un diplomático polaco destacado en Berna durante la Segunda Guerra Mundial quien inició la operación de falsificación de pasaportes para sacar a miles de judíos de Varsovia. Su nombre era Aleksander Ładoś, y junto a asistentes como Juliusz Kühl, el cónsul Konstanty Rokicki y otros infiltrados, inició la operación que se bautizaría como "Servicios de Pasaporte". La idea surgió después del éxito del 'caso Eli Sturnbuch', un polaco judío que vivía Suiza y que falsificó un pasaporte paraguayo para conseguir sacar del gueto de Varsovia a su novia, Guta Eisenzweig.

De acuerdo con los documentos, la operación comenzó en octubre de 1941 e involucró al suizo Rudolf Hugli, cónsul honorario de Paraguay en Berna por aquel entonces. A cambio de sumas de dinero que aportaba la propia embajada de Polonia, Hugli garantizaba lotes de pasaportes paraguayos falsos, que después eran enviados hasta el gueto. Hasta 1.050 judíos pudieron salvarse gracias a la red clandestina, según cálculos del diario 'Haaretz'.

A partir de 1942 se elaboró en Suiza una lista de personas que debían ser 'rescatadas'. En ella había profesores, rabinos, estudiantes, empresarios acaudalados... personas que, una ver terminada la guerra, pudiesen restablecer la influencia de los judíos en la región. Uno de los afortunados fue Aharon Rokeach, rabino de la dinastía Belz Hasidic. Sólo logró escapar de los nazis gracias a uno de los pasaportes fabricados por la red clandestina de polacos en Berna. Para que pudiera recibir el documento, la Santa Sede garantizó la entrega.

Poco a poco, otros países latinoamericanos que se habían declarado neutrales en la guerra fueron integrándose en la red y se estableció una lista de precios. Para un pasaporte paraguayo, el interesado debía pagar 1.200 francos suizos, una fortuna en una época en la que el salario diario no llegaba a 20 francos.

La noticia de que en Berna se estaba desarrollando esta operación llegó rápidamente hasta Varsovia. Mediante sobornos a los soldados alemanes, los judíos que intentaban escapar lograban mandar a Suiza cartas con fotos y sus datos personales. Una vez listos, los documentos eran enviados de nuevo al gueto. No eran sólo pasaportes que les otorgaban una nueva nacionalidad, eran una garantía de supervivencia: los judíos con estas credenciales terminaban en prisiones y campos de trabajo pero no en campos de concentración destinados al exterminio.

De acuerdo con los archivos, se compraron más de 2.200 pasaportes paraguayos, además de cientos de otros países latinoamericanos. Algunos documentos mencionan que la red clandestina hizo circular más de 4.000 pasaportes.

La red es descubierta

Después de dos años de operaciones, la red de falsificación de pasaportes acabó siendo descubierta. Los suizos, neutrales en la guerra y que temían irritar a Adolf Hitler, empezaron a investigar a principios de 1943. Las sospechas también se extendieron entre los alemanes por el elevado número de "latinoamericanos" que aparecían en los campos de Vittel, en Vichy, Francia. A aquella región enviaba la Alemania nazi a los judíos supuestamente extranjeros, con la esperanza de intercambiarlos por alemanes detenidos en los Estados Unidos, Canadá u otros países occidentales. Sospechando que había un fraude, Berlín consultó a los gobiernos latinoamericanos sobre la existencia de estos pasaportes, un asunto del que no tenían constancia en Asunción y otras capitales.

En la segunda mitad de 1943, los suizos desmantelaron el sistema. Uno de los documentos del archivo suizo, del 6 de septiembre de 1943, revela cómo el jefe de la división policial del Departamento de Justicia de Suiza, Heinrich Rothmund, convoca a los implicados en los interrogatorios en Berna. "Incluso si es comprensible que los judíos hagan todo para evitar la muerte, Suiza no puede tolerar actividades ilegales en su territorio", escribió el jefe de la policía. Menos de diez días después, los diplomáticos fueron castigados con la retirada de su estatus de representantes.

Mediante sobornos a los soldados alemanes, los judíos lograban mandar a Suiza cartas con fotos y datos personales. Una vez listos, los documentos volvían al gueto

En un telegrama del 29 de septiembre de 1943, el Departamento Político del Ministerio de Relaciones Exteriores de Suiza es aún más explícito sobre cómo el gobierno evaluaba la situación. "El 14 de septiembre de 1943, el Consejo Federal suizo declaró caduca la autorización dada el 16 de marzo de 1931 al señor Rodolphe Hugli en calidad de cónsul honorario de Paraguay", escribió. Esto ocurrió después de que las investigaciones revelaran "numerosas falsificaciones de pasaportes hechas por Hugli a favor de judíos extranjeros".

El documento acusa a los diplomáticos de cometer "actos oficiales ilícitos sobre el territorio de la Confederación, una participación en la falsificación de pasaportes no puede de ninguna manera ser considerada como parte de atribuciones normales de una legación (...) En consideración de la gravedad excepcional de tal caso, las sanciones son necesarias", apuntó.

En otro documento de los archivos diplomáticos, Lados intentó justificar sus acciones a los representantes suizos. El 13 de octubre de 1943, el polaco estuvo con el jefe del Departamento Político, Pilet-Golaz, en Berna. Su argumento era que el asunto no se refería a los suizos. Pero sí a los gobiernos de Paraguay y de Polonia. "Directamente, no estábamos interesados. Él tenía razón ", escribió el diplomático suizo. "Pero, indirectamente, sí, ya que constatamos que agentes diplomáticos y consulares ejercían una actividad que no estaba conforme a sus competencias y deberes", apuntó. "En el instante en que supimos (del esquema), pusimos fin al mismo", insistió.

Lados intentó incluso cuestionar el uso de la palabra "falsificación". "Él observó que no se trataba de la falsificación de pasaportes, ya que los documentos estaban completos", escribió Pilet-Golaz, sobre su interlocutor. "Yo le respondí que, en (la lengua) francesa, es verdad (lo que él decía)", dijo. "Falsificamos algo preestablecido", apuntó. "Pero, de hecho, no deja de ser cierto que esos pasaportes eran irregulares y no correspondían a los mismos elementos que normalmente se justificaban para su realización", ponderó. Durante la reunión, Lados llamó "antisemita" al jefe de la división de policía del Departamento de Justicia de Suiza, Heinrich Rothmund, que había liderado la operación de desguace de la red de pasaportes.

La represión contra la falsificación de documentos que emprendieron alemanes, suizos y latinoamericanos acabó provocando que muchos fueran enviados a Auschwitz. Algunos de los funcionarios del consulado se vieron obligados a abandonar Suiza.

De acuerdo con el Gobierno polaco, lo que se sabe hoy es que 330 personas lograron escapar del gueto gracias a los pasaportes falsos. Otros 387 que ya habían recibido el documento fueron enviados a los campos de exterminio. Pero existen dudas sobre otros 430 judíos que desaparecieron y que habían sido beneficiados por el sistema. En Berna, archivistas cuentan todavía que el gesto de los diplomáticos no fue en absoluto despreciable. Lo que hicieron no estaría lejos del resultado de las operaciones de Oskar Schindler, que habría protegido a unos 1.000 judíos.

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