Noticias

07/11/2018

Reuters España- por Dan Williams

Israel confía en que la desalinización salve el mar de Galilea







Los largos períodos de sequía y las excesivas cantidades de agua extraída han reducido el nivel del lago. En el sur se ha materializado una isla que pronto se convertirá en una península. Los turistas y los pescadores tienen que abrirse paso en las crecientes playas cenagosas para llegar al agua.

El desecamiento pone en peligro la reserva más grande de Israel, al disminuir el flujo de agua al río Jordán y al mar Muerto. También disminuye el atractivo de un lugar que rivaliza con Jerusalén como destino para los peregrinos cristianos.

Israel ve una solución en la desalinización, en la que es un líder mundial. Planea duplicar la cantidad de agua del Mediterráneo que procesa y canalizar la mitad a Galilea, a una distancia de 75 kilómetros.

“Estamos haciendo esto para salvar nuestra naturaleza, para combatir el calentamiento global, para prevenir el efecto devastador del calentamiento global en el mar de Galilea y para crear un almacenamiento de agua muy importante para el Estado de Israel”, dijo a Reuters el ministro de Energía, Yuval Steinitz, encargado de la gestión del agua.

En referencia a la importancia del lago para los cristianos según los Evangelios, Steinitz bromeó: “Si (Jesucristo) regresa, nos aseguraremos de que tendrá que hacer un verdadero esfuerzo para caminar sobre el agua una vez más”.

Los ecologistas dan la bienvenida a esta decisión. En comparación con 2004, el mar de Galilea ha descendido seis metros. Puede encontrarse a pocas semanas de alcanzar una “línea negra”, 214,87 metros por debajo del nivel del mar, donde hay un riesgo de contaminación permanente y un cambio de presión de los sedimentos.

Los israelíes confían en que las lluvias de invierno lo mantengan por encima de dicho nivel hasta que se introduzca la primera agua desalada el año que viene.

Preservar el lago permitiría a Israel, además, ofrecerle más agua a Jordania en cumplimiento de un tratado de paz de 1994.

Escrito por Dan Williams; traducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid

  • Comentarios
  • Recomendar nota
  • Imprimir

Secciones