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19/11/2020

Deutsche Welle

Enfrentando el pasado nazi








Juicios de Nuremberg: un paso importante para que Alemania enfrentara su pasado nazi

Alemania recuerda el 75 aniversario del inicio del primer juicio de Núremberg. Inicialmente, los juicios, tribunales militares de las fuerzas de ocupación, apenas se respetaban en un país que quería olvidar.

En 1945, la mayoría de los alemanes aún no estaba preparada para reconocer su culpa. Estaban empeñados en sobrevivir la guerra. La infraestructura y la economía del país estaban en ruinas, y millones de refugiados y hambrientos alemanes llegaban de territorios perdidos en el este, expulsados por la Unión Soviética. La población se enfrentaba a cuatro años sin Gobierno, en el limbo de la ocupación militar.

En medio de todo esto, el primer y más importante juicio de Núremberg, el único organizado por los cuatro aliados, duró 11 meses, escuchó a 240 testigos y se leyeron unas 300.000 declaraciones. Hubo 24 acusados, figuras poderosas del régimen nazi, el tribunal dictó 12 condenas a muerte, siete de prisión (desde 10 años a cadena perpetua) y tres absoluciones.

Para la mayoría de la población alemana en esos primeros años, después de la Segunda Guerra Mundial, la opinión dominante era de rechazo total a estos juicios. La gente creía que eran unilaterales. También los periódicos de ese momento estaban "llenos de esa opinión", valora el abogado Ingo Müller, autor del libro "Juristas terribles”, que exploró el legado nazi en el poder judicial alemán. "Los nazis todavía tenían influencia en la cabeza del pueblo alemán, y los juicios de Núremberg no cambiaron eso en absoluto", afirma.

Perdonar y olvidar

Con el canciller Konrad Adenauer y una nueva nación, la Alemania Occidental en 1949, el lema en gran parte era perdonar y olvidar. El primer canciller de la República Federal de Alemania, quien nunca fue nazi, no se opuso a aceptar a miembros poderosos del partido en el liderazgo del país. Esto fue más visible en su elección de jefe de personal de 1953 a 1963: Hans Globke, un alto funcionario del Ministerio del Interior de Hitler que ayudó a crear las infames Leyes de Núremberg de 1935. Esto fue en parte por necesidad, ya que el nuevo país necesitaba funcionarios experimentados.

Adenauer era consciente de los sentimientos que reinaban en el país: en 1951, miles de personas, por ejemplo, se manifestaron en Landsberg, Baviera, contra la ejecución de criminales de guerra condenados en Núremberg.

Nazis en el este comunista

La situación era muy parecida en la Alemania Oriental, aunque en circunstancias muy diferentes. La Unión Soviética inicialmente envió a decenas de miles de exnazis a la cárcel o la muerte, y el Gobierno comunista de la RDA convirtió el antifascismo en uno de los pilares centrales de su ideología estatal. Con ese fin, el Ministerio de Seguridad del Estado, la Stasi, mantuvo un vasto archivo de documentos nazis sobre ciudadanos alemanes.

Allí muy pocos alemanes orientales fueron juzgados en los tribunales: el objetivo principal del archivo era exponer a los nazis en posiciones oficiales en la Alemania Occidental, y así avergonzar al nuevo Gobierno de Adenauer, que la RDA nunca se cansó de presentar como un descendiente capitalista-imperialista directo del Tercer Reich.

Mientras tanto, los aliados habían dirigido su atención a nuevos enemigos en la década de 1950.

Progreso lento

Una peculiaridad de la ley alemana es que, si bien negar el Holocausto es ilegal, participar en él nunca ha sido reconocido formalmente como un crimen en sí mismo. Si un sistema completo es criminal, como en el Holocausto, ¿cómo se procesa a los engranajes de la máquina que quizás nunca hayan visto a las víctimas? ¿Cómo se procesa a los conductores de trenes, a los guardias de los campos de concentración o los "perpetradores de escritorio", como los alemanes llamaban a los administradores que organizaban los asesinatos en masa?

Después de que terminaran los juicios de Núremberg en 1949, Alemania tardó casi una década en comenzar a reconocer sus propios crímenes en los tribunales. El primer juicio alemán a nazis comenzó en la ciudad de Ulm en 1958, cuando diez miembros de una unidad de comando de las SS fueron acusados de una masacre de 5.502 judíos en la frontera con Lituania. Pero dado que ningún testigo pudo identificar a un solo perpetrador entre los acusados, las condenas no fueron elevadas.

No obstante, el caso de Ulm supuso un hito. De ahí nació la Oficina Central de Investigación de los Crímenes Nazis en la ciudad deLudwigsburg, donde se comenzó a recopilar registros sobre los perpetradores. Eso ayudó a presentar los casos contra 22 acusados en el famoso juicio de Auschwitz en Frácfort en 1963, cuando los sobrevivientes testificaron contra hombres que los habían torturado sádicamente.

Aun así, la Justicia alemana tardó hasta el siglo XXI en procesar a personas por participar en el Holocausto. Esto sucedió solo después de la histórica condena en Múnich en 2011 a John Demjanjuk, un colaborador ucraniano en el campo de concentración de Sobibor. El precedente de que quien trabaje en un campo de concentración podría ser acusado de cómplice de asesinato, provocó una oleada tardía de nuevas investigaciones en Ludwigsburg, que en los últimos años ha originado las condenas de algunos nonagenarios, incluido Oskar Gröning en 2015 y más recientemente, Bruno D. en julio de 2020, cuyo juicio en Hamburgo tuvo que tener lugar en un tribunal de delincuentes juveniles, porque tenía 17 años cuando comenzó a servir como guardián en el campo de concentración de Stutthof.

Para Müller, quien considera que los juicios de Núremberg son un logro histórico, el legado más condenatorio es que después de la fundación de la República Federal de Alemania, el sistema judicial nunca reconoció la legitimidad de los veredictos dictados allí. La ley alemana, dice Müller, exige que los funcionarios públicos convictos sean despojados de sus trabajos y pierdan su pensión. Pero eso no les sucedió a los condenados en Núremberg, y algunos incluso recibieron miles de marcos alemanes como salarios atrasados y pensiones cuando salieron de las cárceles aliadas.

Los criminales son viejos y están falleciendo

El historiador Efraim Zuroff, director del Centro Simon Wiesenthal en Jerusalén, dijo a DW en una entrevista en 2015 que, aunque Alemania había tardado en lidiar con su culpa, había recorrido un largo camino: "Hay un cambio enorme. Y este cambio enorme llegó muy tarde, pero llegó. Alemania es un país donde sí procesan a nazis. Compare eso con Austria, que no ha hecho nada significativo en los últimos 30 o 40 años. En Alemania, hay voluntad política para enjuiciar a los nazis".

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