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10/10/2017

Clarín- por Silvina Heguy

"En Irán no es una cuestión de religión, al Islam lo usan como ideología"





La iraní Azar Nafisi, autora del best-seller Leer Lolita en Teherán, cuenta que en su país muchos musulmanes son ejecutados por opositores. También habló del pacto con Irán.

Cuando a Azar Nafisi la obligaron a ponerse el velo en la universidad de Teherán, cuando aparecieron la lista de libros prohibidos, cuando la revolución islámica avanzó sobre los derechos de las mujeres, de las minorías y sobre la libertad de expresión, desafió al régimen de los ayatollahs creando un grupo de lectura con sus alumnas. Leer Lolita en Teherán el libro que, en 1981, contó esa experiencia se transformó en best-seller cuando finalmente ella dejó su país. Las lecturas de Lolita, Madame Bovary o las novelas de Scott Fitzgerald, Henry James y Jane Austen eran controversiales en Irán de esa época. El relato sirve aún para entender el proceso histórico y, al mismo tiempo, da cuenta de cómo cada una de sus alumnas van viviendo el amor y la adolescencia en un régimen que se torna cada vez más autoritario. Profesora de literatura, hija del alcalde más joven que tuvo Teherán (1961-1963) y de una de las primeras parlamentarias, vive hoy en los Estados Unidos de Trump. Visitó Buenos Aires para participar de Ideas, el ciclo que organizó el Ministerio de Cultura de la Nación, para debatir sobre el futuro y hablar de la libertad y de su país.

-Estuvo reunida con jóvenes argentinos, ¿cuál fue el mensaje que les dio?

-No soy muy buena para dar mensajes, creo que lo mejor es que nos comunicamos muy bien. Hablé de la juventud persa y le mostré algunos videos y fotos de Irán. Quería que supieran que la gente en todas partes es la misma. Que se enamora, le gusta la música, quiere tener una vida feliz y decente. Los jóvenes iraníes quieren lo mismo que los jóvenes argentinos. La diferencia es que cuando los adolescentes iraníes bailan o se toman las manos en público son castigados. Entonces tienen que luchar por sus derechos personales, por sus derechos humanos básicos. Quería que los jóvenes argentinos entiendan que la libertad no es gratis. Tienen que pelear por ella todos los días de la vida porque si no se la puede perder.

-¿Cómo lo están haciendo?

-Ellos no son violentos en sus demandas, es muy difícil protestar porque les espera la cárcel o la muerte. Pero no escuchan a las autoridades. Lo que hacen resistir pacíficamente a cumplir con las leyes de la República Islámica. Como por ejemplo cuando las mujeres muestran su pelo o se pintan los labios. El lápiz labial es un arma de seducción masiva. Yo no suelo usarlo pero cuando voy a Irán lo hago como una declaración de principios. Ellos también leen libros prohibidos, ven películas prohibidas. Y al hacer cada una de estas actividades asumen un riesgo. Lo que quiero decir es que no se trata de héroes, es gente normal ante circunstancias extraordinarias haciendo cosas extraordinarias.

-En su libro, cuenta un proceso similar con las jóvenes estudiantes que desafían las prohibiciones y acuden a un taller de lectura en su casa, ¿cree que la literatura puede ser una herramienta para fomentar las libertades individuales y la democracia?

- Creo que la literatura es naturalmente libre. En una mala obra de arte el autor es como un dictador, el autor es como un dictador impone sus propias ideas a la historia o personajes. Un gran escritor solo es fiel a la verdad y para decirla tenés que ser libre. Por eso creo que siempre el primer signo de un gobierno que se transforma en dictadura es la censura a la libertad de expresión.

-¿Esa fue su propia experiencia durante los primeros años de la revolución iraní?

-Sí, lo primero que la revolución de la República Islámica atacó fueron los derechos de la mujer, los de las minorías y la libertad de expresión. Siempre van junto. Como en la Alemania nazi se quemaban libros o con Stalin y la revolución soviético que ponían a poetas en campos de concentración. Los poetas no tienen armas, sólo las palabras. Entonces cuán peligrosas deben serlas para que merezcan que sea encarcelado.

-En la actualidad, usted está a cargo en la Universidad de Hopkins el Departamento de Diálogo cultural, Estados Unidos e Irán tuvieron un diálogo con la administración Obama que se dificultó con la actual de Trump, ¿es posible tener un diálogo sincero entre los dos Estados?

- Yo no creo en los gobiernos. Ni siquiera en los progresistas. No soy la clase de persona que piensa que todo gobierno es malo, los necesitamos, pero el verdadero intercambio cultural viene de la gente y Trump no puede hacer nada contra eso. En Irán cuando el gobierno censuraba las artes buscábamos conectarnos con el mundo exterior a través de los libros o de la música. Los jóvenes norteamericanos deberían hacer lo mismo con respecto a Irán, por todo esto escribí Leer Lolita en Teherán.

-¿Esa es una posibilidad para el acercamiento de las dos naciones?

-Uno de los ejemplos son las películas iraníes o los libros, que son objetos pequeños que se pueden contrabandear y traducir fácil. Existen esos caminos. Pero los estadounidenses deben entender que con escuchar las noticias no es suficiente.

-Usted habló del cercenamiento de las libertades de las mujeres cuando se debió ir de Teherán, ¿en este tiempo existió algún progreso en este campo?

Antes de la revolución, las mujeres iraníes teníamos muchos derechos. En 1963, cuando se instituyó el voto femenino, el Ayatollah Komeini estaba en contra. Cuando llegó al poder no pudo cambiarlo. Tuvo dos ministras en su gabinete, la de Educación superior y de Asuntos de la Mujer. Había gente que usaba el velo y otras que no. Era una cuestión de elección. Hasta que se hizo obligatorio. Ahora las chicas iraníes son rebeldes, lograron convertir el velo que, al principio fue un elemento de opresión, en uno de exotismo y erótico. Mostré un video de chicos que bailan Happy de Pharrell Williams. Cuando lo hicieron sus jóvenes protagonistas fueron arrestados y sentenciados a latigazos. En la época del Sha había libertades sociales lo que no había eran libertades políticas y por eso estábamos luchando. Durante el gobierno Komeini no tuvimos ni libertades culturales ni sociales ni políticas. Uno era un régimen autoritario y el actual es totalitario. En Irán no es una cuestión de religión, al Islam lo están usando como ideología. Lo que mucha gente no sabe es que hay gran cantidad de musulmanes que se oponen políticamente al régimen y que son encarcelados y condenados a muerte en este momento. El mundo sólo presta atención al régimen iraní y no a la gente que es víctima de éste.

-La última pregunta es sobre la relación bilateral Argentina-Irán. El gobierno anterior firmó un memorando de entendimiento por el atentando a la AMIA, ¿cree que es posible negociar con un gobierno para que colabore en la búsqueda de la verdad cuando parte de sus funcionarios son acusados de estar detrás del atentado?

-Primero me sorprendí que en Buenos Aires exista una plaza que se llame República Islámica de Irán, es vergonzante porque indicaría un reconocimiento o cercanía con un país gobernado por un régimen represivo. No soy política, pero como ciudadana creo que Argentina puede negociar con Irán pero al mismo tiempo es fundamental que logre tener una investigación independiente. No puede depender de la colaboración de un gobierno con funcionarios bajo una acusación formal porque difícilmente colaboren por la verdad.

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