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11/01/2018

Clarín

El "tatuador de Auschwitz" le marcó la piel a la prisionera que luego se convertiría en su esposa






Los números tallados en la piel de los sobrevivientes de los campos de concentración recuerdan el horror del Holocausto. Pero en el caso del "tatuador de Auschwitz", Ludwig "Lale" Sokolov, él no sabía que el número que grabó en el brazo de Gita Fuhrmannova iba a ser el comienzo de una historia de amor.

La escritora Heather Morris narró su supervivencia y romance en el libro "El tatuador de Auschwitz", que se publicará en Reino Unido el 11 de enero.

Lale ingresó al campo de concentración en abril de 1942 cuando tenía 26 años. Nacido en Eslovaquia de familia judía (su apellido era Eisenberg) se había ofrecido a los nazis para ser enviado a Auschwitz con la esperanza de salvar al resto de su familia. Pero sus padres murieron unos meses antes de su llegada.

Un francés llamado Pepan le marcó el número 32407 y pocos días de su ingreso se enfermó de fiebre tifoidea. El tatuador fue quien lo cuidó y con el paso de los días lo tomó bajo su protección, al punto que le enseñó el oficio.

El día que Pepan desapareció, Lale fue elegido por los nazis para ser el nuevo tatuador, gracias a su conocimiento de los idiomas eslovaco, alemán, ruso, francés, húngaro y polaco. Comenzó a trabajar para el ala política de las SS y, en los dos años siguientes, tatuó a miles y miles de prisioneros, no sólo en Auschwitz sino también en los campos secundarios de Birkenau y Monowitz.

Este cargo fue un privilegio, el cual le permitió escapar de la muerte y conocer a quien sería el amor de su vida. Gita entró al campo de concentración en julio de 1942 y cuando se presentó para ser tatuada con el número 34902, Lale no quiso hacerlo porque vio el miedo en sus ojos. Sin embargo, se vio obligado para no desatar la ira de los nazis y fue en ese momento que se tatuó su "número en el corazón", según contó el hombre a Morris.

Gita entró al campo de concentración en julio de 1942 y cuando se presentó para ser tatuada con el número 34902, Lale no quiso hacerlo porque vio el miedo en sus ojos.

Al poco tiempo, gracias a la ayuda de la guardia SS y su puesto, empezó a comunicarse con la mujer a través de cartas y entablaron una muy buena relación. Luego logró conseguirle raciones de comida extra y hacer que fuera trasladada a un sitio de trabajo en el campo mejor.

Ambos podían verse en secreto, pero Gita tenía dudas: "No veía un futuro. Pero él sabía, en lo profundo, que iba a sobrevivir". Hasta que todo dio un giro inesperado. En 1945, la mujer dejó el campo antes de la llegada de los rusos y poco después, hizo lo mismo Lale, quien regresó a su ciudad de Krompachy, en Checoslovaquia, donde se reunió con su hermana y el resto de su familia.

Pero el ex tatuador no se iba a quedar con los brazos cruzados y dejar ir a la mujer que le robaba sus pensamientos día y noche. Por ello, viajó a Bratislava en una carruaje y esperó en la estación de trenes durante semanas. Allí jefe de la estación le dijo que intentara en la sede de la Cruz Roja y cuando llegó, una mujer se paró frente a su caballo: era Gita.

Se casaron en octubre de 1945 y vivieron en Viena y París, hasta que finalmente se instalaron en Melbourne, Australia. Él comenzó un negocio en la industria textil, ella diseñaba vestidos y tuvieron un hijo en 1961.

Lale no le contó a nadie que fue el tatuador de Auschwitz por miedo de ser visto como un colaborador de los nazis. "Este hombre guardó su secreto porque creía, equivocadamente, que tenía algo para esconder", explicó Heather Morris, quien para ganarse su confianza visitó al hombre varias veces a la semana durante tres años, hasta su muerte, en 2006.

La historia se conoció después de la muerte de Gita, en 2003, cuando ya no había nadie a quien proteger.

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