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13/02/2020

A 100 años del pogrom de Buenos Aires





Enlace Judío México- por Nadia Cattan

La comunidad judía de Argentina es una de las más antiguas y prósperas de América Latina; es cierto que sus miembros llegaron desde el siglo XVII a Buenos Aires pero, en realidad, la colectividad se afianzó en los siglos XIX y XX.

Fue en aquellos años en los que se formó la comunidad judía más grande de América Latina. Las inmigraciones hacia Argentina del siglo XIX y XX estaban conformadas por judíos que huían de una Rusia zarista llena de conflictos internos, pero sobre todo de antisemitismo, en la que las masacres contra judíos (pogroms) causaban un gran pánico en toda la población.

Se calcula que a principios del siglo XX la inmigración judía a Argentina aumentó a un promedio de 13,000 judíos al año, principalmente provenientes de Europa Oriental además de Marruecos y otros sitios del Imperio Otomano.

Fue precisamente en la semana del 7 al 14 de enero de 1919 que se dio lo que más tarde fue conocido como la Semana Trágica, cuando una violencia general se apoderó de toda la población argentina.

La represión del gobierno de Hipólito Yrigoyen, presidente de la Nación Argentina, a las protestas de huelga que los obreros realizaban en aquellos años, pronto se desvío también a la comunidad judía de Buenos Aires, que en ese momento contaba ya con 100,000 judíos aproximadamente.

Debido a su lugar de procedencia, los judíos en Argentina eran identificados como “rusos” por el resto de la población. Esta vinculación provocó, en medio de la agitación obrera, que los judíos fueran vistos como rusos, exportadores del comunismo a la tierra argentina. Aunque completamente equivocada, la percepción se materializó en una gran tragedia para los judíos, pues en enero del 1919 murieron 180 judíos a manos de la población argentina. Este hecho fue conocido más tarde como el Pogrom de Buenos Aires.

La triste historia de los pogroms había seguido a los judíos hasta América. De igual forma que había sucedido en Rusia, los judíos volvían a ser presas fáciles de la tortura, violación, humillación y muerte; nuevamente las consignas antisemitas de antaño tomaban forma en las calles, pero ahora de Buenos Aires.

A los judíos los calificaban de “traidores”, “chupasangre”, “comunistas”: parecía que entre el poco equipaje de aquellos inmigrantes venía escondida esa furia milenaria.

Durante muchos años el pogrom de Buenos Aires de 1919 quedó oculto en el interior de los sucesos de la Semana Trágica, que a su vez se fue transformando en un hecho cada vez más difuso de la historia argentina del siglo XX.

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