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15/05/2018

El País y El Observador

Uruguayos en Israel cuentan el temor que viven y su deseo de tranquilidad






La situación estremece y genera preocupación, pero resulta alejada cuando se mira por la tele, se escucha en la radio o se lee en un diario. Desde Uruguay no se percibe el humo, ni se escuchan las explosiones. Pero en los 'kibbutz' o comunidades agrícolas, ubicados en Israel, en los alrededores de la franja de Gaza, el temor y la tensión son moneda corriente. Allí viven al menos 50 uruguayos. Entre ellos, Reuven Friedman y Jeannette Cwierzenski.

"Estamos de nuestro lado de la frontera, no los podemos dejar cruzar. Necesitamos el ejército allá para defender, Israel tiene esa obligación", aseguró Nina Ben-Ami, embajadora israelí en Uruguay.

La celebración del 70 aniversario de la creación del Estado de Israel y el polémico e histórico traslado de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, no son el motivo puntual por el que se iniciaron las manifestaciones, explicó la embajadora, quien adjudica los ataques al grupo Hamás, considerado por Israel y Estados Unidos como una organización terrorista.

"No hay vinculación entre las dos cosas (el cambio de embajada y las manifestaciones), Hamás está buscando cruzar la frontera desde su inicio. La organización anunció públicamente, a través de las redes sociales, que quiere destruir a Israel y no que busca llegar a una conciliación", aseguró Nina Ben-Ami.

Tanto la embajadora como la periodista uruguaya radicada en Israel, Ana Jerozolimski, coincidieron en afirmar que "el ejército israelí no salió a atacar". Ben-Ami indicó que "en 2005 Israel salió de Gaza" y que ahora "buscamos defendernos".

"Ningún país normal va a permitir que cruce el vecino si es un declarado enemigo", agregó Jerozolimski. "Lamento todas las muertes, siempre que un evento termina así es un problema", indicó la periodista, pero aseveró que "por más lamentable que sea que una jornada termine con muertos, y que parte sean civiles, no quiere decir que la culpa fue de Israel".

La embajadora explicó que "hicimos muchas cosas para evitar que los palestinos fueran a la frontera: panfletos para evitar que se acercaran, por ejemplo. Pero Hamás está determinado para hacer un ataque que es cada vez más violento". "Los palestinos que intentan cruzar la frontera prácticamente se están suicidando" porque el ejército tiene orden de defender, dijo Ben-Ami.

"Hablé con algunos uruguayos que están cerca de la frontera y me indicaron que sienten compasión y simpatía por los palestinos que ven casi suicidarse. Ellos mientras tanto intentan trabajar y mandar a sus hijos a la escuela, aunque el humo de los neumáticos quemados les molesta".

Jerozolimski indicó que conoce muchos civiles israelíes cerca de la frontera. La mayoría de ellos trabaja en campos de cosecha y entienden cómo es la situación.

Reuven llegó a Israel en 1971. Hoy vive en el kibbutz Ein Hashlosha y está casado con una uruguaya, con quien tiene hijos y cuatro nietos. Estudió Ciencias Económicas y trabaja en el sector de costos dentro de su comunidad.

A eso de las 10 de la mañana, Ein Hashlosha sintió explosiones. A dos kilómetros de ellos, manifestantes palestinos encendían neumáticos y lanzaban bombas incendiarias sobre la franja de Gaza. "Fue un día bastante movido", dijo Reuven a El Observador.

Sin embargo, él sabe que la cosa podría ponerse peor. Su principal preocupación es que los manifestantes "rompan la frontera e invadan el territorio israelí para tratar de llegar a las poblaciones civiles".

Reuven ha vivido varias guerras en los últimos años. Recuerda 2006 y 2014. "Nuestras poblaciones fueron atacadas constantemente por misiles que lanzaron desde la franja de Gaza", dijo.

No espera que se firme un acuerdo de paz, sino "que de los dos lados haya tranquilidad". No solo lo desea para él, su kibbutz y su territorio, sino para quienes están del otro lado de la frontera. "Cuanto mejor ellos estén, mejor vamos a estar todos", asegura.

En los alrededores del kibbutz Nir Ytzjak, desde hace varios días, se empezaron a ver soldados andar por la carretera, ir y venir. Jeannette es directora de Recursos Humanos de la empresa agrícola de ese kibbutz, y esos soldados le cuentan la mantienen al tanto sobre lo que pasa. Ella tiene la posibilidad de mandar trabajadores cerca de la frontera o no. Nir Ytzjak tiene algunos cultivos, por ejemplo el de maní, cerca de la franja de Gaza. "Uno cuida a su gente. Y para eso tenemos todo el tiempo al ejército avisándonos hasta dónde podemos ir", contó a El Observador.

Días atrás se pudo sentir la contaminación ambiental en el kibbutz, que provenía de la quema de neumáticos en la frontera. Quienes se demoraron en recoger el trigo, en las últimas dos semanas lamentaron las consecuencias. Hamas lanzó cometas incendiarias y generó grandes perjuicios en algunas plantaciones de Nir Ytzjak.

Eso es lo que ha podido ver y percibir Jeannette. Cuenta que, desde algunos puntos de su kibbutz, se puede ver la franja de Gaza. Pero, por supuesto, no se acerca. Se entera de los muertos y los heridos por televisión y le llama la atención la "creatividad palestina". Esto es, según ella, la creación de túneles por debajo de las vallas que marcan la frontera. También le preocupa que, quienes están primeros en la fila, apretados contra las vallas, son mujeres y niños. "Se producen situaciones muy desagradables", dice.

Para Jeannette, Hamas no tiene muchas opciones acerca de cómo reaccionar. Pero "no está tirando misiles porque sabe que eso va a generar una contrapartida". Su principal preocupación es que no percibe una voluntad de buscar soluciones.

En el kibbutz, Jeannette vive junto a su marido, su hijo que está por cumplir 17 años y su hija de casi 20. Llegó a Nir Ytzjak en 1997 sin ser consciente del posible peligro de la zona a la que se estaba mudando. "No sabía que estábamos tan cerca, no lo había pensado", dijo.

En ese entonces, en la comunidad agrícola trabajaban 25 palestinos. Jeannette lamenta mucho que hoy eso sea imposible. "Los que vivimos de este lado, en este municipio, no tenemos nada en contra de la gente del otro lado. Son vecinos", opina. Además, cuenta que hay un grupo de israelíes que van a buscar palestinos a los pasos de frontera para llevarlos a los hospitales de su territorio a recibir asistencia médica.

Sobre su kibbutz, Jeannette asegura que "el 98% del año es un lugar seguro, tranquilo y bárbaro para vivir y criar hijos, con 100.000 menos riesgos que vivir en Montevideo". Asegura que en Israel las personas viven tranquilas, sin robos, sin miedo al caminar de noche y sin tener que cuidar todo el tiempo la cartera. Al vivir en el campo, en una zona rural, ella pasa la mayor parte del tiempo tranquila. "Y cada tantos años tenemos estas situaciones", cuenta. "Salvo las situaciones de guerra y cuando empiezan a tirar misiles para este lado, yo siento que tengo una calidad de vida bárbara", añade.

Cae la noche y en los kibbutz reina la incertidumbre. Lo único cierto es que nadie sabe qué va a pasar. "Mañana va a ser seguramente un día muy tenso", especula Jeannette. Este martes es el día de la Tierra, que coincide con la declaratoria de independencia de Israel en el calendario gregoriano. Y eso podría desatar más o nuevos conflictos.

Además, Jeannette menciona que las últimas guerras en Israel han sucedido en verano, estación que está al llegar en ese territorio. "Se viene acercando el verano y a nosotros se nos pone el signo de interrogación de qué es lo que va a pasar y hasta dónde".

Reclama que el mundo "no intenta ayudar" en la franja de Gaza y solo condena las situaciones.

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