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09/02/2017

El Periódico, España- Anna Abella

Una sinfonía del Holocausto




Por Anna Abella



Las notas de Beethoven, Bach, Mozart, Mahler, Schubert... resuenan en cada página de 'Los prisioneros del paraíso' (Galaxia Gutenberg) interpretadas por malogrados compositores, músicos, escritores y artistas que no sobrevivieron a Auschwitz. Nombres como Hans Krasa, Pavel Haas, Viktor Ullmann, Gideon Klein, Rafael Schächter o Víktor Kohn llegaron a los crematorios tras pasar antes por el campo nazi de Terezín (en alemán, Theresienstadt), escenario de la novela que ha orquestado, sustituyendo la batuta por la pluma, el músico Xavier Güell (Barcelona, 1956).

Quiere el también autor de 'La música de la memoria' (donde dio voz a siete compositores clásicos) “rescatar los nombres de esos artistas, auténticos héroes que se enfrentaron a la muerte con una dignidad excepcional” y que formaron parte de los 140.536 judíos que pasaron por Terezín -solo 18.971 adultos y 150 niños sobrevivieron-, en el corazón de Bohemia (hoy República Checa). Un campo que el nazismo convirtió en “una gran farsa para engañar a la comunidad internacional sobre lo que realmente hacían a los judíos ante las presiones y los atroces rumores que crecieron a lo largo de 1943”.

“Entre los presos había gran parte de la 'intelligentsia' judía de la época y los nazis aprovecharon aquel potencial humano para vender una imagen idílica del campo y engañar a la Cruz Roja Internacional durante la visita del 23 de junio de 1944”, explica Güell. Obligaron a los prisioneros -“había entre 45.000 y 50.000 donde solo cabían 5.000 y cada semana morían hasta 150”- a aparentar una vida envidiable para un preso y a montar espectáculos y conciertos. Y los judíos se prestaron a ese “pacto mefistofélico con el diablo para seguir sobreviviendo” porque, mientras duraban los ensayos y representaciones, las deportaciones a Auschwitz (unos 1.000 presos a la semana) se interrumpieron. Significaba ganar tiempo, cada día era una victoria, igual que Sherezade contaba una historia cada noche, mantenían el interés de los nazis por aquella propaganda”.

UNA SÁTIRA DE HITLER

Así, Hans Krasa -quien en la novela Güell lleva a protagonizar una historia de amor con Elisabeth, la mujer del comandante del campo- adaptó su ópera infantil 'Brundibár', que los niños de Terezín representaron hasta 55 veces; Kurt Gerron, que había renunciado a ir a Hollywood, fue obligado a dirigir la película propagandística 'Hitler regala una ciudad a los judíos', de la que solo se conservan fragmentos; Viktor Ullmann compuso la ópera 'El emperador de la Atlántida', cuyo estreno fue abortado, algo que era de esperar pues era una sátira de Hitler. “Retrataba la propia condición de los prisioneros en aquel pretendido paraíso. Era una fábula sobre la imposibilidad de morir que decía que aunque tememos a la muerte, si viviéramos eternamente, conoceríamos de verdad el infierno, como los presos, que aunque estén vivos saben que están muertos”.

El ser humano es el único ser que puede ser sibarita del dolor, el sufrimiento y la crueldad" Güell convierte en personajes a los miembros del consejo judío que regía el campo, "a quienes los nazis dejaban el trabajo sucio de decidir los nombres de los deportados y, por tanto, elegir quién iba a vivir y quién a morir" pero también a Adolf Eichmann, responsable de la Solución final que llevó al Holocausto y presidió aquel escaparate ante la Cruz Roja en Terezín, al comandante del campo, Siegried Seidl, y al sádico doctor Mengele. “Era puro hielo. Él fue el ejemplo de la pasión sin compasión. No tenía humanidad. El ser humano es el único ser que puede ser sibarita del dolor, el sufrimiento y la crueldad”.

“El hombre es el único artista de la crueldad, el único ser que saca placer del sufrimiento ajeno –continúa el autor con vehemencia-. Lo vemos a lo largo de la historia. Esto ni empezó con los nazis ni acabó con ellos. Hoy lo vemos. Vivimos en un mundo de crueldad extraordinaria, de egoísmo que te impide escuchar al otro, de exceso de violencia que te hace insensible, donde el ruido terrible de tu alrededor te impide escuchar tu propia melodía interior, que te permite armonizar con la del universo, entender que formas parte de él junto a todo ser vivo. Y ves cómo el ser humano se equivoca una y otra vez: ¿cómo es posible votar a un tipo como Trump, votar el 'brexit' y no ver una Europa fraterna, votar a una xenófoba absoluta como Marine Le Pen en Francia, que podría llegar al poder?”.

LA "FILOSOFÍA DEL MIEDO"

Se acerca también Güell a la “filosofía del miedo, omnipresente en la Alemania nazi”. “Los grandes industriales temían perder sus empresas durante la república de Weimar, pensaron que Hitler podría traer tranquilidad y le apoyaron, y muchos se arrepintieron después. Sin ellos nunca habría ganado las elecciones de 1930. El barón de la novela, padre de Elisabeth, lo ejemplifica. Son personas cultas, ricas, la élite a la que le disgusta el populismo chirriante del nacionalsocialismo pero cuando se dan cuenta de que han abierto la caja de Pandora y creado un monstruo es demasiado tarde”.

LA CULTURA Y LA INDEPENDENCIA DE CATALUNYA

Y llega el músico al trato actual a la cultura. “Tenemos un Gobierno que no tiene ni idea de que la cultura es la sabia de los pueblos, que estos sin cultura no tienen identidad y, en vez de proteger la cultura, la desprecian. ¿Cómo es posible que no reconozcan ni entiendan las culturas tan diversas y la riqueza cultural que hay en España y en lugar de eso las enfrenten unas con otras? No creo que sea bueno para Catalunya separarse de España pero comprendo que una parte de sus ciudadanos no se sientan representados en ella. Pero creo que la independencia no puede lograrse con un 49 a 51: debe ser un grito mayoritario y ensordecedor porque la fragmentación tiene un precio terrible”, alerta.

Güell reflexiona también en la novela sobre “cómo el arte te ayuda en situaciones límite” y destaca la importancia de “la esperanza, que nunca se termina hasta que acaba el amor”. “Una vida sin pasión no tiene sentido y es lo que te ayuda en situaciones extremas -añade-. El amor es el único instrumento para soportar este mundo, la única vía de salvación”. Y precisa, “Todo ser humano puede amar, pero eso no implica que te amen”. Y termina con un último mensaje: “Por mucho que nos hayamos equivocado nunca es tarde para volver a empezar, como dice la sinfonía nº 2 de Mahler”.

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