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21/01/2019

Catalunya Vanguardista

Un 20 de enero de 1942 tenía lugar la Conferencia de Wannsee.






El 20 de enero de 1942 tenía lugar en Villa Marlier, una mansión guillermina situada en la comarca lacustre de Wannsee, cerca de Berlín (Alemania), una de las reuniones más siniestras de la historia, la «Conferencia de Wannsee», en la cual se diseñó la «solución final» nazi al problema judío: los campos de exterminio y el holocausto. La presidió el SS-Obergruppenführer Reinhard Heydrich.

CV / El antisemitismo había sido uno de los lugares comunes europeos desde los tiempos de la Alta Edad Media. Pero la fobia de los nazis por los judíos no era una simple prolongación psicopatológica de esta obsesión llevada hasta el paroxismo, que también, sino que formaba parte esencial de sus planteamientos ideológicos fundantes. Aparte de una raza inferior, los judíos eran, además, junto con los comunistas, los más conspicuos culpables de la derrota alemana en la I Guerra Mundial, según la teoría de la puñalada por la espalda.

Según la teoría de la puñalada por la espalda los judíos eran, además, junto con los comunistas, los más conspicuos culpables de la derrota alemana en la I Guerra Mundial.

Dicha teoría provenía de la teorización de la línea argumentativa mantenida por el mariscal von Hindenburg durante los procesos de investigación por responsabilidades militares durante la guerra, llevadas a cabo por la República de Weimar. Hindenburg sostuvo ante los comisionados que los ejércitos alemanes no fueron derrotados en el campo de batalla, sino por la «puñalada por la espalda» que le propinaron a la nación alemana los comunistas y los judíos, fomentando el sabotaje, la insurrección y la revolución, que obligó a Alemania a firmar el armisticio.

Era una afirmación delirante donde las hubiera, pero debidamente difundida por los departamentos de agitación propagandística, acabó calando entre buena parte de la población alemana. Para el nazismo, el antisemitismo era una de sus piedras angulares, y así lo expuso Hitler en ‘Mein Kampf’.

Cuando los nazis llegaron al poder en 1933, y aunque la constitución de Weimar siguiera teóricamente en vigor, la violencia contra los judíos empezó a convertirse en algo usual, generalmente a cargo de las Secciones de Asalto nazis, las SA, pero presentadas como manifestaciones espontáneas de ira popular, no como algo orquestado desde el poder.

Pronto empezó también la persecución legal, a través de las leyes que los gobernantes nazis empezaron a promulgar. Al principio consistieron en impedir que los judíos pudieran ser funcionarios, que las empresas propiedad de judíos no pudieran tener contratos con el gobierno, la prohibición de los matrimonios mixtos, la privación de la nacionalidad alemana…

La arbitrariedad de todo esto la expresa muy bien la anécdota de un antiguo profesor de Rudolf Hess -el lugarteniente de Hitler-, que acudió en busca de ayuda de su exalumno. Hess acudió a su vez a Himmler, quien le dio todas las garantías. Extrañado, Hess insistió en la condición de judío de este profesor por el cual intercedía, a lo que Himmler replicó: “Nosotros decidimos quién es y quién no es judío”.

La cosa fue cada vez a más, y al estallar la II Guerra Mundial, los Einzatzgruppen empezaron con las masacres indiscriminadas de judíos en los países ocupados, con mucha frecuencia entusiásticamente ayudados por colaboracionistas de estos países, especialmente lituanos, húngaros, ucranianos… Pero no era todavía un exterminio «planificado». Alemania iba a ganar la guerra muy pronto, y entonces sería la hora de ocuparse seriamente de los judíos.

Pero a finales de 1941 Alemania estaba muy lejos de ganar rápidamente la guerra. Habían sido detenidos en Moscú y ya se veía que la guerra iba para largo, de modo que Himmler, siguiendo las instrucciones de Hitler, puso manos a la obra. Tampoco era cuestión de que los máximos jerifaltes nazis se rebajaran a meticulosidades procedimentales impropias de su cargo, de modo que Himmler delegó en su fiel edecán, Reinhard Heydrich.

En Wannsee se reunieron 15 dirigentes nazis de rango medio-alto, bajo la dirección de Heydrich, que estuvo hablando durante cerca de una hora. Expuso la situación y el «problema» de que hubiera más de 12 millones de judíos en todos los territorios ocupados por Alemania. Se habló incluso de los anteriores proyectos de deportación a Madagascar, una peregrina idea más bien inventada para legitimar su imposibilidad y la necesidad de una «alternativa», de modo que la «alternativa», ya previamente planificada y que solo precisaba de empezar a ejecutarse, fueron los campos de exterminio, el genocidio planificado de todo un pueblo.

Heydrich murió cuatro meses después de la reunión, en mayo de 1942, en un atentado en Praga de la resistencia checoslovaca. En la reunión estuvo presente también el posteriormente famoso Adolf Eichmann, secuestrado en Argentima por el Mosad, llevado a Israel para ser juzgado, y ejecutado en 1962.

La película ‘Conspiracy’ (Frank Pierson, 2001), con Kenneth Branagh como Heydrich y Stanley Tucci como Eeichmann, describe el desarrollo de esta reunión, conocida por las declaraciones de Eichmann durante los interrogatorios posteriores a su detención.

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