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24/05/2018

El Universal, Caracas- por Beatriz W. de Rittigstein

Pretextos inútiles





Desde el 30 de marzo, Hamas puso en práctica una nueva táctica en su guerra contra Israel. Usó el eufemismo de “protestas pacíficas”, cuando en realidad, hubo masas armadas que, en diferentes puntos de la valla fronteriza entre Gaza e Israel, atacaron con granadas y cargas explosivas. Su finalidad vociferada por megáfonos y ratificada en entrevistas televisadas, era penetrar en territorio israelí y causar el mayor daño posible: matar a ciudadanos israelíes.

Se debe tener en cuenta que, pese a la capacidad militar de Israel, ese propósito, en alguna medida, podría concretarse. No obstante, se habla de una indefinida proporcionalidad en el uso de la fuerza. Pero ¿cómo entra en juego la proporcionalidad cuando los terroristas palestinos lanzan hacia Israel cometas con artefactos incendiarios y queman campos cultivados? Esas armas son rudimentarias, pero hicieron gran daño. La desproporción de fuerzas es una excusa cuando las acusaciones no son válidas.

Hay quienes tomaron una falsa postura equitativa y llaman a un diálogo, retomar negociaciones. Por supuesto que, el sentir general israelí es convivir en armonía, pero cabe preguntar: ¿Con quién se puede conversar? En cuanto a Hamas, su razón de ser es la destrucción del Estado judío.

Por otra parte, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó el establecimiento de una comisión investigadora, la cual sería provechosa si fuese objetiva, pero la votación sobre el caso no lo fue. Resulta evidente que países que violan los derechos de sus propios ciudadanos, votaron en contra de Israel, por ejemplo: China, Cuba, Paquistán, Túnez, Arabia Saudita. Otros censores, en el pasado han tenido que hacer frente a graves situaciones y su manejo no fue correcto, como España con la invasión por Ceuta desde distintos países de África y, se debe considerar que no eran jornadas bélicas, sino gente en busca de mejores condiciones de vida. Hubo países como Gran Bretaña y Alemania que se abstuvieron con la pretensión de una absurda neutralidad, la cual no puede existir ante el terrorismo. Así, perdieron la oportunidad de hacer oír sus voces contra ese fenómeno que imperiosamente se tiene que erradicar.

Estos pretextos solo aspiran a promover campañas antiisraelíes, pero no sirven para resolver el desamparo palestino.

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