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11/02/2019

Semanario Hebreo Jai- por Ana Jerozolimski

No nacen siendo terroristas






Arafat Arfaíe, el palestino de Hebron que violó y asesinó a puñaladas el jueves último a la jovencita israelí Ori Ansbacher de 19 años, no nació terrorista. Tampoco Ashraf Na´alwa, el palestino que hace unos meses mató a Kim Levengrod-Yehezkel (29) y Ziv Hajbi (35), sus compañeros de trabajo. Ni los asesinos de tantos civiles israelíes a lo largo de los años. Nadie nace terrorista. Pero todos ellos crecieron en una sociedad en la que se demoniza a Israel, se provoca odio antisemita, se elogia la muerte y se presenta a asesinos como “mártires” y “héroes” cuyos pasos hay que emular. Ese es-trágicamente- el mensaje. Y aunque tenemos clarísimo que no todos en la sociedad palestina lo comparten-sería injusto generalizar-ese es el mensaje que se capta cuando se da a plazas y calles el nombre de asesinos de niños, cuando se “honra” un campamento de verano o un torneo deportivo con el nombre de terroristas y cuando se presenta en términos satánicos a Israel.

Al decir “el mensaje” nos referimos a lo que se desprende de pronunciamientos públicos de los propios líderes y de sus organizaciones centrales, no a algún comentario aislado de un desconocido en las redes sociales.

Sería imposible dar aquí todos los ejemplos. Quizás sea especialmente significativo concentrarnos en lo que transmite el propio Al-Fatah, el grupo del presidente Abbas en la Autoridad Palestina, el que suele ser presentado como “moderado”. Claro que en comparación con los terroristas de Hamas, puede que el adjetivo le vaya bien. Pero en la práctica, entre el discurso público de Fatah y el de Hamas, no hay gran diferencia en cuanto a apoyo a la violencia y el terror.

La organización Palestinian Media Watch, que sigue de cerca desde hace años lo que se publica en los medios y redes sociales palestinas , publicó recientemente un informe especial sobre la línea de Fatah en Facebook a lo largo del 2018. Nos concentraremos aquí en uno de los atentados, el ya mencionado en Barkan, en el que  Ashraf Na'alwa asesinó a dos de sus compañeros de trabajo, Kim y Ziv.

Durante las seis semanas en las que el asesino estaba escondido , la página de Facebook de Fatah era tribuna constante de aliento. “Al requerido Ashraf Na'alwa, Alá de protégé y te cuida. No te abandonará ni de dañará”, decía la página oficial de Fatah en Facebook el 28 de noviembre del 2018. Cuando el terrorista fue baleado de muerte en un enfrentamiento con soldados israelíes que lo estaban buscando, Fatah nuevamente usó su página de Facebook para glorificarlo. En 24 horas publicó siete posts elogiándolo como “héroe”, “mártir” y “leyenda”, asegurando además que había alcanzado “eterninad y gloria”.

Nos imaginamos a un niño palestino con buenos padres que ve eso en la computadora u oye algo al respecto en la radio o televisión palestina, y les pregunta: “¿Qué hizo Ashraf? ¿Por qué hablan tan bien de él?”. ¿Qué le pueden responder padres que quieren que sus hijos crezcan sanos de cuerpo y alma? ¿Cómo pueden padres normales maniobrar con una situación así? Buenos padres no pueden responder “mató judíos”. No, si desean que su hijo crezca con normalidad.

“Los heroicos mártires de la patria cubren el mapa de la patria con su sangre pura, para que Palestina sea liberada y sea árabe…..Los mártires de Palestina viven hoy con Alá”, decía otro de los posts. No hay que ser muy imaginativo para entender qué captan los 150.000 seguidores de la página de Fatah en Facebook: que si uno mata israelíes, puede ser el próximo héroe. Según lo plantea Palestinian Media Watch: “El mensaje es que asesinar israelíes no sólo es deseable sino que es la vía más rápida para conseguir honores y fama, tanto para el terrorista como para toda su familia”.

De fondo también está la constante mentira en la que se educa a una generación entera, haciéndole creer que tuvieron un estado árabe palestino independiente y los judíos se lo robaron para crear Israel. No es cuestión de interpretación, de la supuesta legitimidad que cada uno tenga su visión de la historia. Es algo que históricamente nunca ocurrió. Jamás hubo un Estado palestino independiente. Cuando casi al fin del Mandato Británico en Palestina la ONU recomendó la partición del territorio en un Estado judío y otro árabe, los judíos dijeron que sí y los árabes dijeron que no. Así de simple.

Y ya entonces había terrorismo…y mucho antes de 1967 cuando Israel conquistó Cisjordania y Gaza al repeler los ataques que había sufrido en el frente jordano y el egipcio respectivamente. Terroristas asesinaban civiles israelíes cuando Cisjordania estaba en manos de Jordania y Gaza en manos de Egipto, porque el motor no era territorial sino el rechazo total de los derechos judíos en su tierra ancestral.

Esa deformación histórica, sumado a la multiplicación de los mensajes de odio en los medios y redes de hoy, es una combinación letal.

Entre todos aquellos palestinos que escucharon en los últimos días los reportes sobre lo ocurrido a raíz de la muerte de la jovencita israelí en Jerusalem, difícilmente haya habido uno que sepa la verdad, a menos que escuche las noticias del lado israelí.

Cuando el ejército entró el viernes último a Ramallah por la noche para detener al sospechoso de asesinato que ya había sido identificado, llegó a una mezquita junto a la que se ocultaba. “Este ataque cobarde contra un sitio sagrado, un lugar religioso de oración, sin consideración ninguna por su santidad y valor religioso y espiritual, constituye parte de los diarios ataques contra nuestros santuarios islámicos y cristianos”, declaró el Ministro de Asuntos Religiosos de la Autoridad Palestina Yusuf Ida. Claro que no dijo ni una palabra sobre el asesinato brutal de Ori, sobre el hecho que allí se escondía el asesino y que no fue disparado ni un tiro ya que el terrorista no se opuso a su arresto.

Increíble el tupé.

Y luego, vino el reporte de Al-Hayat Al-Jadida, órgano oficial de la Autoridad Palestina, con una nueva mentira tendenciosa diciendo que la jovencita israelí era “una mujer soldado en el ejército de la ocupación”. Ori era una civil trabajando con jóvenes en situación de riesgo. Y si hubiera sido soldada…¿entonces qué? ¿Entonces habría sido legítimo violarla y apuñalarla varias veces mientras paseaba por el bosque? En la escala de valores de la Autoridad Palestina, parece que sí.

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