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12/07/2018

El Mundo, España- por Ferrán Boiza

Netta como síntoma






El viernes por la noche, Netta actuó en un Teatro Barceló abarrotado por gente tan diversa que apenas tenía en común los pantalones cortos y las ganas de fiesta. Fuera del local, controlados por un discreto despliegue policial, un grupo minúsculo se manifestaba contra la actuación de la ganadora de Eurovisión detrás de una pancarta en la que se podía leer, con grandes letras rosas sobre fondo negro, Queer for Palestine.

El pecado de Netta por el que la repudiaban no es su música, ni siquiera la canción, Toy, con la que ganó el festival, sino por ser de Israel. Homosexuales protestando en Madrid contra un estado, el israelí, que no permite, es cierto, el matrimonio gay, pero que sí tiene en su legislación las uniones civiles entre personas del mismo sexo con derechos similares. Y defendiendo a Palestina, donde ser homosexual es un delito y expresarlo públicamente puede costar muy caro.

Como pedir que el grupúsculo que el viernes se manifestaba en Barceló haya visto la película Shoah, del recientemente fallecido Claude Lanzmann, es mucho, se le puede recomendar el visionado de Out in the dark, película más digerible dirigida en 2012 por Michael Mayer que cuenta la historia de Nimer, un estudiante palestino que inicia una relación con Roy, un abogado israelí. Ahí verán cómo viven los homosexuales en Tel Aviv... y en Gaza.

Aunque lo más grave es que la organización del Orgullo se viera en la obligación hace unos días de emitir un comunicado aclarando que la actuación de Netta no formaba parte de la programación oficial, sino que había sido contratada por un promotor privado, tras una campaña en contra de la cantante a la que se sumó incluso la ex presidenta de la FELGTB, Beatriz Gimeno. Una postura ideológica que debería estar alejada de una celebración inclusiva como el Orgullo.

El riesgo de politización de un acontecimiento que atrae a tantas personas existe, evidentemente, y este año el presidente del Cogam, Jesús Grande, no ha sido capaz de evitarlo. Decidiendo quién podía y no podía asistir a la marcha de ayer, ha convertido en excluyente a un movimiento que nació precisamente para lo contrario, para luchar por la inclusión en la sociedad de las personas que estaban al margen, o que se tenían que ocultar para no estarlo. Igual de heterogéneo y transversal que el público que el viernes fue a ver a Netta es el colectivo homosexual. Querer situarlo en un extremo del arco ideológico es echar tierra sobre años y años de lucha, ahora que se conmemoran las cuatro décadas de la primera manifestación gay en Madrid.

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