Noticias

15/12/2017

Uypress, David Malowany

Nazismo y cristianismo




Uno de los cantos de las juventudes hitlerianas decía: no precisamos de ninguna de las virtudes cristianas.

En la probanza presentada por el Fiscal soviético Román Rudenko en el juicio de Nuremberg (Heydecker- Leeb) se adjuntaron las anotaciones de Hermann Rauschining, presidente del Senado nazi de Danzig. El político confesó que Hitler le habría dicho que libraría a los seres humanos de la sucia, denigrante y venenosa locura llamada "la conciencia y la moral". Alfred Rosenberg, principal ideólogo del nazismo, ajusticiado en Nuremberg, escribió en 1930, en su libro el Mito del Siglo XX:

El nacionalsocialismo, no admite ningún otro centro de fuerzas a su lado, ni el amor cristiano, ni tampoco el humanitarismo de los masones. Tampoco la filosofía romana. Por consiguiente ¡debemos aniquilar definitivamente al amor cristiano! Nuestra historia supuso la desintegración del occidente por causa de los vapores que han caído sobre este en las diversas formas de humanidad, democracia, caridad, humildad y amor.

El Papa católico Pío XII descubrió en el Domingo de Pasión de 1937, en su Encíclica, " Con viva preocupación", lo que era el nacionalsocialismo: la negación de Jesús y de sus enseñanzas. El culto a la violencia, la adoración de la raza, la sangre. La negación de las libertades y de la dignidad humana.

Martín Bormann, secretario privado de Hitler escribió el 7 de junio de 1941 que en la filosofía del nacionalsocialismo no cabe ningún sentimiento de humanidad. En una orden secreta dirigida a todos los Gauleiter, es decir los líderes de zona del partido, expresó que no pueden conciliarse los puntos de vista nacionalsocialistas y los cristianos. Nuestra filosofía esta muy por encima del cristianismo. Bormann señaló: " Cuando en el futuro nuestra juventud deje de oír hablar sobre el cristianismo, este desparecerá. Propuso la redacción de un catecismo nacionalsocialista para crear de este modo el fundamento de la nueva moral y paulatinamente sustituir a la cristiana, unificando alguno de los diez mandamientos con el catecismo nacionalsocialista y añadir otros mandamientos nuevos. Por ejemplo: has de ser valiente, has de mantener pura tu sangre, etc. La Fiesta Germánica debía sustituir a las Navidades y en lugar del bautizo inventaron una nueva ceremonia, el nombramiento.

De 1940 a 1945 fueron internados en Dachau dos mil ochocientos sacerdotes de todas las nacionalidades, entre ellos el obispo de Wladeslawa, que murió allí de tifus. Cuando fue liberado el campo sólo quedaban cuatrocientos ochenta con vida. En el verano del año 1942 estaban internados en ese campo sacerdotes de lengua alemana, de los cuales cuarenta y cinco eran protestantes y el resto católicos. Había también un gran número procedentes de los países ocupados: Holanda, Bélgica, Francia, como el Obispo de Clermont, de Luxemburgo, Eslovenia e Italia. En algunos casos, el odio de esos individuos sin fe a los religiosos, dicen Heydecker y Leeb, llegó al extremo de colocarles coronas de espinas.

En el juicio de Nuremberg declaró el sacerdote Bruno Theek que habló sobre Dachau. Expresó que en dos barracones, previstos en su origen, para albergar a doscientos hombres, habían sido internados tres mil sacerdotes de todas las religiones y de todos los países europeos, en unas condiciones infames e indignas. Muchos sufrieron una muerte infamante.

En un documento que presentó el fiscal Shorey en el juicio de Nuremberg habla de la intervención de la RHSD y de la Gestapo, expresando que uno de sus objetivos era el aniquilamiento y la destrucción de la Iglesia. El 12 de mayo de 1941 se ordenó la vigilancia y el control policíaco de los recintos religiosos. El 22 y 23 de septiembre de 1941, se celebró en la Oficina Central de Seguridad del Reich. una conferencia de los llamados comisarios para asuntos eclesiásticos, que habían sido adscritos a las oficinas de la Gestapo. De las notas tomadas en dicha reunión se lee:

Todos ustedes han de dedicarse a esta labor con verdadero fanatismo y de todo corazón a la principal tarea de enfrentarse siempre y en todo momento con decisión, voluntad y eficaz iniciativa al enemigo que es la Iglesia. Esta no debe recuperar ninguno de los puntos que ya ha perdido. Otro de los objetivos es acusarla de alta traición en la lucha que el pueblo alemán lleva para sobrevivir.

En marcado contraste con la mayoría de los miembros de la Iglesia católica y protestante durante el Holocausto, el presbítero católico de Santa Eudevigis de Berlín, Bernhard Lichtenberg pensó desde el principio, que como sacerdote católico estaba obligado a ayudar a los judíos que estaban siendo despojados de sus derechos civiles y humanos. En agosto de 1938, Lichtenberg, que había sido elegido catedrático [Domprobst] el año anterior, fue puesto a cargo de la Oficina de Asistencia del episcopado de Berlín, que ayudó a muchos católicos de ascendencia judía a emigrar del Tercer Reich.

Impresionado por el pogrom de la Kristallnacht del 9 al 10 de noviembre de 1938, mientras que las iglesias alemanas -incluyendo las disidentes, mantuvieron su silencio, Lichtenberg levantó su voz públicamente y sin temor contra la brutalidad nazi. "Sabemos lo que pasó ayer, no sabemos lo que nos espera mañana. Pero hemos experimentado lo que ha sucedido hoy.

Desde esa noche hasta su detención el 23 de octubre de 1941, continuó orando diariamente desde su púlpito en la catedral de San Hedwig por los judíos, muchos de ellos convertidos al cristianismo así como por las otras víctimas del régimen.

La postura anti-nazi de Lichtenberg y sus continuas protestas contra la persecución de los judíos lo pusieron en conflicto directo con la maquinaria de opresión del estado nacionalsocialista. Dos mujeres estudiantes que lo habían escuchado orar públicamente por los judíos y los presos de los campos de concentración lo denunciaron a la policía. En la búsqueda que la Gestapo llevó a cabo en la casa del Obispo, el 23 de octubre de 1941, encontraron una proclama que Lichtenberg tenía la intención de leer. Esta fue elaborada en respuesta al folleto nazi distribuido por el Ministerio de Propaganda de Goebbels en el que se advertía a los alemanes que no ofrecieran ayuda a los judíos. En la declaración, Lichtenberg escribió: "Una hoja anónima calumniosa contra los judíos se está distribuyendo a las casas de Berlín. No seamos engañados por esta forma de pensar no cristiana, sino que sigamos el estricto mandato de Jesús: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

Durante su interrogatorio, Lichtenberg se negó a retractarse de sus palabras e incluso intensificó aún más sus declaraciones. Cuando se le preguntó acerca de una copia anotada de Mein Kampf encontrada en su poder, declaró que el manifiesto de Hitler, contradecía al cristianismo y él, como sacerdote católico, estaba obligado a oponerse al mismo. También estaba dispuesto a tomar todas las consecuencias que su oposición a las políticas estatales le provocarían:

"Esto es porque rechazo en mi interior la evacuación [deportación de los judíos] con todos sus efectos porque está dirigida contra el mandamiento más importante del cristianismo: "Amarás a tu prójimo tanto como a ti mismo y reconozco al judío también como mi prójimo, que posee un alma inmortal, moldeada según la semejanza de Dios. Sin embargo, como no puedo evitar esta medida gubernamental, me he decidido a acompañar a los judíos convertidos al cristianismo para darles ayuda espiritual. Quisiera aprovechar esta oportunidad para pedir a la Gestapo que me diera esta oportunidad. "

En mayo de 1942, el Tribunal de Primera Instancia de Berlín condenó a Lichtenberg a dos años de prisión por abuso del púlpito y actividad insidiosa [" Heimtücke "] ." Hacia el final de la prisión de dos años, el obispo de Berlín de apellido Prysing, lo visitó en la cárcel de Tegel y le entregó una propuesta de la Gestapo que le permitiría permanecer libre si prometía abstenerse de predicar durante la guerra. Sin embargo, Lichtenberg pidió que se le permitiera acompañar a los judíos convertidos al cristianismo deportados a Lodz para servir allí como su ministro pastoral. Prysing, que estaba profundamente preocupado por el estado de salud de Lichtenberg, trató en vano de disuadirlo de la idea. Frente a la inflexible oposición del sacerdote, el Servicio de Seguridad nazi [SD] ordenó su internamiento en el campo de concentración de Dachau. Mientras esperaba ser deportado, el hombre de 67 años cayó gravemente enfermo y murió el 5 de noviembre de 1943.

El 7 de julio de 2004, Yad Vashem, el centro israelí para la investigación y recordación del holocausto, reconoció a Bernhard Lichtenberg como un Justo entre las Naciones.

  • Comentarios
  • Recomendar nota
  • Imprimir

Secciones