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10/10/2019

Mensaje de Iom Kipur del Presidente de NCI, Claudio Elkan






MENSAJE IOM KIPUR 5780 (2019)

El concierto de tu vida: Educación e Identidad judía

Queridos amigos,

Aconteció cierta vez, quién sabe dónde, que un célebre músico desafiando a la naturaleza tomó su violín y se puso a tocar música clásica … para una vaca.

Una melodía maravillosa se desprendió del instrumento que, paradójicamente, no logró conmover al bovino que siguió pastando sin siquiera levantar la cabeza ni dar señal alguna de respeto al gran maestro.

“No es que no la oiga” -se dijo- “es mi música que no le interesa”. Entonces comenzó a imitar el zumbido de las moscas y el mugido de los terneritos. Y al instante, la vaca paró la oreja y balanceando su cola se acercó al músico para escuchar hasta el final aquellos sonidos que esta vez sí tenían significado para ella.

Mientras las comunidades judías alrededor del mundo nos devanamos los sesos pensando en alguna melodía que nos permita atraer y conservar el INTERÉS de las nuevas generaciones recién salidas de las tnuot noar, mis palabras esta noche irán dirigidas a otros “jóvenes” - como todavía nos gusta creernos a los de MI generación-: a esos que HOY cargamos con la responsabilidad de educar hijos judíos.

Y aunque en realidad, NO SÉ si somos “Jóvenes”, o “Viejos, pero no veteranos” (como nos definió hace apenas unos días Noa, mi hija pre-adolescente, causándome, lo confieso, verdadero espanto-), LO QUE SÍ sé es que somos una generación AUSENTE: AUSENTE de la vida comunitaria, y OMISA en el plano de la vida familiar judía.

Y en ésto de las cadenas generacionales, el tener un “eslabón faltante” constituye un verdadero problema a la hora de asegurar la continuidad de nuestro judaísmo en el Uruguay. YA SÉ que en estas épocas el tiempo apremia, que el trabajo nos agobia en una carrera incesante, que el celular no para de sonar, que es hora de levantarse, que hay que vestir a los nenes, llevarlos a la escuela, buscarlos, coordinar el pool, y después al ballet, al fútbol o al hockey sobre hielo da igual, eso sí, si están invitados a lo de algún amiguito que justo vive del otro lado de Montevideo el programa cambia, y que te busco y que me lo traes, y no te olvides del regalito que hoy además... tienen un cumple… y ya de regreso en casa, que comas, que te laves los dientes, que te pongas el pijama, que te vayas a dormir de una vez que mañana hay escuelaaaa.

Qué S T R E S S !

Y cuando “finalmente” llega el viernes a la noche,.... ya no querés NADA. Los chicos se duermen parados y vos, que ya no encontrás posición, te tumbás en la cama con el control remoto, la bolsa de agua caliente, y ponés ...Netflixxxx.

SABÉS que es shabat, pero si tenés suerte y mandás a tus hijos a la escuela judía y el sábado a la tnuá, CREÉS que al menos tenés ese problema resuelto: HAS LOGRADO TERCERIZAR la construcción de la identidad judía de tus hijos.

Al respecto, el año pasado, en un discurso memorable, Vitali Kohen -presidente de la Integral- señalaba que, “matemáticas, literatura, biología se pueden aprender de buena manera” en muchos colegios. Tener excelentes profesores, “hacer amigos”, “ir de viaje” también es parte de la oferta educativa de otras instituciones… “Pero lo que hace única a la escuela judía” decía, es que “los chicos allí aprenden lo más importante: aprenden a reconocer quienes son”.

Y ésto, que es magnífico y absolutamente cierto, desnuda al mismo tiempo nuestras debilidades como padres. Porque el judaísmo no es una materia escolar.

El judaísmo es una experiencia de vida y su transmisión nos fue encomendada a nosotros, los papás y las mamás…, y así ha funcionado a través de los siglos, y hasta ahora.

Dice la Guemará: “Recuerda a aquel hombre cuyo nombre es Iehoshua Ben Gamla” (Baba batra 21a). Rabí Ioshua Ben Gamla, en el año 64, hace casi 2000 años, es decir mucho antes que José Pedro Varela, instituyó la escuela pública gratuita y obligatoria, como solución PERO para los huérfanos que a falta de padres no tenían acceso al estudio de Torá.

Hoy parece que la realidad se ha invertido, y para muchos de nosotros son el ciclo escolar, esos “asuetos a destiempo” o nuestros propios hijos los encargados de recordarnos que comienza Iom Kipur, un jag, o simplemente que el viernes con las primeras estrellas llegará el shabat.

Los papás pasamos por la escuela pero no dejamos que la escuela entre en casa. Somos el mal ejemplo, y con él educamos.

Porque como suele decir mi mamá, “los niños aprenden lo que viven”. Y cuando no existe consistencia entre lo que decimos y lo que hacemos, cuando nuestra vida es una contradicción permanente con lo que pregonamos, los niños se confunden y eventualmente se rebelan.

Entonces, si amás a tus hijos, y querés que sigan siendo judíos,….como la vaca, pará la oreja, mové el rabo y comprométete a cambiar ALGO en tu diario vivir.

Todos los años, en Rosh Hashaná se abre la ilusión de lo nuevo por venir.

Pero cambiar exige reconocer nuestros errores y responsabilidades, y perdonarnos; liberarnos del pasado para poder encarar el presente y el futuro sin culpas. Ese es el sentido de Iamim Noraim y de Iom Kippur que empieza HOY.

Este año prendé las velas en shabat, poné jalá, estudiá y llevá melodías, aromas, recuerdos y unas palabras de Torá a tu mesa familiar… esa Torá que es el eje que nos une a todas las generaciones desde Sinai, y la base de la cultura de nuestro pueblo y sus valores.

Y recordá que la NCI es también tu casa y la de tus hijos. Aquí se respira y se comparte judaísmo todos los días del año; un judaísmo auténtico que hunde sus raíces en la literatura clásica y la resignifica para la vida del siglo XXI, como mandan nuestros sabios.

“Tradición y cambio” es la fórmula que nos ha permitido sobrevivir como nación a lo largo de la historia. Por todo eso, hace casi 5 años decidí destinar parte del tiempo de alguno de los mejores años de mi vida a la NCI. Para decirle a Dan, a Noa y a Ami que los quiero, y que ÉSTO me importa, nos importa como individuos, como familia y como parte de un pueblo con cuyo destino estamos TODOS comprometidos.

Junto a mis compañeros de Directiva, activistas voluntarios y profesionales conformamos una gran orquesta que suena y seguirá sonando a diario y sin desafinar para quien quiera escucharla, en esta casa, VUESTRA casa.

Los invitamos a sumarse y a hacerse eco de nuestras melodías para alertar a los que no vinieron, a los de mi generación, por ahí pastando distraídos, que el futuro está en nuestras manos, y que como la vaca, se están perdiendo el mejor concierto de su vida.

Que tengamos un año pleno de música que llegue al alma, de compromiso personal, familiar y comunitario.

Que sólo conozcamos alegrías, y que D´s nos bendiga con salud, amor y paz.

Shaná tová

Gmar jatimá tová

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