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02/10/2017

Montevideo Portal, por Ana Jerozolimski

Más allá de los muertos






Lo más común al informarse sobre un atentado, es señalar dónde fue, cuántas víctimas cobró y cómo fue perpetrado. En este sentido, lo esencial al resumir el atentado del martes por la mañana es contar que fue cometido a la entrada de la localidad de Har Adar (un pequeño asentamiento en el así llamado "corredor de Jerusalem") y que tuvo como resultado tres israelíes muertos y un cuarto herido (uno de los muertos era efectivo en la Guardia de Fronteras y los otros dos eran civiles que trabajaban como guardias de seguridad). Esto, además del propio atacante que fue abatido tras disparar diez balas hacia sus víctimas.

Pero hay mucho más por detrás de la información escueta y fría. Y creemos que vale la pena contarlo porque revela aristas no siempre conocidas por el mundo.

1)Los muertos fueron los judíos Salomon Gvaría y Or Arish, y el árabe Yusef Otman, todos ciudadanos israelíes. La primera visita de duelo que realizó el martes el Ministro de Seguridad Interna de Israel Guilad Erdan, fue a la familia Otman en la localidad árabe israelí Abu Ghosh, cerca de Jerusalem. "Vuestro camino será el victorioso", dijo a los padres y hermanos de duelo, en clara referencia a su vida compartida con los judíos, a su deseo de ser plenamente parte de la sociedad israelí. Yusuf estaba trabajando como guardia de seguridad ya como civil, pero antes había servido en la Guardia de Fronteras. Y uno de sus hermanos, que está por enrolarse porque así lo ha pedido, irá a la misma unidad. "Los terroristas no nos disuadirán", declaró el martes, en medio de su dolor.

Es que esa es la ecuación: no judíos contra árabes, sino terroristas contra quienes optan por la vida.

El terrorismo no distingue entre sus víctimas. En la familia Otman lo saben bien: en 1999, uno de los tíos de Yusef, fue uno de los muertos en un atentado suicida en un mercado de Jerusalem, en el que otras 15 personas perdieron la vida al estallar la bomba que no veía identidades ni religiones.

2)En los últimos dos años hubo 450 ataques palestinos de distinta índole contra blancos israelíes. Dos de ellos fueron cometidos por palestinos que tenían permiso de trabajo en Israel. El atentado del martes, fue el tercero de este tipo. El atacante trabajaba desde hace años en la zona, concretamente en el propio asentamiento de Har Adar, donde lo conocían bien. Pero este martes, esperando su turno para entrar por el puesto de seguridad ubicado en uno de los accesos al lugar, como siempre, sacó un arma y disparó.

Con ello puso en riesgo a los más de 100 mil palestinos de Cisjordania que tienen permiso emitido por Israel de trabajar dentro del país, un elemento clave para la manutención de sus hogares. (Unos 72 mil trabajan en el territorio de Israel propiamente dicho, el Israel soberano, y otros 36 mil en los asentamientos. A ellos se agregan más de 30 mil que no tienen permiso formal pero pasan ilegalmente todos los días a trabajar). A raíz del atentado, se oyen voces en la arena política, de quienes llaman a cancelar los permisos, en una mezcla de medida punitiva y expresión de desconfianza.

Es interesante que el primer interesado en que los palestinos puedan continuar trabajando en Israel, es el propio ejército, son los propios servicios de seguridad de Israel, convencidos de que cuando la gente tiene trabajo y puede mantener con dignidad a su familia, eso aporta a la estabilidad en el terreno. La decisión definitiva la tomará el Ministro de Defensa. Pero la recomendación del sistema de seguridad será continuar con la política que procura hacer el máximo esfuerzo por distinguir entre los terroristas y quienes les apoyan, y por otro lado la población común y corriente que simplemente quiere trabajar y volver a casa en paz.

3)El excelente cronista de asuntos palestinos del Canal 2 de la televisión israelí Ohad Hemo, transmitió este miércoles en el noticiero de la noche, un reportaje especial desde el puesto de Kalandia, al noreste de Jerusalem, uno de los principales puntos de acceso desde la zona de Ramallah a la capital israelí, por donde pasan numerosos palestinos diariamente a trabajar en Israel. No hubo ni uno entre los que entrevistó, que apoyara el atentado.

Cabe suponer que más de uno tiene sus duras quejas contra Israel y no pocas críticas. Pero todos los que él entrevistó destacaban que la violencia les perjudica a ellos mismos, no conduce a nada y pone en riesgo su trabajo. "Hamas tiene otra cabeza", dijo uno de ellos en referencia a los aplausos de Hamas desde Gaza al atentado. "Nosotros queremos trabajar".

4)Y no es casual el interés de trabajar en Israel. No se trata de una mera cuestión de proximidad geográfica. Israel es el segundo empleador de trabajadores palestinos, después de la propia Autoridad Palestina. Y las condiciones de las que gozan los trabajadores en Israel son incomparablemente mejores que las que tienen de su propio lado. Según detalló el ya citado Ohad Hemo, el promedio de jornal diario de un palestino empleado por palestinos dentro de la propia Cisjordania es de aproximadamente 90 shekel (unos 25 dólares), mientras que en Israel, el promedio es de 200 shekel por día (unos 57 dólares). Los trabajadores palestinos en Israel tienen derecho a todos los beneficios legales que deben darse a cualquier obrero y están amparados por la protección de la Histadrut, la Confederación General de Trabajadores de Israel.

5)Una pregunta bastante lógica, tras esta explicación, es por qué se convertirá en asesino un hombre que tiene trabajo ordenado para mantener a su familia. Un hombre casado, padre de cuatro hijos, de 37 años, como era el atacante, Nimer Jamal, no es el perfil típico de terrorista. Podría haberse radicalizado desde un punto de vista religioso, expuesto a la incitación en las redes sociales y medios palestinos contra Israel. Pero aunque se informó que había peregrinado recientemente a La Meca-un precepto que todo musulmán observante debe cumplir al menos una vez en la vida- y aunque se había acercado a la religión, la explicación radica al parecer en otro lado.

El trasfondo era una serie de problemas personales con los que lidiaba en los últimos tiempos. Según reveló el Shin Bet, el servicio de seguridad de Israel , de acuerdo a su investigación preliminar, el hombre -que no tenía antecedentes desde un punto de vista de seguridad- tenía problemas de violencia doméstica. Su esposa se habría escapado de la casa hace poco, viajando a Jordania, dejándolo a él con los hijos de ambos en su casa.

Si bien es una interpretación en base a los datos recabados y evidentemente a él ya no se le puede preguntar al respecto, no sería esta la primera vez en que un palestino comete un atentado en circunstancias en las que al parecer estima que no saldrá vivo, para lidiar así con sus problemas personales o escaparse de ellos.

Lior Ackerman, que años atrás fue una figura destacada en el Shin Bet, analiza: "Saben que si mueren, se salvan de los problemas que los acosan y encima los presentan como héroes y si sólo resultan heridos y van presos, reciben beneficios de la Autoridad Palestina y la sociedad los ve como reyes". Y agrega: "El problema es que en el medio, siempre estamos nosotros".

Claro que gran parte de la explicación deriva de un concepto más que problemático existente hoy en la sociedad palestina: la legitimidad que se da a la violencia contra Israel y la visión de quienes cometen atentados , como héroes que luego son presentados como ejemplos a seguir en la calle palestina. Nunca se puede generalizar, sería injusto hacerlo, pero es un hecho que el fenómeno existe. El que la Autoridad Palestina pague una suma mensual a los palestinos presos por haber lanzado atentados, dando más dinero a quienes mataron, es un terrible ejemplo de ello. También lo es la denominación de plazas y campamentos infantiles en memoria de quienes cometieron terribles atentados mortales contra civiles israelíes.

Esto nos recuerda una visita a Gaza años atrás, enero del 2004. Pocos días antes había sido cometido un atentado en el puesto de Erez entre Israel y la Franja, con el cruento saldo de cinco muertos y 12 heridos. Era el lugar por el cual pasaban los palestinos que salían de Gaza a trabajar en territorio israelí. La bomba, de gran potencia, había sido detonada por Rim a-Riashi, de tan solo 21 años. Era madre de dos hijos pequeños.

Fuimos a la casa de su familia. Recordamos el silencio, el tenso silencio. Sus hermanos sólo nos decían: "Ella amaba la vida, amaba a sus hijos. Nunca habría querido hacer algo así". Lo demás, lo intuíamos, ellos no lo podían decir explícitamente. Y luego, fuentes israelíes lo dijeron: Hamas la había enviado a cometer el atentado, "limpiando" así su honor, por un romance extramatrimonial que había tenido. Cínico uso de los terroristas, de una compleja situación personal.

Al parecer, a Nimer Jamal no lo mandó nadie. Se estima que fue su compleja situación personal lo que lo llevó a tratar de "resolverlo". Es increíble que para algunos, salir a matar israelíes, sea visto como una mágica solución.

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