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12/05/2017

Aish Latino- por Rav. Benjamin Blech

Lag B'Omer: La diferencia entre amor y respeto





Lag B’Omer es una festividad judía que acontece en el día número 33 de la cuenta del Ómer (los días entre Pésaj y Shavuot). Marca el día en que terminó una terrible plaga que causó la muerte de 24.000 estudiantes de Rabí Akiva.

Los estudiantes de Rabí Akiva que murieron eran probablemente gigantes intelectuales. Sin dudas absorbieron la sabiduría de su maestro, pero fueron culpables de un error moral imposible de obviar, particularmente entre quienes el pueblo judío vería como sus ejemplos. Su transgresión, nos dice el Talmud, fue que “no se respetaban mutuamente”.

Durante muchos años estudié esa sección con un gran interés. Me conmovía profundamente su implicancia: el conocimiento, por sí solo, no establece nuestra rectitud. La erudición sin fineza de carácter no merece misericordia. Los estudiantes de Rabí Akiva fallaron en su misión en este mundo, y fueron llevados antes de tiempo para servir de advertencia espiritual para siempre.

Pero había una cosa que me molestaba profundamente. ¿Cómo fue posible que esos brillantes discípulos de Rabí Akiva hubieran violado precisamente el precepto que su maestro consideraba la esencia del judaísmo? Después de todo, fue nada menos que Rabí Akiva quien osadamente eligió “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18) entre las 613 mitzvot como el punto fundamental de toda la Torá. ¿Cómo pudieron sus estudiantes ser quienes ignoraron el mensaje principal de las enseñanzas espirituales de su maestro?

Rabí Akiva debe haber hecho de amar al prójimo la esencia de sus enseñanzas. Y a pesar de eso, fueron precisamente sus alumnos quienes no se respetaron los unos a los otros.

No entendía… hasta que descubrí la diferencia entre los dos ideales de amor y respeto, y cómo el énfasis en el primero no asegura el cumplimiento del segundo.

Fue una mujer de mi comunidad que vino a hablar sobre su profundo deseo de divorciarse de su marido. “Pero yo sé”, traté de disuadirla, “que él te ama mucho”.

“Ya lo sé,” me dijo. “Él también me lo dice, y yo le creo. El problema es que me ama, pero no me respeta. Y eso es algo con lo que no puedo ni quiero vivir por el resto de mi vida”.

El amor y el respeto, por más que los relacionemos, no son para nada lo mismo.

El secreto del matrimonio: protégela como a una hija, ámala como a una esposa y respétala como a tu madre.

Uno de los consejos más profundos para parejas recién casadas es dado por un prominente experto en el área, quien dice: “No es falta de amor, sino falta de respeto, lo que hace que los matrimonios sean infelices”. Hace años, en las Cataratas del Niágara, vi un hermoso souvenir para recién casados que expresaba la misma idea con las siguientes palabras: “El secreto del matrimonio: protégela como a una hija, ámala como a una esposa y respétala como a tu madre”.

El amor y el respeto son los dos aspectos más importantes no sólo del matrimonio, sino también del vínculo con los hijos y de cualquier otra relación importante. Peter Gray, un científico que ha dirigido y publicado varias investigaciones en neuroendocrinología, desarrollo psicológico, antropología y educación, lo expresa así: “El amor sin respeto es peligroso; puede destruir a la otra persona, en ocasiones literalmente. Respetar es entender que la otra persona no eres tú, ni una extensión de ti, ni un reflejo de ti, ni tu juguete, ni tu mascota, ni tu objeto. En una relación de respeto, tu obligación es entender a la otra persona como un individuo único, aprender a engranar tus necesidades con las de ella y ayudarla a lograr lo que quiera lograr. Tu tarea no es ni controlar a la otra persona ni tratar de cambiarla en un sentido que tú deseas y ella no. Creo que esto aplica tanto a una relación padre-hijo como esposo-esposa”.

Quizás el área en que más se evidencia la diferencia entre el amor y el respeto es en uno mismo. El mandamiento mismo dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, porque se asume que las personas tienen amor propio; ¿quién no se ama y quiere hacer todo lo posible por sí mismo? Sin embargo, el respeto a uno mismo es un ideal por lo general deficiente, particularmente entre quienes dicen que aman perseguir todo lo que les traiga felicidad.

Así que después de todo los Beatles estaban equivocados. Amor no es lo único que necesitas. Enamorarse es algo que ocurre, pero el respeto es algo que se gana. El amor es una emoción, mientras que el respeto es una actitud. El amor es atracción, el respeto es conexión.

Es fascinante que la Torá no nos haya ordenado amar a nuestros padres. Nos dijo que los honremos y respetemos. El amor puede adorar sin razón. El respeto suma valor y estima a la ecuación. Viste al amor con prendas de admiración, aprobación y aprecio.

Los estudiantes de Rabí Akiva deben haber reconocido el requisito religioso, tan enfatizado por su maestro, de amar al prójimo. Quizás hasta verbalizaban afecto y voluntad de ayudar a sus colegas cuando era necesario. Sin embargo, donde fallaron fue en vivir sus vidas con respeto mutuo, porque no entendieron que ese era el nivel siguiente que su rabino quería que dominaran, ya que era parte de su crecimiento espiritual.

Durante 32 días murieron estudiantes. El número 32, escrito en hebreo, tiene una importancia especial: deletrea la palabra lev, corazón. El corazón es la fuente del amor. Sin embargo el amor solo, sin respeto, morirá. Como lo hicieron los estudiantes hasta el día posterior a ese número. La plaga terminó en el día 33, respetado como Lag B’Omer. Si Dios quiere podremos aprender del profundo mensaje de la festividad que el respeto es necesario para completar al amor.

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