Noticias

09/09/2019

La señal del judoka iraní






Semanario Hebreo Jai- por Ana Jerozolimski

Entre el valiente judoka iraní y la patética trayectoria de odio

Esta historia termina, por ahora al menos, con una señal de esperanza, con un judoka iraní felicitando a un israelí por su victoria y recibiendo como cálida respuesta palabras de aliento y aprecio en lo profesional y personal. Cuando de fondo hay tambores de guerra e Irán continúa proclamando que su deseo es eliminar a Israel, ese intercambio es una bocanada de aire fresco.

"Felicitaciones campeón”, escribió Saeid Mollaei en Instagram a Sagi Muki, tras su consagración como campeón en el campeonato mundial en Tokio, en la categoría hasta 81 kilos. El israelí le respondió enseguida: “Gracias. Tú eres una inspiración, como ser humano y como atleta”.

De fondo hay un verdadero drama, no el primero por cierto cuando se trata de falta de libertad en la República Islámica, donde nació el joven judoka que pensó podría defender su título de campeón mundial representando a su país.

Mientras Saeid trataba de concentrarse en avanzar en Tokio y lograr la medalla de oro con la que también habría podido clasificarse a los Juegos Olímpicos del año próximo, fuerzas oscuras tenían otro plan. Las autoridades del Comité Olímpico de Irán y del Ministerio de Deportes, lo llamaron directamente para aclararle que no debe ganar la semifinal, para evitar la posibilidad de enfrentarse en el partido siguiente a Sagi Muki.

En la Federación Internacional de Judo (FIJ) ya se habían hecho ilusiones que en el campeonato mundial, quedaría confirmado que el espíritu deportivo derrota a la política, y que dos grandes judokas, uno iraní y otro israelí, se enfrentarían en paz.

Pero la situación fue otra totalmente distinta.

La Federación Internacional de Judo confirmó oficialmente que Mollaei había sido presionado por el Vice Ministro de Deportes de Irán Davar Zani y por el Presidente del Comité Olímpico de Irán Reza Salehi Amiri. Este último le dijo al judoka, minutos antes de comenzar la semifinal, que los servicios de seguridad estaban en ese momento en la casa de sus padres en Teherán.

Según la propia Federación Internacional de Judo, un funcionario de la embajada de Irán en Japón simuló ser uno de los entrenadores y logró acceder así a la zona restringida para presionar directamente a Mollaei y recordarle que debe perder.

“Di sólo el 10% de mi capacidad, porque no podía violar la ley de mi país”, declaró luego el judoka. “Por la ley en mi país, se me obligó a no enfrentarme a mi oponente israelí. Me dijeron que esa es la ley y que quienes no la cumplen, es seguro que tendrán problemas”.

La FIJ ha apoyado firmemente a Mollaei, le dijeron que podrá competir en la delegación de “refugiados”, sin el emblema de su país,o que se hallará otra solución, para que pueda seguir buscando la realización de su sueño llegando a los Juegos Olímpicos de Tokyo el año próximo. El Presidente Marius Vizer- al que Irán acusó de tener “vínculos con el régimen sionista” por su defensa del judoka – informó que convocaría a las autoridades para decidir si castigar a la Federación Iraní de Judo por las presiones a Mollaei.

No es la primera vez que ocurre algo así. Han sido numerosos los atletas iraníes a los que se ordenó perder para evitar enfrentarse a oponentes israelíes. Un caso especialmente recordado, del 2017, es el del luchador Alireza Karimi, cuyo entrenador fue filmado cuando le gritaba “Alireza, debes perder, el israelí ganó”.

Patético.

El boicot a deportistas israelíes no comenzó con el que Irán quiso imponer a Mollaei, ni con la actitud del judoka egipcio que rehusó saludar a Sagi Muki al perder la semi final. Se enfrentó, pero se negó a darle la mano al terminar. Tampoco con el judoka egipcio Islam al-Shehaby que rehusó saludar al israelí Ori Sasson en los juegos de Rio de Janeiro. Ni con las limitaciones al judoka Tal Flicker que en el 2017 cuando ganó el Gran Slam de Abu Dhabi, tuvo que subir al podio y cantar solo el Hatikva porque los anfitriones se negaron a transmitir su música. Tampoco hubo allí bandera de Israel sino de la Federación Internacional de Judo, tanto en el podio como en el traje de Tal. Al año siguiente, todo fue diferente. Fue también Sagi Muki allí el protagonista, cuando le tocó a él ganar el oro en Abu Dhabi y pudo sí competir con su bandera, verla izada sobre el podio y escuchar el Hatikva.

¿Qué pasó? ¿Por qué el cambio?

Si bien hay paulatinamente un cambio en la relación de países del Golfo hacia Israel, el cambio principal deriva del hecho que la Federación internacional de Judo dejó en claro que si no pueden competir todos en igualdad de condiciones, Abu Dhabi no será el anfitrión.

El odio y la discriminación triunfan, cuando se les permite actuar. Hay que saber frenarlos, no permitirles libertad. Deben ser los discriminadores los encerrados, no los que quieren competir en libertad.

Mencionamos antes dos ejemplos de judokas egipcios que no quisieron saludar a los israelíes. Egipcios…del primer país árabe que firmó la paz con Israel. Una paz de la que Egipto se ha beneficiado enormemente. Y eso ocurre porque el odio difundido durante décadas, la incitación y demonización de Israel en todo el mundo árabe, también en los países que ahora tienen acuerdo de paz (Egipto y Jordania), no desaparecen porque se firme un papel.

La paz se construye desde abajo y el mundo árabe tiene mucho para mejorar al respecto

Secciones